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lunes, 5 de enero de 2009

Epifanía del Señor

“ENCONTRARÁN A UN NIÑO ENVUELTO EN PAÑALES Y ACOSTADO EN UN PESEBRE” (Lc 2,12b)

a.- Is. 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti.
b.- Ef. 3, 2-3. 5-6: También los gentiles son coherederos.
c.- Mt. 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey.
d.- Isabel de la Trinidad: “He visto brillar la estrella luminosa…la voz del ángel me dijo: Recógete, es en tu alma donde el misterio se ha cumplido. Jesús, esplendor del Padre, se ha encarnado en ti. Con la Virgen Madre estrecha a tu Amado, El es tuyo” (P. 86 Navidad de 1902).

La Epifanía es la manifestación de Dios a todos los pueblos de la tierra. Es la fiesta de los Reyes, la Epifanía del Señor; la universalidad de la salvación para todos los hombres y naciones. Fiesta que pasó a la iglesia latina en el s. IV desde la iglesia de Oriente.
Isaías, nos presenta su visión de apertura de la salvación más allá de las fronteras de Israel. La gloria de Dios se manifiesta sobre Jerusalén, lugar de reunión de todos los pueblos. Son los magos de Oriente quienes hoy representan a todos esas naciones paganas llamadas a la fe, guiados por una estrella, vienen a adorar al rey de los judíos. Se cumple en Cristo, la palabra de Isaías, también los pueblos paganos pueden recibir el cumplimiento de las promesas hechas a Israel.
Pablo, ha sido constituido en ministro del misterio de Cristo Jesús, por medio de la revelación hecha camino a Damasco: también los gentiles están llamados a la salvación, más aún, coherederos, miembros del cuerpo y partícipes de la promesa en Cristo por medio del Evangelio (cfr. Gál. 3, 6). Es la gran noticia de Pablo al mundo gentil: el Evangelio es también para los no judíos, también ellos pueden ser discípulos de Cristo si lo aceptan en su vida. Esta noticia es tan actual como por primera vez la comunica y escribe el apóstol: Cristo está vivo y sigue convocando a su Iglesia a todos los hombres de la tierra. Oírla vale la pena porque está abierta la posibilidad cierta que el hombre de hoy encuentre la felicidad que tanto ansía, los valores perenne que dan sentido a su existencia…
El evangelio nos presenta a estos sabios de Oriente preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Vimos su estrella en Oriente y venimos adorarle” (Mt. 2, 1-2). Llama la atención que sean paganos quienes vengan a adorar al Niño Dios, pero no es el único ejemplo en la Biblia: Balaam anuncia la estrella de Jacob y el cetro de Israel (Nm. 24,17) y la reina de Saba viene a conocer la sabiduría de Salomón (1Re.10). Pero si esto nos llama la atención, la fe de los magos y de los pastores, más extraña es la falta de fe del pueblo elegido, las autoridades religiosas, Herodes, etc. La luz de la Epifanía brilla sobre las tinieblas de la falta de fe.
Si nos preguntaran: ¿Dónde está tu Dios? ¿Cuál sería nuestra respuesta? Ellos, los sabios, preguntaron y se pusieron en camino en busca del mesías-rey. ¿Qué encontraron? Un Niño en brazos de su madre. El ambiente era humilde y pobre, sin embargo, lo homenajearon como hombre y como rey. Los maestros de la Ley de Jerusalén sabían donde iba a nacer, en Belén, pero no fueron en su busca y cuando se manifestó a Israel, tampoco le creyeron. ¿Cuál es la imagen que presentamos de Jesús al que lo busca hoy, como los sabios de Oriente? Ideas acerca de Cristo, conceptos fríos, devociones…El hombre de hoy quiere un contacto real, vivo palpable con Jesús de Nazaret. No sea que, en lugar de ser un testimonio de Cristo nuestra vida, sea todo lo contrario, una velación o desfiguración de la revelación hecha por Jesucristo (cfr. GS 19). Seamos como la estrella que guíe a los hombres hacia el Señor, tienda de encuentro y no de dispersión.
Si nuestra existencia cristiana no es manifestación de un Cristo vivo, entonces todas nuestras celebraciones litúrgicas, son culto vacío, puro ritualismo sin el sentido profundo del misterio del Dios hecho Hombre. La vida del cristiano debe ser una continua manifestación del misterio de Dios hecho carne por nosotros. A los cristianos se nos confió el Evangelio y su predicación, se confió la comunidad eclesial, recinto donde se encuentra a Dios vivo en la celebración de los misterios de la fe, a nosotros se nos confió la misión de anunciar el Kerigma a los hombres de todos los tiempos. El discípulo es imagen de Dios y lugar de encuentro para el que no cree, pero busca a Dios.
Los discípulos son sal, luz, levadura para la comunidad y la humanidad, si dejan de serlo: ¿Dónde encontrarán los hombres los signos visibles de Dios si no es en ellos? Si dejamos de ser luz, sal y levadura, los hombres no encontrarán nada y se volverán cada uno por su camino desesperanzados, defraudados de los cristianos y del Dios nuestro. Sólo el dinamismo del testimonio de los discípulos de Cristo hace visible a Dios en nuestra sociedad y teniendo claro que los valores del reino: justicia, verdad, amor, paz, reconciliación, etc. son el mejor patrimonio del testigo a la hora de querer evangelizar. Ser profetas de lo invisible y de Jesucristo el Señor nos convierte en embajadores del Evangelio para los hombres de hoy.
Queda latente la pregunta: ¿Soy manifestación de Dios para la sociedad en la que vivo? ¿Encontrarán los sabios de este mundo en mi testimonio, una sabiduría mayor que los guía a Dios? El autentico discípulo siempre es manifestación de Dios vivo, hoy con rostro de Niño adorable: un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado (Is. 9, 5). De la luz de su mirada que se releja en los nuestros, pende todo testimonio que de ÉL podamos dar hoy.
Isabel de la Trinidad nos exhorta a hacer nuestro el misterio celebrado: hemos visto nacer su estrella en el firmamento de nuestra fe ahora abrazar el misterio es descubrirlo en lo interior de nuestras existencias iluminándolas, pero sobre todo amándonos. Luz y calor en lo interior vida nueva en todo nuestro ser.

P. Julio Gonzalez Carretti OCD

sábado, 27 de diciembre de 2008

REGALOS DE JESUS

“Nos ha nacido el Salvador, el Mesías el Señor”
Te regalo
A mi Santísima Madre, para que sea tu Madre.

Mi alegría para que tengas una fuente inagotable de paz.

Mis fuerzas para que te sostengas en tu cansancio cuando sirvas a los demás.

La quietud de la noche bendita de mi nacimiento para que llenes tu alma de paz.

Mis ojos para que con ellos puedas dar una nueva mirada a este universo que puse a tu servicio.

Mi caridad para que sientas el anhelo de trabajar por los desposeídos y de compartir tu pan con los hambrientos.

Mi amor para que lleno tu corazón de él, puedas prodigarte a los demás.

Mi paz para que con tu buena voluntad des gloria a Dios.

Mi humildad para que desde tu condición de hombre, estés dispuesto a crecer y superarte.

La mula del establo para que calientes con tu fervor.

Mi sencillez para que puedas llegar al Reino de los Cielos.

La serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar y mi valentía para cambiar las que puedo.

Mis ángeles para que te enseñen a ser mensajero de paz.

Las caricias de mis manos para que te consuelen y alienten.

