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viernes, 21 de noviembre de 2008

Rasgos fundamentales de la espiritualidad de Santa Teresita de Lisieux 2da parte

Siempre y en todo procuremos cumplir la voluntad de Dios. Sta Teresita
La infancia espiritual

El tema de la infancia espiritual es tal vez el tema central en Santa Teresa de Lisieux. En su vida podemos ver cómo la madurez espiritual se va alcanzando al acercarse a la infancia espiritual.

Esta actitud consiste en el abandono de su vida en manos del Padre, colocando toda su confianza en Él. Ya desde muy niña, Teresita fue viendo cómo en su vida encontraba la felicidad al hacer no su voluntad, sino la del creador. Este descubrimiento es ya un paso muy grande para tan pequeña criatura, pero no se queda allí sino que lo lleva a la práctica en su vida, tanto que a la edad de 14 años se acepta la voluntad de Dios y se ofrece para que haga de ella lo que quiera, lo que le expresa a su hermana en una carta: "Pero, Paulina, yo soy la pelotita del Niño Jesús; si él quiere romper su juguete, es muy dueño de hacerlo. Sí, acepto todo lo que él quiera." No es despreciable aquí la expresión de pelotita del Niño Jesús, ya que es un símil con el cual expresará su ser niña, pero a la vez su profundidad de espíritu.

En esta etapa de la adolescencia también se encuentra otra característica que es clave para la infancia espiritual de Teresa, es el sentido de pobreza tanto material como espiritual, los cuales se complementan en el sentir de esta niña. Al regalarle un corderito que muere el mismo día, ya preanuncia lo que luego se concretará en su voto de pobreza en el Carmelo: "No, no hay que apegarse a nada en la tierra, ni siquiera a las cosas más inocentes, pues nos faltan en el momento que menos se piensa. Sólo lo que es eterno puede llenarnos". Ya la niña ve la relatividad de todo en comparación a Aquel que es el Todo.

Hay una característica de la personalidad de Teresa que es clave en su vida para lograr hacer la voluntad de Dios: la terquedad y cierto orgullo. Así lo muestra en Historia de un Alma, cuando narra sobre su infancia: "Como tenía amor propio y también amor al bien, en cuanto empecé a pensar seriamente (y lo hice desde muy pequeña), bastaba que me dijeran que algo no estaba bien para que se me quitasen las ganas de hacérmelo repetir dos veces..."

La terquedad va acompañada por el sentido de lucha que posee la joven Teresa para lograr la voluntad divina: "No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzas para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos juntas el hacha a la raíz del árbol..."

Así, cuando descubre que el Señor la llama desde muy joven para entrar en el Carmelo, busca todas las formas para lograr su vocación, lo que no le es nada fácil y encuentra desde ese momento grandes sufrimientos. Pero ella, fiel a la tradición religiosa de la época, se ofrece como víctima para sufrir y así asemejarse a Jesucristo:

"Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por Jesús. La vida pasa tan deprisa que, realmente, vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor. ¡Cuándo pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a [2vº] Dios durante toda la eternidad! Además, con el sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el momento de la muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús! Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por toda la eternidad."

Es parte esencial de la infancia espiritual sentirse pequeño, de manera tal que no podamos nada sin aquél que los es todo. Esto también lo sintió Teresa: "Pide que tu hijita sea siempre un granito de arena muy oscuro, muy escondido a los ojos de todos, que sólo Jesús pueda erlo. Que se haga cada vez más pequeño, que se vea reducido a nada..."

En los escritos de Teresa podemos descubrir cómo, a pesar de haber perdido a su madre en su temprana niñez, ha sentido por medio de sus familiares más cercanos el amor de Dios. En especial el amor de su padre, a quien llama cariñosamente su rey. Allí es donde Teresa percibe la concreción del amor de Dios, el cual busca transmitir a todos los que la rodean, como fue el conocido caso de la hermana San Pedro cuando Teresa era novicia, brindándole toda clase de atenciones a aquella que nadie atendía. Su deseo de permanecer escondida es clave en este amor al prójimo.

Por último en esta enumeración de características resaltantes de la infancia espiritual, aunque tal vez sea la más importante, encontramos el deseo de santidad. Teresa desea ser santa, no por temor, sino como respuesta al amor de Aquel que la sobrepasa: "¡Sí, Paulina, quiero ser siempre un GRANITO de arena...! (…) Quisiera decirte muchas cosas a propósito del granito de arena, pero no tengo tiempo... (Quiero ser santa...)"

domingo, 16 de noviembre de 2008

Rasgos fundamentales de la espiritualidad de Sta.Teresita de Lisieux

A la tarde de la vida te examinarán en el amor. San Juan de la Cruz

Teresita de Lisieux ha vivido en las manos del Espíritu durante toda su vida. Al leer su biografía, impresiona que en apenas veinticuatro años que vivió, halla alcanzado la madurez de la infancia espiritual. Escribir todos los rasgos de su vida espiritual sería una labor imposible de realizar en tan poco espacio, por ello se resaltarán algunos de estos rasgos que se consideran fundamentales para comprender a cabalidad la espiritualidad de Teresita.