Las lágrimas de mi madre como bálsamo de tus penas. Me quedo contigo.

La miel que llevaron los pastores para que endulces la vida de los tuyos con cariño y generosidad.

Mi humildad para engrandecerte.

Mi estrella para que te muestre el camino que a mí conduce.

La música para que como ella alegra, tu también logres dar gozo a los demás.

Mis lágrimas para que laves con ellas tus pecados.

La luz de mi mirada para que guíe tus pasos.

Mi misericordia para que con ella juzgues a tus hermanos.

Mi alegría para que con ella contagies al mundo.

Mi ternura para que con ella sirvas a los pequeños y a los necesitados.

Mis manos para que con ellas construyas mi Reino.

Mi amistad para que en ella te apoyes.

Mi paz para que la contagies a todos los que crucen en tu camino.

Como la estrella iluminó el camino de los reyes, recibe la luz de mi amor para que la irradies a los demás.

Mi hombro que sostuvo la cruz del pecado de la humanidad para que te ayude a cargar tu cruz.

Mi pesebre para que en él repose tu corazón.

El perdón para que como un bálsamo sane el rencor y cada ofensa que guardes en tu corazón y así en paz contigo mismo me ofrezcas lo mejor de ti.

Mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.

El sol para que así como él alumbra al mundo, alumbres tú la vida de tu familia y tus amigos.

Mis pies para que te guíen por el camino de la verdad.

Mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.Te regalo mi boca para que con ella denuncies la injusticia.

Mis llagas para que te conforten en tu dolor y crezca en ti la esperanza.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad 2008

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

martes, 23 de diciembre de 2008

Ante el misterio de Navidad

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto

Amor del Dios cercano

¿Qué es verdaderamente la Navidad para nosotros, los cristianos? Tal vez ustedes me respondan que son los días de la ternura, de la alegría, de la familia. Pero yo, entonces, volvería a preguntarles: ¿Por qué en estos días nuestra alma se alegra, por qué se llena de ternura nuestro corazón? La respuesta la sabemos todos, aunque con frecuencia no la vivamos.

Yo diría que la Navidad es la prueba, repetida todos los años, de dos realidades formidables: que Dios está cerca de nosotros, y que nos ama.

Nuestro mundo moderno no es precisamente el más capacitado para entender esta cercanía de Dios. Decimos tantas veces que Dios está lejos, que nos ha abandonado, que nos sentimos solos... Parece que Dios fuera un padre que se marchó a los cielos y que vive allí muy bien, mientras sus hijos sangran en la tierra.

Pero la Navidad demuestra que eso no es cierto. Al contrario. El verdadero Dios no es alguien tonante y lejano, perdido en su propia grandeza, despreocupado del abandono de sus hijos. Es alguien que abandonó él mismo los cielos para estar entre nosotros, ser como nosotros, vivir como nosotros, sufrir y morir como nosotros. Éste es el Dios de los cristianos. No alguien que de puro grande no nos quepa en nuestro corazón. Sino alguien que se hizo pequeño para poder estar entre nosotros. Éste es el mismo centro de nuestra fe.

¿Y por qué bajó de los cielos? Porque nos ama. Todo el que ama quiere estar cerca de la persona amada. Si pudiera no se alejaría ni un momento de ella. Viaja, si es necesario, para estar con ella. Quiere vivir en su misma casa, lo más cerca posible. Así Dios. Siendo, como es, el infinitamente otro, quiso ser el infinitamente nuestro. Siendo la omnipotencia, compartió nuestra debilidad. Siendo el eterno, se hizo temporal.

Y, si esto es así, ¿por qué los hombres no percibimos su presencia, por qué no sentimos su amor? Porque no estamos lo suficientemente atentos y despiertos. ¿Se han dado ustedes cuenta de que con los fenómenos de la naturaleza nos ocurre algo parecido? Oímos el trueno, la tormenta. Llegamos a escuchar la lluvia y el aguacero. Pero la nieve sólo se percibe si uno se asoma a la ventana. Cae la nieve sobre el mundo y es silenciosa, callada, como el amor de Dios. Y nadie negará la caída de la nieve porque no la haya oído.

Así ocurre con el amor de Dios: que cae incesantemente sobre el mundo sin que lo escuchemos, sin que lo percibamos. Hay que abrir mucho los ojos del alma para enterarse. Porque, efectivamente, como dice un salmo «la misericordia de Dios llena la tierra», cubre las almas con su incesante nevada de amor.

Navidad es la gran prueba. En estos días ese amor de Dios se hace visible en un portal. Ojalá se haga también visible en nuestras almas. Ojalá en estos días la nevada de Dios, la paz de Dios, la ternura de Dios, la alegría de Dios, descienda sobre todos nosotros como descendió hace dos mil años sobre un pesebre en la ciudad de Belén.

Pues bien: la Navidad es como el tiempo en el que esa misericordia de Dios se reduplica sobre el mundo y sobre nuestras cabezas. Es como si, al darnos a su Hijo, nos amase el doble que de ordinario. Durante estos días de Navidad, todos los que tienen los ojos bien abiertos se vuelven más niños porque es como si fuesen redobladamente hijos y como si Dios fuera en estos días el doble de Padre.

Pero ¿cuántos se dan cuenta de ello? ¿Cuántos están tan distraídos con las fiestas familiares que en estos días no se acuerdan de su alma?... Por eso yo quisiera invitarles, amigos míos, a abrir sus ventanas y sus ojos, a descubrir la maravilla de que Dios nos ama tanto que se vuelva uno de nosotros. Y que vivan ustedes estos días de asombro en asombro. Que se hagan ustedes las grandes preguntas que hay que hacerse estos días y que descubran que cada respuesta es más asombrosa que la anterior.

La primera pregunta es:

¿Qué pasa realmente estos días? Y la respuesta es que Alguien muy importante viene a visitarnos.

¿Quién es el que viene? Nada menos que el Creador del mundo, el autor de las estrellas y de toda carne.

¿Y cómo viene? Viene hecho carne, hecho pobreza, convertido en un bebé como los nuestros.

¿A qué viene? Viene a salvarnos, a devolvernos la alegría, a darnos nuevas razones para vivir y para esperar.

¿Para quién viene? Viene para todos, viene para el pueblo, para los más humildes, para cuantos quieran abrirle el corazón.

¿En qué lugar viene? En el más humilde y sencillo de la tierra, en aquél donde menos se le podía esperar.

¿Y por qué viene? Sólo por una razón: porque nos ama, porque quiere estar con nosotros.

Y la última pregunta, tal vez la más dolorosa:

¿Y cuáles serán los resultados de su venida? Los que nosotros queramos. Pasará a nuestro lado si no sabemos verle. Crecerá dentro de nosotros si le acogemos.

Dejad, amigos míos, que crezcan estas preguntas dentro de vuestro corazón y sentiréis deseos de llorar de alegría. Y descubriréis que no hay gozo mayor que el de sabernos amados, cuando quien nos ama —!y tanto!— es nada menos que el mismo Dios.

Padre José Luis Martín Descalzo

lunes, 22 de diciembre de 2008

Ante el misterio de Navidad

"Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en el cree no se pierda más tenga la VIDA ETERNA." ~Juan 3:16~



Asombro y ternura

Dos palabras me parecen inevitables siempre que se habla de la Navidad: asombro y locura. Asombro por parte de nosotros, los creyentes. Locura, por parte de Dios. Dos palabras que van más allá de la simple ternura.

Porque tal vez hayamos reblandecido la Navidad a base de ternurismos. La sonrisa, la ingenuidad, la ternura, son partes inevitables de la Navidad. Pero la Navidad, que es eso, es también mucho más. Buenos son los turrones, los champagnes, las serpentinas y los nacimientos. Buenos, siempre que no se queden en frivolidad superficial y en simple ternurismo.
Porque la Navidad es un tiempo dulcísimo, pero también tremendo, como tremendo es eso de que Dios se haga uno entre nosotros, que Dios haya querido no sólo parecerse, sino ser también un bebé.

Hay un verso de Góngora que a mí me impresiona siempre y en el que el poeta defiende que el día de Belén es más importante que el del Calvario, porque, dice el poeta: «hay mayor distancia de Dios a hombre, que de hombre a muerto».

Efectivamente, el gran salto de Dios se produjo en Belén, su gran descenso hacia nosotros. Y nuestra gran subida. Porque «si Dios se ha hecho hombre, ser hombre es la cosa más grande que se puede ser». Por eso decía al principio que la gran locura de Dios se produjo este día en el que se atrevió a hacerse tan pequeño como una de sus criaturas. Locura a la que los hombres deberíamos responder con ese asombro interminable de quienes vivieron casi asustados de la tremenda bondad de Dios.

De ahí que la mejor manera de celebrar la Navidad sea volverse niños. A la locura de Dios los hombres sólo podemos responder con un poco de esa locura bendita y pequeña que es hacernos niños. Al portal de Belén sólo se puede llegar de dos maneras: o teniendo la pureza de los niños, o la humildad de quienes se atreven a inclinarse ante Dios. Es lógico, por lo demás: Si Dios se hizo pequeñito para llegar hasta nosotros, ¿cómo podríamos llegar nosotros hasta Él sin volvernos también pequeñitos?


Autor: Padre José Luis Martín Descalzo

domingo, 21 de diciembre de 2008

Ya esta cerca a venir aquel - musica-

Link para escuchar la canción
Libros Sapienciales - Vox Dei

Ya está cerca a venir aquel
que nos va a explicar
sin violencia ni gritos
paz para este mundo traerá

Caminando vendrá a ofrecer
lo que siempre faltó
es el hijo del hombre,
paz para este mundo traerá

De dónde viene
y cómo se llama
nadie lo sabe,
ni yo lo sé

No importa su nombre, no,
ni cómo nacerá
lo importante es que viene,
trae la oportunidad

Mucho más fácil es creer,
mucho más que matar
por ser hombre soy tonto,
busco fe donde no está

Las cosas predichas
ya se han cumplido,
hoy yo lo predigo
y se cumplirá...

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El Adviento y la Navidad

Ya desde hace algunas semanas la publicidad se ha ido encargando de hacernos conscientes que la Navidad está ya cerca, que ya es tiempo de irnos preparando para una fecha tan especial. Así, que a través de todos sus medios, y de manera particular de su encargado de comercialización, un viejito muy dulce vestido de color rojo y al que llaman Santa Claus, nos recuerda que ya es tiempo de ir preparando nuestra lista de regalos (y por supuesto nos da miles y miles de ideas de cómo y dónde adquirirlos), comprar nuestro Pino de Navidad (el cual debe estar adornado con los mejores listones, esferas y foquitos), adornar nuestras casas con motivos "rojos y verdes" (que son el color propio de este tiempo ¿?), revisar nuestra agenda para ver cuándo serán las posadas de la compañía, del barrio, de los amigos (claro para que no falte en la fiesta lo que hará que esté "animada", aunque claro… siempre con medida ¿?), finalmente tener todo listo para la cena de Navidad, la cual debe ser ESTUPENDA (y en la cual nos ofrece que el mismo Santa Claus se encargará de llevar todo cuanto habremos comprando).

Con estas acciones, va logrando, o mejor dicho, ha ido logrando que la actual fiesta de Navidad muchas veces NO tenga nada que ver con su sentido original, haciéndola pasar de una fiesta religiosa a una fiesta comercial.

1. Origen de la Navidad

Dada la forma como se extendió el cristianismo, en donde lo más importante era el anuncio de la salvación en Cristo, por medio de su muerte y resurrección, hizo que muchos datos no fueran recogidos con exactitud por la historia. Entre ellos está la fecha exacta (mes y día) del nacimiento de Jesús, ya que lo importante era "la certeza de la encarnación". Por ello, san Lucas que sitúa históricamente este acontecimiento se concreta a decir que el nacimiento de Jesús tuvo lugar durante el censo realizado por Cesar Augusto, siendo Quirino gobernado de Siria (Lc 2,1), lo cual no nos da mucha información ya que el censo al parecer duraría unos 3 años en realizarse en todo el imperio y Quirino quien de acuerdo a Flavio Josefo, historiador de ese tiempo, fue gobernador de esta provincia romana del 3 a.C. hasta el 6 d.C.. Otro dato que emerge de la Escritura es el hecho de que María concibió a Jesús 6 meses después de que santa Isabel concibiera a san Juan (Lc 1,36), que de acuerdo a Lc 1,23-24) sería al final del periodo que le tocaba a Zacarías realizar sus servicios en el templo. Finalmente está el dato que los pastores estaban durmiendo a la intemperie, por lo que debe ser un tiempo en el hace calor, aun en la noche (Lc 2,8).

Con estos datos, quienes recientemente han estudiado este aspecto histórico de Jesús, han llegado a la conclusión que muy posiblemente Jesús haya nacido durante la primavera.

Ahora bien, ¿cómo es entonces que celebramos su nacimiento el 25 de diciembre?

Esto obedece sin lugar a dudas a una acción pastoral de la Iglesia, la cual extendida por todo el imperio, adopta como fecha del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre con el fin de sustituir con ella la fiesta pagana difundida en todo el imperio llamada: "Natalis solis invicti", que celebraba la victoria del sol contra las tinieblas (producto del Solsticio de invierno), misma que fue establecida por el emperador Aureliano en el 274 a.C. en honra al Dios "sol" de los Sirios. De esta manera, una fiesta que era pagana se convirtió con el paso del tiempo en una fiesta cristiana la cual se extendió rápidamente en toda la Iglesia, principalmente de Occidente.

Desde entonces la vida cristiana gravitaría en dos polos, la fiesta de la Navidad y la Pascua. Para la preparación de dichas fiestas se establecieron con el correr de los años, un periodo de preparación. Así nacieron la Cuaresma y el Adviento.

Ya para el siglo VI se tienen noticias ciertas de una preparación para la celebración de la Navidad que estaba caracterizada por algunos días de ayuno y oración intensa. Esta preparación, durante el Medievo, fue llamada Adviento, ya que esta palabra (del latín "adventus"), no solo significaba preparación, sino que estaba referida a la serie de preparativos que se realizaban en una ciudad para recibir a algún alto dignatario de estado. Por ello el Adviento cristiano, centraba su atención en la preparación de toda la comunidad para celebrar la fiesta de la Navidad con un fuerte espíritu de gozo, pero al mismo tiempo acentuaba la perspectiva de la segunda venida de Cristo, para la cual era necesario estar preparado, realzándose el aspecto de conversión persona.

El Concilio Vaticano II, ha querido conservar estas dos dimensiones del Adviento, por lo que la liturgia y la acción pastoral debe centrarse en una preparación espiritual que mueva a la conversión a la comunidad en la espera gozosa de la segunda venida de Cristo y al mismo tiempo, la invite a celebrar en la alegría y la paz del Espíritu Santo la memoria del nacimiento de Nuestro Salvador. El Catecismo de la Iglesia Catolica dice: «Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida» CEC 524.