1-La primacía de la Palabra de Dios

Teresa en sus escritos múltiples veces cita la Biblia. Hay que tener claro que ella no era una teóloga de su época; si así hubiera sido, probablemente se hubiera visto ahogada la espontaneidad existente en su espiritualidad. La fuente bibliográfica primordial de su obra son las Sagradas Escrituras, las cuales aunque no se encuentren explícitamente citadas en muchas ocasiones, se descubre la línea de influencia sobre los escritos teresianos.

Schiettecatte ha afirmado en un artículo que existe una profunda armonía entre Teresa de Lisieux y el Evangelio de Juan. La figura del discípulo amado es asumida por Teresa, quien se hace discípula amada. Así lo muestra en su poesía Jesús, Amado mío, acuérdate, escrita el 21 de octubre de 1895:

"Acuérdate de que, en un trance santo de divina embriaguez, tu apóstol virgen descansó su cabeza sobre tu corazón. ¡Señor, en su descanso conoció tu ternura, comprendió sus secretos!

No me siento celosa del discípulo amado, también yo tus secretos conozco, soy tu esposa. Duermo sobre tu pecho,divino Salvador, ¡él es mío! "

También encontramos en la misma poesía la expresión de su deseo de ser una experta en los Evangelios, pero no instruida por otra persona diferente al Señor:

"En las cosas del cielo, Señor, hazme una experta, muéstrame los secretos que tu Evangelio esconde. Haz que este libro de orosea mi gran riqueza,¡acuérdate!"

En la mayoría de sus poesías utiliza referencias a diversas imágenes evangélicas como lo son personajes de las parábolas, de los evangelios o símbolos que refieran situaciones específicas, como éstos que se encuentran entre muchos otros en la poesía Vivir de Amor:

"Vivir de amorno es en la cima del Tabor su tiendaplantar el peregrino de la vida.
Es subir al Calvarioa zaga de las huellas de Jesús,y valorar la cruz como un tesoro..."

De igual manera, en sus diversos escritos se puede ver cómo están permeados de las Escrituras. Allí ella encuentra la fuente de su vida, del encuentro con el Señor Jesús, su gran amado.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Isabel de la Trinidad - Programa de 10 puntos para estar presente”… ante el Gran Presente

1. En primer lugar, repite Isabel una y otra vez, hay que querer. Tú eres un ser libre. Dios no se impone a la fuerza. Es preciso, pues, que­rer prestar «atención» al Gran Presente. «Pen­sar> en Él, «tomar conciencia», vivir «alerta en la fe». Nadie puede llegar a ser amigo tuyo, si no empiezas a interesarte por Él.

2. El trato con Dios requiere un mínimo de «fe». A Dios no pueden verlo nuestros ojos corporales ni tocarlo nuestras manos. Incluso después de resucitado, Jesús no se muestra físicamente. Basándonos en los evangelios y en los primeros testigos que supieron descubrir la personalidad absolu­tamente única de Jesús, nosotros, con la comunidad cristiana, creemos en Él, en su Espíritu, en su Padre. «Tu Padre, que está en lo escondido y que ve en lo escondi­do» (Mt 6,6). Dios se nos hace presente aquí y ahora en lo escondido. Él me ve, me es­cucha, me ama. Él no tiene que venir, ya es­tá aquí. Pero yo me pongo en camino, me acerco al que me espera. «La fe -repite Isabel- es el cara a cara en medio de las tinieblas». >

3. La oración es una relación de amor con el Dios «todo amor», dice Isabel. Cómo le gustan aquellas palabras del apóstol san Juan: «y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él. Dios es amor» (1 Jn 4,16). Pero el testimonio que más le gusta es el de san Pablo: «Vivo yo, pero no soy yo: es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí» (Ga 2,20). Él es su «ami­go de todos los momentos». «Cree siempre en el Amor, pase lo que pase», le dice a Gui­ta: «Él te ama hoy como te amaba ayer y co­mo te amará mañana». «¿Llegaremos a entender algún día cómo nos ama el Se­ñor?», le pregunta a Andrés Chevignard.