Como preparación a esta celebración y a fin de recordar de manera más viva el misterio de la Encarnación de Cristo, san Francisco de Asís (1223) construyó a las afueras de la ciudad, lo que hoy llamaríamos "nacimiento", invitando a todos los pobladores a reunirse para orar y contemplar, lo que el llamara "el misterio más sublime de Dios: la Encarnación de Jesús".

Los primeros evangelizadores de América, trajeron consigo esta tradición, lo cual se presentaba idónea para evangelizar a los moradores de nuestro continente, gente sencilla y de gran imaginación.

Así mismo introdujeron lo que hoy conocemos como las Posadas, que en su inicio era una Novena de preparación para la celebración de la Navidad. En esta preparación se aprovechaba, no solo para orara, motivo principal de la reunión, sino incluso para catequizar a los indios. Así nació también la tradición de las piñatas, la cual era una olla de barro cubierta con papeles de muchos colores y en forma de una estrella. Esta representaba el pecado, que se presenta siempre atractivo a la vista, pero que -explicaban los catequistas - termina destruyendo la vida de aquel que no se aparta de él. Para combatirlo se debe luchar con la fuerza de Dios, la cual era representada por un palo, y guiados solo por la fe (con los ojos vendados) y ayudado de los demás hermanos, quienes le hace saber donde está la estrella con el fin de de acabar con ella. Cuando finalmente el pecado es vencido (cuando se rompe la olla de barro) la gracia se derrama sobre todos, representados por las frutas y golosinas que los evangelizadores previamente habían puesto.

En otras palabra, el Adviento es un tiempo en el que se debe profundizar en el misterio de nuestras salvación, el cual se inicia con el nacimiento de Cristo. Es un tiempo propicio para la oración, de manera particular la oración en familia, recordando que precisamente Jesús quiso nacer en una familia como la nuestra. Es tiempo de crecer en la caridad, y en el compartir, al recordar que, Jesús, siendo Dios nos retuvo para si la gloria que merecía como Dios, sino que se hizo como uno de nosotros (cf. Fil 2), y que, como dice san Agustín, se hizo pobre para que nosotros nos hiciéramos ricos, compartió con nosotros todo lo que tenia, incluso su Madre Santísima.

2. Re-Evangelizar desde nuestra realidad

Como vemos, nuestra realidad, en la mayoría de los casos, dista mucho de ser lo que fue en un principio y lo que en realidad debe de ser. El Adviento se ha convertido en un agitado tiempo de hacer compras, con poco o ningún tiempo para la oración; la celebración ha dejado de estar centrada en la Encarnación de Cristo, para ser poco a poco substituida por la figura de Santa Claus; las posadas han dejado de ser un momento y una oportunidad para orar y para la catequesis (sobre todo de los niños), para convertirse en alegres fiestas que en el mejor de los casos, nada tienen que ver con Cristo y su misterio, por lo cual si lo vemos fríamente no tienen ningún sentido que no sea el social; el nacimiento, elemento de catequesis y motivo de contemplación de la humildad de nuestro Dios, poco a poco ha sido substituido por el Arbol de Navidad, que a pesar de los esfuerzos de la Iglesia por evangelizar este signo, permanece aun con un carácter de simple ornato para estas "fiestas". De esta manera, el 25 de diciembre, pasa a ser también solo una fiesta familiar, en la que muchas veces el único ausente es Jesús, pues todo se centra en el intercambio de regalos y la cena. Todos los esfuerzos de la Iglesia por convertir una fiesta pagana en una fiesta cristiana, no solo se han vista neutralizados, sino que la fuerza del neo-paganismo ha ido cambiando la fiesta cristiana, de nuevo en una fiesta pagana.

Es tiempo pues de levantar la cabeza y de regresarle su verdadero sentido tanto al Navidad como a la preparación para ésta.

3. Sugerencias prácticas

Primero: Darle su lugar a Santa Claus

Uno de los más grandes problemas con los que nos encontramos es la creciente fe de los niños en la "omnipresencia" de Santa Claus, quien ve todo y es quien juzga nuestras acciones para premiarnos o no. Con ello, poco a poco durante la época de Navidad, se ha ido vaciando en la conciencia de los niños la verdadera idea de Dios, al menos del Dios anunciado por Cristo. Para muchos de ellos, hoy por hoy, Navidad significa; Santa Claus.

¿Que hacer? La respuesta no es sencilla pues involucra muchos elementos y aspectos de la vida del niño y de su relación con los demás niños con los cuales convine diariamente y cuyos padres pueden no estar de acuerdo con está realidad. Por ello, creemos que ante todo se debe tener prudencia, como en todos los temas delicados que pueden afectar el desarrollo de los niños y su comprensión del mundo y de la fe.

Consideramos que un buen inicio sería el tratar el tema y la figura actual de Santa Claus, como lo que es: UN CUENTO, como pude ser el de Pinocho o Blanca Nieves, y así colocarlo correctamente en la historia y en la perspectiva cristiana. Es necesario entonces instruir a los niños en la verdadera historia de Santa Claus.

Pero, y ¿quien es en realidad Santa Claus? Bueno, pues, su historia se remonta al siglo IV a un lugar en Turquía llamado Bary, en donde vivió un santo Obispo, llamado Nicolás, el cual se distinguió entre otras cosas por atender de manera especial a los niños pobres. Su historia nos relata que en una ocasión resucitó a tres niños, por lo que a la muerte del obispo (+342), se multiplicaron una serie de prodigios y milagros que hicieron que creciera rápidamente su devoción y su culto, principalmente en los pueblos del norte de Europa que celebraban su fiesta el 6 de Diciembre.

En la época de la Reforma, los holandeses que se separaron de la Iglesia Católica, cambiaron la fiesta religiosa de san Nicolás, es decir "Sint Klaes", por una fiesta secular en la cual se identificaba, al santo con un personaje del Polo Norte, rodeado de duendes y que se encargaba de llevar regalos a los niños en Navidad. Al rededor del año 1600 esta tradición nórdica relacionada con la Navidad fue traída a Nueva York por los primeros colonizadores de Holanda y Alemania quienes en su nombre regalaban dulces y regalos a los niños. Con su incorporación al Ingles su nombre pasó de "Sint Klaes" a "Santa Claus" que es como lo conocemos hoy. Este personaje fue adoptado así como el simbolo de la Navidad en los Estados Unidos.

Alguien dirá: El contarles esta historia sobre san Nicolás ¿no matará la inocencia del niño? O ¿Ahora cómo le diremos a nuestros niños que "Santa" no existe, que todo es un cuento? Bueno creo que parte de la respuesta la encontramos en el: cómo le decimos a los niños que no existe Blanca Nieves, o Pinocho, o cualquiera de los seres irreales que forman parte de la fantasía del niño, con la diferencia en que Santa Claus, si es un personaje real, es un santo, es decir es un amigo de Dios que ama mucho a los niños, por lo que LE AYUDA a Jesús a llevar los juguetes a los niños que se han portado bien. Esto hará que la atención se centré no en Santa Claus (que es solo un ayudante) sino en Jesús. Por ello es a Jesús a quien hay que pedirle los regalos, ya que es él quien, si nos hemos portado bien, nos enviara POR MEDIO DE SANTA CLAUS, que es como su mensajero, los regalos a nuestra casa. De manera que la cartita ES MEJOR enviársela directamente a Jesús (aunque no faltará algún niño abusado que le mande también una copia a Santa… solo por si acaso). De modo que el único que es omnipresente y dador de todos los dones es UNICAMENTE Jesús, pues él es Dios.

Cuando ellos mismos vayan descubriendo la realidad, como es el caso de Pinocho, el paso será mucho más sencillo, pues la realidad de san Nicolás, de su bondad, de su amor por los demás, permanecerá, restando en el niño su ejemplo.

Por otro lado, si reforzamos la idea de la Navidad, no como tiempo de Santa Claus, sino como la fiesta del Nacimiento de Jesús, poco a poco las cosas irán tomando su lugar. Recordemos que cuando se refuerza una idea, esta se afirma en el subconsciente y en la vida del hombre (razón por la cual la publicidad es efectiva); por el contrario cuando se devalora o no se le da importancia, los contenidos, poco a poco, pasan a un segundo plano y finalmente se olvidan.

Hay que empezar con poco, es una tarea a largo plazo… no esperemos y mucho menos busquemos resultados inmediatos ya que esto pudiera tener muy malos efectos en el corto y mediano plazo. Introducir la figura de Santa Calus en la cultura y en la fantasía de los niños ha llevado muchos años, cambiarle su contenido nos tomará también algunos años.

Una idea concreta, sería el de evitar la presencia de Santacloses en nuestros adornos (en las puertas, en los jugueteros, en el papel de envoltura), y substituirlos por esferas, ángeles, pastores, y otros adornos propios de este tiempo . Y vivir en familia la preparación espiritual para la navidad.

Segundo: Vivir un verdadero Adviento

Si bien es cierto que un aspecto importante es, como decíamos, regresarle el lugar a Jesús en la fiesta de Navidad, esto no será posible únicamente eliminando la figura de Santa Claus, sino que es necesario recuperar la oración y la lectura de la Escritura en donde se nos instruye sobre la verdad de la Navidad y su significado para nuestras vidas. Para ello, de manera concreta podríamos:

a. Rezar todos los días las corona de Adviento
b. Realizar en el barrio, la novena de Navidad (Posadas)
c. Poner un bonito nacimientod. Darle otro sentido a nuestras compras navideñas

a. La Corona de Adviento

La corona de Adviento, es una tradición simbólica iniciada en Europa por los Luteranos, quienes trenzando una serie de ramas de pino verde, significaban la esperanza cristiana, de que en la segunda y definitiva venida de Cristo, él mismo "coronará" toda una vida vivida de acuerdo al Evangelio. Esta corona, es iluminada por Cristo, Luz del Mundo. Es, sin embargo, una Luz que, como en el Antiguo Testamento va creciendo hasta que lo ilumina todo hasta llegar a ser el centro de la vida del hombre y de su historia. Con esta teología detrás, la Iglesia Católica la adaptó al ciclo litúrgico del Adviento esta práctica, en donde cada vela representa cada uno de los domingos del Adviento. Está formada de tres velas moradas, signos de la espera y una rosa, signo del "ya, pero todavía no", que es conocida como "el gaudete" por el "gozo" de saber que la redencio ha sido ya realizada por Cristo, pero esta aun se continúa desarrollando en el mundo hasta su segunda venida. Cada uno de los cuatro domingos de Adviento se enciende una vela: primero dos moradas, luego la Rosa, luego otra morada y finalmente el día de navidad la Blanca, que está al centro de la corona.

b. Novena de Navidad (posadas)

Las posadas son toda una tradición en nuestra cultura. Haz que éstas sean verdaderamente, como lo fueron en el principio, un momento de oración y de catequesis. A las "posadas" de tu empresa, pues mejor llámalas "Fiestas de Navidad" para no mezclar lo profano con lo que es parte de nuestra vida cristiana. Y claro, vive estas fiestas con la compostura que un cristiano tiene que dar en todo momento en su vida. Sé para los demás signo de la verdadera esperanza cristiana, y muéstrate a los demás como un seguidor de Cristo a quien estás por celebra en su nacimiento.

Ve pensando desde ahorita en organizar una posada o una serie de AUTENTICAS posadas en tu barrio o en tu familia. Para ello, el próximo viernes recibirás la explicación de las posadas y un modelo para celebrarlas.

c. El Nacimiento

El Arbol de Navidad es, la igual que Santa Claus, una tradición importada a los Estados Unidos por los hermanos nórdicos, quienes en particular tiene una veneración muy especial para éste. Sin embargo, hoy por hoy, forma parte de nuestras fiestas, pero es una tradición carente de significado. Es simplemente algo que alegra la vista y que adorna la casa creando el "ambiente navideño".

AGREGUEMOS a éste elemento decorativo, un buen nacimiento y procuremos darnos tiempo para explicárselo a los niños. Recordemos que ellos aprenden más por las imágenes que por nuestras palabras. Sentémonos junto a ellos y contémosles una y otra vez el relato del nacimiento, de Jesús, la llegada de los magos, la vida sobre José y María, la vida en aquellos tiempos, etc. Creemos en ellos y en su fértil imaginación, la idea de la cercanía con el Dios que se hace uno de nosotros y que humildemente nace en un pesebre para ser uno con nosotros.

Como adulto, date tiempo, como lo hacía san Francisco de Asís, para contemplar la humildad de Jesús naciendo en un pesebre. Ora de cuando en cuando delante del humilde pesebre. Esto te convencerá de que tienes mucho, pero mucho que agradecer. Dejarás de ver solo hacia arriba para mirar a aquellos, que como Jesús, muchas veces carecen de lo más necesario. Verás que tu Navidad adquirirá otra dimensión.

d. Los regalos y la fiesta de Navidad

Navidad es tiempo de COMPARTIR y no precisamente de comparar, por lo tanto lo que tengas que comprar hazlo con el deseo de compartir con los demás la alegría de dar. Busca que no sea para quedar bien y no gastes lo que no tienes. Con el único que tienes que quedar bien es con Jesús y él lo único que quiere es tu corazón y un poco de tu atención y tu amor. Que tu compartir sea un verdadero signo de amor y fraternidad buscando imitar a Cristo, que se regaló a nosotros para hacernos inmensamente felices.

Cuando hagas tu lista de regalos, acuérdate de aquellos que no han tenido la posibilidad de tener lo que tú tienes. Reserva un poco de tu presupuesto para ellos. No dejes que tu caridad para con ellos sea una manera de tranquilizar tu conciencia sacando solo unos pesos de la bolsa en una esquina. Haz algo más por ellos. Compra un poco de comida, sobre todo, pensando en que a ellos también les gustaría tener una cena de Navidad y recibir un buen regalo. Pórtate como su hermano mayor. Acuérdate que nos dijo Jesús: "Lo que hiciste por uno de mis hermanos menores lo hiciste por mi" (Mt 25,40). Hazte reconocer por ellos como cristiano, no por la cruz que cuelga de tu cuello, sino por tu amor hacia ellos.

Para la fiesta de Navidad, recuerda que debe iniciarse con una oración y una profunda acción de gracias. Lee junto con toda tu familia el pasaje del nacimiento de Jesús y busca que toda tu familia participe.

Durante el Adviento busca la mejor oportunidad para reconciliarte sacramentalmente con Dios (Confesarte), para que puedas participar ACTIVA Y DEVOTAMENTE de la Eucaristía del 25, fiesta del Nacimiento de nuestro Señor y Salvador. No dejes que la actividad, las prisas o la flojera dejen para el último lo que debe ser primero.