4. ¿Dónde encontraremos a Dios? Él está en todas partes: «Te rodea con su amor», le ex­plica a Ivonne. Y a su mamá: «Mientras tu cuerpo descansa, piensa que Él es el des­canso de tu alma, y que, como a una niña le gusta estarse en los brazos de su ma­dre, así tú encontrarás también tu solaz en los brazos de ese Dios que te rodea por todas partes».
Isabel veía y amaba también a Dios en su pró­jimo y en la naturaleza: «Todo me habla de Él». Pero donde adora a Jesús con un ardor totalmente especial es en la Eucaristía: «Creo que nada expresa mejor el amor que hay en el Corazón de Dios que la Eucaristía». y después, en «el cielo de nuestra alma» ... A la Sra. de Sourdon, madre de Francisca, le dice: «Vivamos con Dios como con un ami­go. Avivemos nuestra fe para unimos a Él en todo lo que hagamos. Así se hacen los san­tos. Llevamos el cielo dentro de nosotros, pues el mismo Dios que sacia a los biena­venturados con la luz de la visión se entre­ga a nosotros por la fe y el misterio. iEs el mismo Dios! Creo que he encontrado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios es mi alma. El día en que comprendí esto, todo se iluminó en mi interior. .. ». Ese «día», Isabel era todavía joven y se movía aún en medio del mundo. Y con ese cielo dentro del alma, tocaba el piano en Château Ches­nel y viajaba por toda Francia.


5. Y con ese Dios íntimamente presente tú puedes hablar. «Sí, cariño -escribe la feliz Isabel a Frambuesa- yo rezo por ti y te guar­do en mi alma cerquita de Dios... Tienes que construirte, igual que yo, una celdita dentro de tu alma. Piensa que Dios está allí, y entra en ella de tanto en tanto... A ti te gustaba mucho sentarte a mi lado y hacerme con­fidencias. Así hay que ir a Él. Si supieses lo bien que nos comprende...»

6. A medida que te vayas acostumbrado a hablar con el Amigo divino, ya no nece­sitarás utilizar un raudal de palabras, sino que lo que digas será más denso, más auténtico, una expresión de tu corazón profundo. Todo, incluso, puede decirse con una mirada atenta, con una sola pa­labra, con una sola frase de apoyo. En ese silencio podrás percibir lo que Dios quiere decirte. Por eso, Isabel insiste en que hay que apren­der a escuchar. «¿Y la meditación? -le pre­gunta a Guita-. Te aconsejo que simplifiques más eso de los libros, que leas un poco me­nos, verás cómo es mucho mejor. Coge el Crucifijo, mira, escucha». «Hagamos silen­cio para escuchar a Quien tantas cosas tie­ne que decimos».

7. En esa oración silenciosa y totalmente ín­tima, Dios acaba tomando el timón en sus manos. Y entonces experimentamos có­mo desde allá adentro, como si fuese des­de lo más hondo del alma, Dios atrae al alma, la hace descansar en Él, la inflama dul­cemente con el fuego de su Espíritu San­to. A veces dura tan sólo un momento, a veces más. Y sucede de manera inespera­da, a lo largo del día o durante el tiempo de­dicado expresamente a la oración. y entonces orar es simplemente abando­narse con atención amorosa en los bra­zos de ese Dios vivo que obra en el alma. Así lo ha experimentado con frecuencia Isabel. Ella se sentía «seducida», «invadi­da», «inundada». Siendo aún una joven de 18 años, anotaba ya en su Diario: «La ora­ción. Cómo me gusta la forma en que tra­ta este tema santa Teresa de Jesús cuando habla de la contemplación, ese grado de oración en el que Dios es quien lo hace todo y nosotros no hacemos nada, en el que Él une nuestra alma tan íntima­mente a sí que ya no somos nosotros los que vivimos, sino que Dios vive en noso­tros, etc. etc. Sí, allí he reconocido los mo­mentos sublimes de éxtasis a los que el Maestro se ha dignado elevarme con frecuencia a mí...».

8. Prestarle atención a Dios durante unos momentos, dirigirle una palabra de amor o de agradecimiento, ofrecerle el trabajo y las alegrías, pedirle ayuda en las dificul­tades y en las inquietudes: esto, según Isa­bel, no cuesta nada. y esta forma de oración puede vivirse en cualquier circunstancia. Y es una oración que está vinculada a la gracia de nuestro bautismo y de nuestra condición de hijos de Dios. Le dice Isabel a Guita: «No te turbes cuando estés muy ocupada, como aho­ra...: se puede orar al Señor mientras se trabaja, basta con pensar en Él. Y enton­ces todo resulta dulce y fácil, porque no tra­bajamos solas y Jesús está ahí>
A la Sra. de Sourdon le recuerda que aque­lla «mejor parte» de la que hablaba Jesús a Marta y María de Betania (Lc 1OA2)«Dios la ofrece a todos los bautizados. Y se la ofre­ce a usted, querida Señora, en medio de sus preocupaciones e inquietudes de madre». Al igual que la Virgen María en Nazaret, también nosotros podemos «divinizar» los quehaceres de cada día.
E Isabel invita a la estudiante Germana Ge­meaux, ferviente idealista, a que lo convier­ta todo en amor: «Por la mañana despertémonos en el Amor. Pasemos el día entregadas al Amor, es decir haciendo la vo­luntad de Dios, bajo su mirada, con Él, en Él y sólo por Él... Y después, cuando llegue la noche, tras un diálogo de amor que no se ha interrumpido en nuestro corazón, durmá­monos también en el Amor».