Vive, intensamente este Adviento, como una verdadera preparación a la fiesta de la Navidad, pero también aprovecha para crecer en el amor hacia los demás y para que tu vida se parezcas más a la de Jesús, de manera que cuando regrese te pueda decir: "Siervo bueno, pasa a tomar parte del banquete de tu Señor" (Mt 25,17).

Toma como ejemplo a María Santísima. En ella encontrarás el modelo de los que piensan primero en los demás, de los que han puesto al centro de la vida a Dios, de los que no se dejan convencer por las voces del mundo, sino que permanecen fieles al compromiso hecho con El Dios que salva. Prepárate, como ella: orando y sobre todo deseando con todo tu corazón que el Reino sea una realidad en tu vida, en tu familia y en todo el mundo.

Si tú quieres, puedes vivir un Adviento diferente que te prepare para el encuentro con Jesús, al cual descubrirás en tu prójimo, en los sacramentos, en la oración y finalmente en él mismo cuando seas llamado a su presencia. Haz que esta Navidad sea diferente… Como los magos, póstrate a los pies del niño Jesús, y ofrécele tu vida.

Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Autor: Padre Ernesto María Caro
Sitio web: Evangelización Activa

domingo, 7 de diciembre de 2008

Un Adviento y Navidad diferentes

1. Enviar (mejor dar en mano) felicitaciones de Navidad a personas «distintas»: Una de esas personas que está tirada en el Metro o en la calle, el portero de tu casa, un compañero de trabajo con quien no tienes mucha confianza, un profesor del colegio, un sacerdote de tu parroquia, el equipo de Cáritas, un catequista, una enfermera o un médico, un enfermo ingresado en un hospital, un vecino anciano que vive solo en nuestro bloque, alguien que ha perdido recientemente un ser querido...

2. Hacer todas las noches una oración de esperanza ante el Nacimiento que hemos puesto en casa. Convertir el Belén en un lugar de recogimiento y oración, colocando una Biblia, algunas oraciones convenientes, algún libro de espiritualidad, algunas noticias de la prensa que nos hacen desear más profundamente la llegada del Salvador, o que son motivos de esperanza, ir escribiendo los nombres de las personas que hacen que este tiempo sepa verdaderamente a Navidad cristiana, etc.

3. Releer a lo largo de la semana las lecturas de la Liturgia del Domingo. Escribir la reflexión e intercambiarla con alguien.

4. La Navidad celebra que Dios se hizo tan pobre como para nacer en una cueva. Derrochar es el peor modo de entrar en sintonía con el Señor. Por eso: ponerse de acuerdo con quien sea posible en no hacerse regalos por cumplir, porque «toca regalar», y no regalar cosas que no sean necesarias. Hacer un regalo a alguna persona que realmente lo necesite, en vez de entre nosotros, que nos sobran muchas cosas.

5. Destinar un porcentaje de nuestros gastos navideños a Cáritas o alguna ONG que lo emplee de manera responsable y útil.

6. Procurar que alguna de las personas que conocemos tenga la posibilidad de hacer algo que normalmente no está a su alcance por razones de salud, de dinero, de soledad..,

7. Regalarnos en la familia o en la comunidad un rato de encuentro para dialogar de esas cosas importantes para las que nunca tenemos tiempo.

8. Hacer una lista (personal, familiar, de grupo de amigos...) de todas las cosas inútiles y vacías que solemos hacer todas las navidades, y procurar evitarlas. Hacer también una lista de aquellas otras que nos dejarían buen sabor de boca para estos días, y procurar hacerlas.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Adviento - Allanen el Camino del Señor

“Allanen el camino” quiere decir quitar todos los obstáculos, llenar los agujeros y quitar las piedras.
Este camino es una forma de hablar de nuestra vida. Las piedras son nuestros pecados,
nuestros egoísmos, nuestras mentiras. Los agujeros son las cosas buenas que no hacemos… Cuando no nos esforzamos y dejamos de hacer algo que podríamos hacer,
hacemos que haya un agujero en nuestro camino. Cuando hacemos el mal, hacemos que haya un obstáculo.


Examen de conciencia

A… ¿Cuántas personas consideras amigos tuyos?
ANTE… qué sentís rechazo? (la injusticia…) ¿Qué haces para evitarlo?
Qué situación no te sentís capaz de perdonar?
BAJO… sentís que hay personas que están a un nivel más BAJO que el tuyo? ¿Por qué?
¿Bajo qué te ocultas en ciertos momentos? (Consumismo, los otros…)
CABE… (=junto a) quién te sentís bien?
CON… ¿Sabes estar CON los que no te caen bien, con los que no respetan tus
opiniones? ¿Con quién haces distinciones?
CONTRA… ¿Qué o quién estás?

DE… ¿qué dependes?
DESDE… dónde estás, ¿podes mejorar el mundo?
EN… Participas EN el grupo?
ENTRE… ¿Opinas que entre todos se pueden hacer más cosas?
HACIA… ¿Dónde caminas?
HASTA… ¿Opinas que: hasta aquí podíamos llegar? dónde te creés capaz de llegar?
PARA… ¿Eres PARA los demás? ¿Vivís PARA los demás?
POR… si acaso. ¿Pones barreras?
SEGÚN… ¿Cambias SEGÚN el viento que sopla?
SIN… ¿Puedes vivir SIN COMPARTIR tu alegría?
SOBRE… qué edificas tu vida?
TRAS… ¿Vas TRAS las huellas de Jesús?

lunes, 1 de diciembre de 2008

SOLUCIÓN PARA DESESPERADOS

....Y en la espera, caminar con esperanza

Antes en todas las estaciones de tren existía, ineludiblemente, una “sala de espera” a la que me gustaba acceder porque era un buen laboratorio para estudiar el comportamiento de las personas y de la sociedad. Allí encontrabas desde el que dormía, o lo intentaba, el que leía despreocupado cualquier revista rosa, el que se informaba por el periódico (a veces parecía que se lo aprendiera de memoria), el que no cesaba de mirar desconfiado su equipaje, el que hacía crucigramas interminables o el que sencillamente por no hacer no hacía nada. En el fondo todos eran un grupo de asesinos, de asesinos del tiempo, estaban “matando el tiempo”, su tiempo de espera.

Alguna vez encontré también a una señora de mediana edad nerviosa, caminan-do de acá para allá, mirando cien veces el reloj, saliendo a los andenes para ver si venía el tren y explicando a cada uno de los presentes el motivo de su ansiedad: “es que viene mi hija con mi nieta de Alemania para pasar la Navidad”. Se sentaba tres segundos, caminaba de nuevo. Era un manojo de nervios. Parecía desesperada, pero era la única que no mataba el tiempo; lo forzaba a correr, corriendo ella. La hija, la nieta, el encuentro soñado, el amor inquieto hecho deseo de abrazo y besos, la impedían dormir, leer, hacer crucigramas. Su tiempo de espera, henchido de amor, le hacía levantarse, caminar, vigilar las vías. La espera, porque de fe en la llegada del tren y de amor a lo que traía, se había convertido para ella en esperanza.

Hoy en las estaciones ya no hay salas de espera. Las han reconvertido en lugares de ocio con cafeterías, restaurantes, cines y tiendas, muchas tiendas, de forma que ya no son salas de espera sino de negocio; han hecho un negocio con la espera. Son sitios don-de sigue habitando la esperanza, pero no en los viajeros, sino que ahora se ha traspasado al dueño del local correspondiente que espera hacer dinero. Ya no importa tanto la venida del tren que trae a la persona amada, ahora el amor está en la caja, la caja registradora. Ahora la fe no está en la venida del tren que se sabe que llegará a la hora exacta, y hasta se desea que se retrase un poco, más allá de cinco minutos, porque así te devuelven el dinero del billete. Viaje gratis. Lo que antes era motivo de vigilia, de levantarse y caminar, de comunicación apasionada con desconocidos sobre la alegría que infundía la esperanza, hoy ha quedado hecha pedazos en la piedra de la indiferencia. Señora, no moleste, no me importa, no me interesan ni su hija ni su nieta; ya no nos importamos.

Hoy todo es puntual, todo es exacto y así deberá de seguir siendo, lo que no quita que a cuatro románticos nos invada la nostalgia. Hoy todo está reglado, está pagado y contratado, lo que nos da derechos y exigencias, pero justamente allí donde empiezan los derechos y la exigencias es señal de que ha comenzado a faltar el amor. Lo vemos en el matrimonio; allí donde afloran los derechos, allí mismo es donde han comenzado a no quererse, porque quien se enamora y ama locamente jamás exige, jamás reclama; el amor no sabe más que de deberes, de atenciones, de regalos, en una palabra, vive de la pura gratuidad y de la más absoluta donación.

El Adviento es una gran sala de espera, la humanidad entera está esperando, cada uno su tren soñado. Unos duermen, otros matan el tiempo o lo pierden rellenando crucigramas inútiles. Pero hay un grupo de gentes, cristianos ellos, que no pueden dormir porque valoran el tiempo en la espera; ellos están en pié, vigilantes siempre, y, porque se saben caminantes, ansían la llegada de quien les anima en la certeza, la certeza que da la fe, de una Buena Noticia: la gran noticia del Amor. Llega el Amor, está llegando, y se preparan para recibirlo como se merece, ensayando besos, renovando abrazos e inventando caricias nuevas.

Porque han empapado su fe en el Amor mientras esperan, se han cargado de ilusión y de esperanza. Adviento es esperanza más que espera. Y es ilusión, no de ilusos sino de ilusionados. Porque han contrastado su ilusión primera, como los Magos, con la Escritura, por ello se pusieron en camino hasta la Jerusalén de los que saben dónde, cómo y cuándo nacerá el Amor. Ya informados y guiados por la estrella de la esperanza, de nuevo en camino buscando el encuentro. No me habríais buscado si antes no me hubierais encontrado. Hay que ponerse en pie y caminar, salir al encuentro del Señor que llega. Y lo encontrarás, oh sorpresa, no en el trono de los soberbios, ni en las opresoras riquezas de los ricos, ni en las doctrinas hueras de los mandamases, sino en la humildad de los humillados, que son las pajas trilladas de todos los pesebres del mundo.

Sí, ya sé, todos sabemos, que hay otros advientos. Los de aquellos que no alzan la vista al cielo ni siquiera para saber si va a llover. Los que no pueden, porque no quieren, mirar estrellas, tener ideales más allá del horizonte. Los que, cargados de tierra sus bolsillos y sus cerebros, ni quieren ni pueden despegar para poder observar el mundo desde perspectivas distintas. Prendidos de la luminosidad que desprende el dinero, todo lo comercializan para lograr fútiles ganancias. Porque no tienen fe, tampoco alcanzan la esperanza y el amor se les hace pequeñito; no se agigantan. Porque permanecen sentados en la tierra, adheridos a ella con firmeza, no se levantan; no pueden ponerse en pié y menos aún comenzar a caminar. Porque no tienen metas, por ello carecen de caminos y sin caminos no hay posibilidad de engendrar ilusiones. Viven sólo de la pesada realidad de lo terreno, tan reglada ella, tan cierta ella, tan segura y exacta que ya no hay lugar ni siquiera para la espera.

Hoy en las estaciones de trenes ya no hay salas de espera, ya no son necesarias, todos los trenes llegan a la hora exacta. Pero los hombres, que no son relojes suizos todavía, precisan de la espera y necesitan esperanza. Sin pretender ser agorero de calamidades que sólo a las viejas pueden asustar, creo que se podía admitir que nos van quitando la espera para que no tengamos ya esperanza, y así, desesperanzados, nos convirtamos en desesperados que se aferran a cualquier tabla de salvación que pase a nuestra vera, sin percatarnos que no era tabla, ni salvaba nada, sino el espejismo de una necesidad apremiante hecha ola o hecha espuma.

Para los desesperados porque desesperanzados porque ya no esperan nada, pero sobre todo para quienes todavía son conscientes de su falta de esperanza, y de ilusión, y de metas, y de caminos... para los que no tienen fe y por consiguiente carecen de esperanza y además flaquean en el amor, les digo: Hombre, entra en ti; levántate y camina; sal al encuentro que llega el Amor y te envolverá en el calor de su esperanza. Eso, eso es el Adviento.
Gumersindo Pérez García
( O.C.D. del Convento de Ntra. Sra. del Carmen de Cádiz)

sábado, 29 de noviembre de 2008

Disponer el camino del Señor - Adviento -

Adviento camino hacia el encuentro con la ternura de Dios
¡Ven, no tardes tanto!
La palabra adviento significa: “esperar al que viene pronto”, “prepararse para recibir al que ya llega”.

Y como iglesia nosotros esperamos la llegada del Señor Jesús; una espera
paciente y ansiosa, gozosa y expectante, acogedora y vigilante. Sí, vigilante,
porque el alma es como el centinela que espera atenta a que llegue el
Esposo para salir a recibirlo; “llegará el Amor la noche que el venga, Jesús es su nombre, festín su presencia, vendrás y ya vienes, te sentimos cerca”.

La Beata Isabel de la Trinidad nos dice que “el adviento es el tiempo más apto para las almas interiores, que viven en el fondo de si mismas a la espera del gran misterio”. Junto con la espera debe crecer el deseo de disponer el camino del Señor en lo íntimo de nuestro ser, mirar dentro de nosotros y descubrir nuestra fragilidad y la gran necesidad que tenemos de Él, de elevar al cielo nuestro ruego y decir: “acaba, Señor, al que has de enviar envía”, y así podremos contemplar el lucero radiante de la mañana brillando en nuestros días.

Al esperado y deseado, al que es la Palabra, debemos escucharle en el silencio de la oración y en lo secreto del corazón; pidámosle tenga a bien, recrearse en él y hacer de nosotros “un adviento que prepare su encarnación en las almas”.

El Espíritu y la esposa dicen: Ven, Señor; quien lo oiga diga: ven, Señor Jesús.
Marana-tha, ¡VEN que te esperamos!

Hmna. Mari Sol de la Eucaristía, ocd
Monasterio de San José – Medellín

lunes, 31 de diciembre de 2007

MOMENTOS PARA EL AGRADECIMIENTO

Algo importante en este inicio de año

Ahora también es el momento de tener un recuerdo agradecido. Son muchos quienes, a lo largo de este año, han dejado su huella en ti. Experiencias sobre las que puedes recordar nombres, Quizá algunos te hayan lanzado a una aventura: sacar algo de ti, despertar tu "yo dormido", conseguir aquello que te parecía imposible, cambiar, crecer.

Descubrir en ti las huellas de "otros" encontrados en el camino es motivo de alegría y gratitud. Es motivo de gratitud el que hayas podido experimentar a Dios, creer en la vida y en tu capacidad de encuentro, creer que alguien haya podido ayudarte a descubrir lo mejor que existe dentro de ti.

Por todos puedes dar gracias.