9. A Isabel le encantaría que adquiriésemos la costumbre de volver los ojos hacia el Se­ñor. Vete poco a poco. Pero con perseveran­cia. Procurando multiplicar gradualmente esos breves encuentros con el Señor. Sus consejos van desde «algunas veces al día», o «de vez en cuando», hasta «con frecuen­cia» y hasta la «unión continua». A su mamá la invita a pensar en Dios «durante cinco mi­nutos tres veces» al día, por la mañana, al mediodía y por la noche. «Piensa que es­tás con Él y trátalo como a alguien a quien se ama. Es muy sencillo: no hacen falta her­mosos pensamientos, basta con dejar ha­blar al corazón». Y la antigua turista le recuerda: «En el tren, no dejes de hacer ora­ción. Es un lugar sumamente apropiado pa­ra ello. Me acuerdo bien».

10. Esa costumbre será una fuente de ale­gría: no es poca cosa tener a Dios por ami­go... A la Sra. de Anglés, cuñada del canónigo y que anda enferma con frecuen­cia, sor Isabel le confiesa: «Voy a confiarle mi "secreto": piense en ese Dios que habita en usted y del cual es templo. Es san Pablo quien habla así, y podemos creerlo. Poco a poco el alma se acostumbra a vivir en su dulce compañía y comprende que lleva en su interior un pequeño cielo donde ha pues­to su morada el Dios del amor. Y entonces se crea una especie de atmósfera divina en la que ella respira».

Pero Isabel sabe que somos pobres ante Dios y no todo lo fieles que quisiéramos ser. Por eso, una ley sagrada es volver siempre a empezar. No nos quedemos en nuestras experiencias y en nuestros sentimientos ne­gativos. No pensemos con desaliento en el ayer. Volvamos a empezar hoy, sabiendo que Jesús es un amigo comprensivo y «ri­co en misericordia por el gran amor con que nos amó» (Ef 2,4: otro texto que le gusta­ba a Isabel).

Hasta un aguilucho como ella, en su ora­ción "Oh Dios mío, Trinidad a quien ado­ro", prevé que pasará por «todas las noches, todos los vacíos y toda mi inepti­tud». Pero en lo más hondo de nosotros el Espíritu de Dios «ora con gemidos inefa­bles», como dice san Pablo (Rm 8,26). Y por eso la música Isabel ofrece su alma para que el "Soplo del Espíritu" pase a través de la flauta de su oración, comenzando da capo sin cesar. En suma, con Isabel apren­demos a escuchar y a cantar, que es la más fructífera de todas las artes. Está en juego la Perla preciosa.


Presentacion Power Point realizada por el P. Rafael León, carmelita descalzo Alabanza

lunes, 23 de junio de 2008

Bendición - Santa Isabel de la Trinidad

Que el Padre te cubra con su sombra
y que esta sombra sea como una nube
que te envuelva y te separe de todo.

Que el Hijo imprima en vos su belleza
para contemplarse en tu alma
como si fuera Él mismo.

Que el Espíritu Santo, que es el Amor,
haga en tu corazón una pequeña hoguera
que alegre con el fuego de su llama
a las Tres Divinas Personas.

Amen


"El centro del alma es la sede del amor
y el lugar de habitación privilegiado de Dios-Trino"

sábado, 7 de junio de 2008

Abandono en Isabel de la Trinidad

Isabel de la Trinidad, llena de fe y de abandono en Dios, vivió en Él como una niña, recorriendo así el camino de infancia espiritual, que con tanta viveza y expresividad dio a conocer santa Teresita del Niño Jesús.

Nuestra Beata tomó en consideración las palabras y enseñanzas de Jesucristo: ¿Quién será el más grande en el reino de los cielos? Él, llamando a si a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo, si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entrareis en el reino de los cielos. Pues el que se humillare hasta hacerse como un niño de estos, ese será e más grande en el reino de los cielos, y el que por mi recibiera a un niño como a este, a mí me recibe (Mt 18.1-15).

Como enseñara el Señor Jesús (cf Mc 9.36-37). Isabel se hizo niña ante Dios, sabiendo que de este modo estaría más cercana al Señor, pues Él mismo la tomaría entre sus manos. Y cuidaría de ella. ¡De ahí su gran confianza y seguridad!...

Isabel se entregó a Dios, se puso en sus manos. A partir de ese momento, su vida ya no era suya, sino de Dios: pertenecía por entero al Señor, y el Señor era suyo, y para ella.¿Qué podía, pues temer? ¿Por qué inquietarse? ¿porqué sufrir?...¡Su Dios y Señor cuidaba de ella! ¡Y ella estaba segura en Él!

En Dios se perdió y desapareció, como se disuelve el azucarillo en el vaso de agua. Perdiéndose, se encontró a si misma. ¡Y así ganó su vida!, pues se realizó en plenitud. ¡Y ganó la vida eterna!...

Llena de confianza y entregada a Dios, Isabel estaba dispuesta a todo cuanto Dios esperara de ella. De esa forma su vida sería fecunda y eficaz, y no se malograría...¡Y abandonada en Dios, alcanzaría la unión perfecta, la comunión de vida, llevando a cabo el matrimonio espiritual, como mujer desposada con Jesucristo.
Alabanza de la Gloria de Dios
Pedro Jesús Lasanta

miércoles, 28 de mayo de 2008

ISABEL DE LA TRINIDAD Un mensaje para hoy

“Sólo se es libre cuando se tiende hacia algo apasionadamente”

Mujer, contemplativa, apasionada por Dios. Isabel, como tantos otros santos, es testigo de la gran riqueza del hombre, de su interioridad habitada y de su profunda dignidad. En un mundo como el nuestro, paradójico y superficial, Isabel apuesta por una revalorización de nuestro ser, y de su núcleo más profundo, del que brotan las decisiones más libres y auténticamente humanas. El hombre de hoy vive de apariencias, y confundido entre un gran almacén de ofertas y de pretendidas libertades, que insensiblemente lo ahogan y esclavizan. El hombre no es feliz.

El hombre de hoy, sumido en la cultura del bienestar, no se halla plenamente satisfecho, pues siempre podrá desear más de lo que la simple comodidad o el consumismo puedan ofrecerle. El hombre, enredado en este océano de ofertas, pierde considerablemente su identidad más profunda. Y es aquí, precisamente, donde el testimonio de Isabel puede ofrecer una palabra de aliento: se puede vivir desde el silencio; y desde una sencilla mirada interior e incluso solitaria, podremos descubrir nuestra verdadera identidad, la cara más humana del hombre.

En esta soledad solidaria que nos muestra Isabel, la persona de hoy podrá percibir que el verdadero sentido de la existencia humana radica en la donación amorosa a su prójimo, o al Otro, desde su ser más genuino, único y auténtico.

Sor Isabel es profeta, y su mensaje es muy válido para el mundo de hoy. Ya lo fue en su tiempo, pero lo sigue siendo ahora, porque Dios está presente en las entrañas más profundas de nuestro ser, y porque Dios no ha muerto, sino que tiene Palabras para el hombre, como las tuvo ayer, y las tendrá hoy y siempre. Y, por esta razón, alabar a Dios con la propia vida es el mayor don que Él mismo nos pudo regalar. Desde la fe, el cielo puede vivirse ya en la tierra.

viernes, 11 de abril de 2008

“Ya no soy yo quien vivo, sino que Cristo vive en mí”

«Que el peso de su amor nos arrastre hasta esa feliz enajenación de que hablaba el Apóstol cuando exclamaba: “Ya no soy yo quien vivo, sino que Cristo vive en mí”. Ese es el ensueño de mi alma de carmelita (...) Yo no ceso de rogar que lo realice plenamente en nosotros. Seamos para con Él una humanidad suplementaria en la cual pueda renovar plenamente su misterio. Le he pedido que venga a mí como Adorador, como Reparador, y como Salvador; no hallo palabras para expresar la paz que siente mi alma al pensar que Él suple a mis impotencias y que si caigo a cada paso, Él está a mi lado para levantarme y arrebatarme más allá, hasta Él, a lo más hondo de esa divina Esencia en la que moramos ya por la gracia y donde quisiera yo engolfarme en tales profundidades que nada sea capaz de sacarme de allí. Allí me estoy en silencio para adorar a Aquél que de modo tan divino nos amó.»

No saber cómo reaccionar ante la caída a cada paso en las propias impotencias, es lo que nos hace salir del camino. La ciencia está en aceptar la caída y reconocer que Él suple a mis impotencias... Él está a mi lado para levantarme y arrebatarme más allá, hasta Él, a lo más hondo de esa divina Esencia en la que moramos ya por la gracia. Y después, quedarse allí en silencio para adorar a Aquél que de modo tan divino nos amó. Hacerse literalmente a un lado para no ser ya nosotros quienes vivamos en esas impotencias, sino que Cristo viva allí, de manera eucarística, su Ser de Adorador, de Reparador y Salvador. Esa es la única manera de volver a ponernos de pie.

Beata Isabel de la Trinidad

miércoles, 2 de abril de 2008

A QUIEN ADORO Y A QUIEN AMO

Leyendo el poema de Isabel de la Trinidad que pongo más abajo pensaba que el mundo hoy nos ofrece tantas cosas para ser felices, para ser alguien, y nos desgastamos corriendo tras ellas. No tenemos tiempo para escuchar a Dios, tampoco nos hacemos el tiempo para escuchar a nuestras familias, amigos, a nosotros mismos. Nos pasamos el día preocupados por miles de cosas, muchas de ellas materiales y de esas, muchas innecesarias. Corremos atrás de triunfar, ser reconocidos, que nos feliciten, nos premien etc.