Agradece a:

Aquellos que desde su manera de ser, te ayudaron a ser más persona.
Aquél que inesperado y oportuno, supo escucharte comprensivo.
Aquellos con quienes compartiste tus ratos de juego.
Aquél que te ayudó a desvelar tu riqueza interior.
Aquél que con su gran bondad te hizo ser sencillo.
Aquél que descubriste un día y "se quedó" en ti.
Aquél que, corrigiéndote con cariño, te hizo caminar.
Aquél que con su vida incansable te animó a luchar.
Aquél que siempre espero lo mejor de ti.
Aquél que te exigió siempre, haciéndote "grande".
Aquél que necesito de ti.
Aquél que estando lejos, lo sentiste cerca.
Aquél que con su desacuerdo, descubrió tu verdad.
Aquél que sabes que te quiere y siempre te espera.
Aquél que siempre te animó a ver lo positivo.
Aquél que te quiere como eres, animándote a crecer.
Aquél que con su necesidad de ti, hizo que te sintieras "único".

Aquellos que con su experiencia interior te ayudaron a conocer a Dios y te anunciaron la buena noticia: DIOS TE AMA.

Extraído de: mensajes franciscanos

domingo, 30 de diciembre de 2007

La Sagrada Familia

En estas fechas, de nuevo se nos manifiesta Jesús de Nazaret viviendo en familia. La familia de Nazaret viene a nosotros este año a recordarnos los valores de la familia cristiana: familia que ora unidad, que vive unida, que unida sufre sus dificultades y avanza como la familia de Nazaret.

No podemos vivir en cristiano sin vivir en familia: nuestra familia de casa, el amor entre padres, hijos, abuelos y nietos, el amor de saber compartir todo momento y saber escuchar y dialogar.
El amor de vivir la familia cristiana y saber que todo ser que vive a tu lado es tu hermano y compartir como Jesús su vida y saber dialogar y escuchar. Saber dialogar, escuchar y perdonar.

Saber estar al lado. Saber vivir en cristiano. No es fácil. Tenemos un reto: vivir en familia, hacer revivir los valores de la familia. Pidamos hoy por las familias y vivamos hoy en familia.

CANCION DE NAZARET

Una oculta familia
del cielo bendecida
vivió en Nazaret:
Jesús, María y José.

Donde el amor no faltaba,
donde la entrega reinaba,
sólo la paz existía:
Jesús, José y María.


El Padre se glorificaba,
Su Nombre se revelaba,
brillaba entre ellos la luz:
María José y Jesús.

ES LA GRACIA DEL SEÑOR,
LA QUE HACE MARAVILLAS.
SE EMPEZO A CONOCER
EL AMOR EN NAZARET.

Entre ellos había armonía,
José con sus manos trabajaba,
Jesús pequeño crecía,
y el amor lo ponía María.

Todo era allí una alabanza,
un cántico de alegría,
cada acto desbordaba de fe:
Jesús, María y José.

La pobreza, el tesoro más grande.
Ricos por el amor del Padre.
El corazón lo tenían en común,
María, José y Jesús.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Oracion para el año nuevo

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana , el pasado y el futuro.

Y al empezar un año más detengo mi vida ante en calendario nuevo, aún sin estrenar y te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad; y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de Ti.
Dame un año feliz, y enséñame a repartir felicidad.


Amén

lunes, 24 de diciembre de 2007

NAVIDAD RECREACION PIADOSA

En el nombre del que adoro os tiendo, hermanas, la mano, y canto por este niño que todavía no habla.

Almas, ¡que el amor os queme, al ver que el Dios inmortal se hace mortal por vosotras! ¡Oh, conmovedor misterio! Viene a pediros limosna el que es Dios, el Verbo eterno.

Venid acá, mis hermanas, acercaos sin temor; a Jesús, una tras otra, ofrecedle vuestro amor.

Aquel que a los hombres todos alimenta con su esencia, por ti se hace débil niño y reclama tu asistencia. Su dicha y felicidad son en el cielo perfectas. Pero por ti se hace pobre y humilde en la tierra.

Consuela, hermana querida, al niñito, que te tiende sus brazos para abrazarte. Para alegrarle, te pido que sonrías siempre a todos y les ofrezcas tu amor.
STA. TERESITA DE LISIEUX

viernes, 21 de diciembre de 2007

El Misterio de la Navidad

Por: Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz(Escritos Espirituales, BAC, 1998)

Nos encontramos en medio del tiempo navideño. La gran solemnidad, que nos ha precedido como una estrella luminosa en el oscuro cielo nocturno del adviento, ha pasado, quizás para algunos de nosotros, demasiado deprisa. No ha permanecido en silencio como la estrella sobre el pesebre de belén. Ha pasado como un susurro y quizás permanecimos asustados porque no pudimos comprender o sacar nada en limpio de lo que nos quiso y pudo traer. Resulta ciertamente consolador que la Iglesia tenga en cuenta, al igual que una buena madre, la debilidad de sus hijos y que haya previsto un buen número de semanas para el tiempo natalicio. Así se puede aún recuperar algo de lo que se ha perdido; e incluso para hoy no se me ocurre nada mejor que el que permanezcamos un poco en silencio y volvamos la mirada a las semanas pasadas.

Cuando los días se hacen cada vez más cortos y comienzan a caer los primeros copos de nieve, entonces surgen tímida y calladamente los primeros pensamientos de la Navidad. Y de la sola palabra brota un encanto, ante el cual apenas un corazón puede resistirse. Incluso los fieles de otras confesiones y los no creyentes, para los cuales la vieja historia del Niño de Belén no significa nada, se preparan para esta fiesta pensando cómo pueden ellos encender aquí o allá un rayo de felicidad. Es como si un cálido torrente de amor se desbordase sobre toda la tierra con semanas y meses de anticipación. Una fiesta de amor y alegría --ésta es la estrella hacia la cual caminamos todo en los primeros meses del inverno--. Para los cristianos, y en especial para los católicos, tiene un significado mayor. La estrella los conduce hasta el pesebre donde se encuentra el Niño que trae la paz a la tierra. El arte cristiano nos lo presenta ante nuestros ojos en numerosas y tiernas imágenes; viejas melodías, en las cuales resuena todo el encanto de la infancia nos cantan de él.

En el corazón del que vive con la Iglesia se despierta una santa nostalgia con las campanas del "Rorate" y los cánticos del Adviento; y en aquel en quien ha penetrado el inagotable manantial de la santa liturgia, palpitan día a día las exhortaciones y promesas del Profeta de la Encarnación: ¡Caiga el rocío del cielo y que las nubes lluevan al justo!; ¡El Señor está cerca! ¡Venid, adorémosle! ¡Ven, Señor, no tardes! ¡Alégrate Jerusalén, exalta de gozo porque viene tu Salvador!. Desde el 17 hasta el 24 de diciembre resuenan las solemnes antífonas "Oh" del Mangificat, cada vez más ansiosas y fervorosas: He aquí que todo se ha cumplido; y finalmente: Hoy veréis que el Señor se acerca y mañana contemplaréis su gloria. Precisamente cuando al atardecer se encienden las velas del árbol y se intercambian los regalos, una nostalgia de insatisfacción nos impulsa hacia afuera, hacia el resplandor de otra luz, hasta que las campanas tocan a la Misa del Gallo y --Cuando todo permanece en profundo silencio-- el misterio de la Navidad se renueva sobre los altares cubiertos de flores y de luces: Y el verbo se hizo carne. Ésa es la hora de la plenitud: Hoy los cielos se han hecho melifluos para todo el mundo.