No tenemos claro, que o quien realmente ocupa el centro de nuestras vidas. A la ligera contestamos “Dios, Jesús, mi familia etc.”, pero en la práctica nos falta mucho.

Jesús es esa perla preciosa que esta a un paso,
solo esperando que la encontremos y atesoremos.
Que sea Jesús el centro de nuestras vidas
y de ahí parta todo lo demás.


A QUIEN ADORO Y A QUIEN AMO
Que en Jesús sólo se ancle mi esperanza
viviendo en medio de este mundo y que,
viviendo en medio de este mundo,
yo no aspire ni mire más que a Él,
¡mi Amor, mi Amigo, divinal refugio!

¡Bondad, Belleza suma, Santo Espíritu!
¡Oh Tú, a quien adoro y a quien amo!
¡Consume con tus llamas este cuerpo,
mi corazón y aun mi alma, oh Paráclito:
humilde esposa de la Trinidad,
que sólo aspira a hacer su voluntad!
Beata Isabel de la Trinidad

sábado, 8 de diciembre de 2007

La virgen María en la vida de la Beata Isabel de la Trinidad.

La Beata Isabel de la Trinidad ha nacido en el seno de una familia muy religiosa. Y uno de los elementos constitutivos de la religiosidad y espiritualidad popular de la familia era la devoción a María, la Madre del Señor.
En la vida de la Beata no encontramos muchos datos sobre las prácticas de devoción mariana que la familia Catez practicaba, pero los pocos datos que nos han llegado son suficientes para hacernos una idea de la importancia que tenía la Virgen María para aquellos buenos cristianos.
Toda la infancia y juventud de la niña y joven Isabel ha estado marcada por la presencia maternal de la Virgen María. Desde muy niña fue consagrada a María y esta consagración la fue renovando en momentos importantes de su vida. Ella misma nos dice que: “…En todas las fiestas de María renuevo mi consagración a esta buena madre. Por eso me he consagrado hoy a Ella y me he arrojado nuevamente en sus brazos con absoluta confianza. Le he encomendado el destino de mi vida” (p.9).
Además de consagrarse a María, Isabel alimenta su espiritualidad mariana de otras muchas maneras. Visita con frecuencia algunos de los santuarios marianos más importantes de Francia, encomienda a la Virgen su vocación al Carmelo, orden eminentemente mariana y se siente identificada con la Madre del Señor por medio de algunas advocaciones marianas muy populares en su tiempo y que ella misma hace propias.

Peregrina en Lourdes

La joven Isabel durante sus años de juventud hizo muchas peregrinaciones a santuarios marianos: a nuestra Señora de Domois, de Fourvières, y, sobre todo, a Lourdes. Visitó este lugar mariano, por lo menos, tres veces. Este lugar era especial para Isabel y siempre que podía se acercaba a su “rincón del cielo”, como así solía llamar Isabel a la gruta de Lourdes. Este rincón del cielo que era para ella un auténtico remanso de paz, un paraíso donde hubiera deseado vivir eternamente.
En las visitas que Isabel Catez realiza a Lourdes siempre presenta a la Virgen sus más íntimas confesiones e intenciones. Pide a María por su vocación carmelitana, por sus familiares y amigos. Le ofrece todo lo que ella es y le pide constantemente que derrame una lluvia celeste de gracias y bendiciones sobre ella y sobre sus seres más queridos. Así se lo escribe Isabel en una carta dirigida a su amiga Valentina Defougues, el 25 de julio de 1898: “Después de Tarbes fuimos a Lourdes, ese rincón del cielo donde hemos pasado tres días deliciosos que sólo se pueden disfrutar allí. Te recordaré mucho ante la gruta. ¡Oh! Si vieras qué momentos más felices se pasan y qué emoción se siente… No había grandes peregrinaciones. Pudimos comulgar en la gruta. Me encanta Lourdes con esa paz…” (Carta. 15).

Lourdes y su vocación Carmelitana

Es sabido que la joven Isabel Catez quería entrar en el Carmelo de la ciudad de Dijon aún siendo muy joven. A esta decisión la señora Catez se opuso rotundamente. Ante esta negativa, por parte de la madre, Isabel sufre mucho en su interior al no poder entrar en el Carmelo lo antes posible. Pero ante la negativa ella no se desanima, todo lo contrario, ofrece esta negativa a la Virgen para que ella vele por su vocación religiosa.
Cuando la madre de Isabel le permita entrar en el Carmelo de Dijon a los 21 años de edad, la joven verá, en esta decisión de su madre, la mano materna de la Madre del cielo que responde con amor a sus sinceras plegarias. Así lo expresa la beata en la poesía 68: “¡ Oh María, gracias! ¡Estoy tan emocionada! Solamente puedo deciros: continuad vuestra obra…” (P. 68).
De manos de la Virgen de Lourdes consigue visitar otro Carmelo que está situado muy cerca de la gruta de las apariciones. Este Carmelo fue fundado en el 1874 e Isabel lo visitó en su primera peregrinación a Lourdes. Le emociona a Isabel la dicha de la religiosa carmelita de Lourdes que todos los días tiene el privilegio de contemplar la sagrada gruta: “Qué feliz eres, alma elegida, ¡Oh Carmelita!, virgen esposa, que puedes rezar desde tu celda, ante esta roca plena de gracias. ¡Oh dulce María!, lirio del Carmelo, Virgen de Lourdes, Madre querida, eres tú la que me habrás logrado la dicha de ser toda de Jesús…” (P. 53).
En la soledad de la gruta y en la soledad del Carmelo Isabel Catez ha encontrado el cielo que andaba buscando en la tierra. Este cielo es Dios Trinidad y el que se encuentra en el centro mismo de su alma y del que quiere ser, en la tierra y en el cielo, alabanza de su gloria.

Misionera de la espiritualidad mariana de Lourdes

Sor Isabel de la Trinidad ha sentido en la gruta de Lourdes la presencia amorosa de la Inmaculada Virgen María. En la bendita gruta confió a María todo lo que ella era, todo lo que anhelaba y deseaba alcanzar en esta vida. Su vocación religiosa, las intenciones de sus familiares, su pureza, los sufrimientos y las angustias de cada día, su última enfermedad e incluso tuvo presente a la Virgen de Lourdes en su muerte.
Esta beata Carmelita ha experimentado y vivido el mensaje de Lourdes en toda su plenitud. Se ha encontrado con la Virgen en la gruta, ha escuchado su mensaje de salvación, ha vivido en la soledad del Carmelo de Dijon todo aquello que experimentó en la soledad de la gruta y ha sido mensajera, con su vida y en sus escritos, del don de gracia que Dios ha derramado, por medio de María, sobre todos los fieles que oran ante la bendita Madre, en la gruta de Lourdes.
A la hermana Isabel de la Trinidad siempre le ha acompañado la Virgen de Lourdes, en sus recuerdos, en sus oraciones, en sus escritos, en su propia celda, donde tenía una pequeña imagen de la Virgen junto a su cama, en el sufrimiento, en el dolor y en la muerte.
Al celebrar el centenario de la muerte de la beata Isabel de la Trinidad, nos comprometemos a profundizar en sus escritos, a dejarnos interpelar por su vida y su mensaje. A descubrir, como ella, la belleza de María que se ha hecho visible en la humildad y pobreza de una oscura, pero luminosa, cueva.
Para Isabel de la Trinidad Lourdes ha significado mucho en su vida espiritual. Este lugar santo, donde la madre del Señor se ha manifestado a los hombres, ha sido para la beata Isabel un lugar privilegiado de oración y de profundo conocimiento del misterio de María en su dimensión Trinitaria, bíblica, litúrgica, eclesial y antropológica.
Por ello quisiera terminar este artículo con palabras de sor Isabel de la Trinidad en las que nos describe lo hermoso y místico que es para ella la gruta de Lourdes. Este texto es parte de una poesía que la beata Isabel escribió el 22 de julio de 1898 a la gruta Lourdes:

“…Salve gruta bendita y solitaria
que haces soñar con el cielo.
Gruta que recuerdas a María,
donde todo es puro, sereno, silencioso.
Lourdes, tierra milagrosa,
anticipo de la morada eterna,
¿No eres acaso rinconcito del cielo
en medio de tu valle tan umbroso?
Me gustaría aquí permanecer,
más de ti tendré que separarme
y ¿cuántos años esto durará?...” (P. 59)

P. Celedonio Martínez Daimiel, o.c.d

miércoles, 7 de noviembre de 2007

El amor nos busca-Isabel de la Trinidad

!Dios no es indiferente a nuestra respuesta! Desea....busca....

El quiere ser el Amigo a quien puedes encontrar siempre. Permanece a la puerta de tu corazón....El espera....¡Abrele! (L174)

El esta ahi cerca de ti, su amor te asedia, Quiere ser el amigo de todos los instantes. Te ayudara en la mision que tienes que cumplir. (L212)

Santa Catalina de Siena gustaba repetirse a si misma en el silencio de su alma: "Se me busca, se me ama." !Y que verdad es! (L199)

Entregaos a esta Plenitud del Amor, "Ser vivo", que desea vivir en vuestra compañia. (L336)

No le dejemos solo en este santuario que es nuestra alma. Pensemos en todo momento que El esta ahi y que necesita ser amado. (L149)

He leido que "el mas santo es el que ama mas, el que mira mas a Dios, y el que satisface mas plenamente las necesidades de su mirada". Que sea este nuestro programa. (L293)

El esta siempre vivo, actuando continuamente en nuestra alma, Dejemonos construir por El, y que El sea el Alma de nuestra alma, la Vida de nuestra vida, de suerte que podamos decir con San Pablo: "Para mi la vida es Cristo" (L145)

Cuanto mas nos damos a Dios, tanto mas el se da a nosotros. cada dia comprendo mas esto. (L236)

Si sientes que la frialdad se apodera de tu corazon, ve a calentarte junto al que es un fuego de amor y que no obra el vacio sino para llenarlo todo....(L159)

Ten la seguridad de que en su amor El tiene sus designios sobre ti, y que si te pide tantos sacrificios, es para darte mucho. (L154)

En su juventud, pareciale que Jesus le decia: Quiero tu corazon, lo amo, lo he escogido para mi. Aspiro al dia en que seas toda mia. ¡Oh, guarda para mi tu corazon! (J124)

Y para devolverte tu amor, me entrego a Ti para siempre. (P 69)

(L128)
Comprendo, Francisca mia, qie necesitas un ideal, es decir, algo que te haga salir de ti misma para llevarte mas alla. Pero mira, solamente existe Uno, y es El, el unico Verdadero. ¡Ah, si le conocieras solo un poco como lo conoce tu Sabeth! Cautiva. Seduce. Bajo su mirada, el horizonte aparece tan bello, tan amplio, tan luminoso... Ya ves, yo le amo apasionadamente, y en El lo poseo todo. A traves de El, a la luz de su radiacion, veo todas las cosas, lo realizo todo. ¿Quieres querida mia, orientarte conmigo hacia ese sublime Ideal? No es una ficcion, es una realidad.

Mira a Magdalena: ¿No quedo ella cautivada?

Dejate prender en las redes del MAestro. ¡Se esta tan bien en ellas!

Me ofrezco a tu amor como victima de holocausto por la salvacion de los pobres pecadores, y te sulico que me hagas martir de este amor. ¡Ah, que el me consuma y me haga morir!....(NI 7)

¡Oh, que feliz me sentiria si mi Maestro quisiera que derramase tambien mi sangre por El! Pero lo que le pido, sobre todo, es ese martirio de amor que consumio a mi santa Madre teresa, a quien la Iglesia proclama "victima de caridad". Y puesto que la Verdad ha dicho que la mayor prueba de amor es dar la propia vida por quien se ama, yo le doy la mia. Suya es desde hace mucho tiempo, para que El haga de ella lo que plazca. Y si no soy martir de sangre, quiero serlo de amor. (L287)

Me regocija inmolarme al Amor por vos, a fin de que ese Dios al que san Pablo llama "Fuego devorador" transforme y dininice todo vuestro ser. (L274)

La vida es algo muy serio: cada minuto que se nos concede es para "enraizarnos" mas en Dios, segun la expresion de san Pablo, para que la semejanza con nuestro divino Modelo sea en nosotros mas fuerte y viva, y la union mas intima. Pero para realizar este plan, que es el del mismo Dios, he aqui el secreto: olvidarnos de nosotros mismos, hacernos a un lado, no tenernos en cuenta, mirar al Maestro, solamente a El, recibir por igual, como venidos directamente de su amor, tanto el gozo como el dolor. ¡Este comportamiento situa al alma en tan serenas alturas!....(L333)

¡Pensar que Dios ha amado tanto, y que las almas se cierran a la accion de este amor! (L185)

Fuente: Sor Isabel de la Trinidad, pensamiento y mensaje, C.de Meester
Anotaciones: L = cartas J= diario espiritual P= poesias NI= Notas intimas

lunes, 15 de octubre de 2007

B Isabel de la Trinidad


Si conocieras el don de Dios

Si conocieras el don de Dios decía una tarde Cristo a la Samaritana. Pero A ¿que don de Dios es ese sino El mismo? El discípulo amado nos dice: Vino a su casa pero los suyos no le recibieron. San Juan Bautista podría dirigir también a muchas almas este reproche: En medio de vosotros está, "en vosotros mismos", el que vosotros no conocéis. A ¡Si conocieras el don de Dios! Hubo una criatura que conoció ese don de Dios; una criatura que no desperdició nada de él; una criatura tan pura, tan luminosa que parecía ser la Luz misma: Speculum justitiae. Una criatura cuya vida fue tan sencilla, tan absorta en Dios que apenas puede decirse algo de ella. Virgo fidelis. Es la Virgen fiel, la que guardaba todas aquellas cosas en su corazón. Ella se consideraba un ser tan insignificante y permanecía tan recogida delante de Dios en el santuario de su alma que atrajo las complacencias de la Santísima Trinidad. Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso me llamarán feliz todas las generaciones...

B. Isabel de la Trinidad