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jueves, 25 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos del Carmelo - Jueves de la 1er semana- Sta. Teresa de Jesus

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

PEDID Y SE OS DARÁ (Mt 7, 7)
Mis peticiones, a veces, no son atendidas, Padre; así haciéndome esperar, me abres al verdadero don.

¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no lleva pensando cómo la pedir, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir: -dadnos, Padre, lo que nos conviene-, pues a quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más?

¡Oh Sabiduría eterna! Para entre Vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo pedisteis en el huerto; mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas dejásteisos en la suya. Mas a nosotros conocéisnos, Señor mío, que no estamos tan rendidos como lo estabais Vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque, según somos, si no nos dan lo que queremos, con este libre albedrío que tenemos no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos.

¡Oh, válgame Dios, qué hace tener tan dormida la fe para lo uno y lo otro, que ni acabamos de entender cuán cierto tendremos el castigo ni cuán cierto el premio! Por eso es bien, hijas, que entendáis lo que pedís en el Paternóster, para que, si el Padre Eterno os lo diere, no se lo tornéis a los ojos, y penséis muy bien si os está bien, y si no, no lo pidáis, sino pedid que os dé Su Majestad luz; porque estamos ciegos y con hastío para no poder comer los manjares que os han de dar vida, sino los que os han de llevar a la muerte, y ¡qué muerte tan peligrosa y tan para siempre!
(Santa Teresa De Jesús. Camino de Perfección, 30, 1-3)

Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Confía en él, y él actuará. Descansa en el Señor y espera en él (Sl 36, 4-5.7).

Cuaresma con los santos del Carmelo - Miercoles de la 1er semana - Sta. Teresa de Jesus

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.



ELLOS SE CONVIRTIERON (Lc 11, 32)

Todo el tiempo pasado lejos de ti, no es un tiempo para ti. Llama a la puerta de mi corazón, Señor, muévelo con tu amor para que se vuelva a ti.

Pasaba una vida trabajosísima, porque en la oración entendía más mis faltas. Por una parte me llamaba Dios; por otra, yo seguía al mundo. Me daban gran contento todas las cosas de Dios; me tenían atada las del mundo. Parece que quería concertar estos dos contrarios tan enemigo uno de otro- como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos sensuales. En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de preceder que llevaba en la oración) sin encerrar conmigo mil vanidades.

Pasé así muchos años, que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración no era ya en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes.

¡Oh, válgame Dios, si hubiera de decir las ocasiones que en estos años Dios me quitaba, y cómo me tornaba yo a meter en ellas, y de los peligros de perder del todo el crédito que me libró! Yo a hacer obras para descubrir la que era, y el Señor encubrir los males y descubrir alguna pequeña virtud, si tenía, y hacerla grande en los ojos de todos, de manera que siempre me tenían en mucho. Porque aunque algunas veces se traslucían mis vanidades, como veían otras cosas que les parecían buenas, no lo creían.

Y era que había ya visto el Sabedor de todas las cosas que era menester así, para que en las que después he hablado de su servicio me diesen algún crédito, y miraba su soberana largueza, no los grandes pecados, sino los deseos que muchas veces tenía de servirle y la pena por no tener fortaleza en mí para ponerlo por obra.

¡Oh Señor de mi alma! ¡Cómo podré encarecer las mercedes que en estos años me hicisteis! ¡Y cómo en el tiempo que yo más os ofendía, en breve me disponíais con un grandísimo arrepentimiento para que gustase de vuestros regalos y mercedes! A la verdad, tomabais, Rey mío, el más delicado y penoso castigo por medio que para mí podía ser, como quien bien entendía lo que me había de ser más penoso. Con regalos grandes castigabais mis delitos.
(Santa Teresa De Jesús. Vida 7, 17-19)

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: Confesaré al Señor mi culpa, y tú perdonaste mi culpa y mi pecado (Sl 31, 5).

martes, 23 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos Carmelitas- Martes de la 1er semana - Sta. Teresa de Jesus.

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

ORAD ASÍ... PADRE NUESTRO (Mt 6, 9)

Por tu Hijo nos revelas que Tú eres nuestro Padre, que somos hijos tuyos, que yo soy el pequeño
sobre el que velas y que te ama. Padre nuestro que estás en los cielos.

¡Oh Señor mío, cómo parecéis Padre de tal Hijo y cómo parece vuestro Hijo hijo de tal Padre! ¡Bendito seáis por siempre jamás!

¡Oh Hijo de Dios y Señor mío!, ¿cómo dais tanto junto a la primera palabra? Ya que os humilláis a Vos con extremo tan grande en juntaros con nosotros al pedir y haceros hermano de cosa tan baja y miserable, ¿cómo nos dais en nombre de vuestro Padre todo lo que se puede dar, pues queréis que nos tenga por hijos, que vuestra palabra no puede faltar? Obligáiste a que la cumpla, que no es pequeña carga, pues en siendo Padre nos ha de sufrir por graves que sean las ofensas. Si nos tornamos a El, como al hijo pródigo hanos de perdonar, hanos de consolar en nuestros trabajos, hanos de sustentar como lo ha de hacer un tal Padre, que forzado ha de ser mejor que todos los padres del mundo, porque en El no puede haber sino todo bien cumplido, y después de todo esto hacernos participantes y herederos con Vos.

Al menos bien veo, mi Jesús, que habéis hablado, como Hijo regalado, por Vos y por nosotros, Y que sois poderoso para que se haga en el cielo lo que Vos decís en la tierra. Bendito seáis por siempre, Señor mío, que tan amigo sois de dar, que no se os pone cosa delante.

Pues ¿paréceos ahora que será razón que, aunque digamos vocalmente esta palabra, dejemos de entender con el entendimiento, para que se haga pedazos nuestro corazón con ver tal amor? Pues ¿qué hijo hay en el mundo que no procure saber quién es su padre, cuando le tiene bueno y de tanta majestad y señorío? Aun si no lo fuera, no me espantara no nos quisiéramos conocer por sus hijos, porque anda el mundo tal que si el padre es más bajo del estado en que está el hijo, no se tiene por honrado en conocerle por padre.

¡Oh, válgame Dios! y que hay aquí en qué os consolar, que por no me alargar más lo quiero dejar a vuestros entendimientos; que por disparatado que ande el pensamiento, entre tal Hijo y tal Padre forzado ha de estar el Espíritu Santo, que enamore vuestra voluntad y os la ate tan grandísimo amor, ya que no baste para esto tan gran interés.
(Santa Teresa De Jesús. Camino 27)

Encontré a David mi siervo. El me invocará: Tú eres mi padre, mi Dios, mi roca salvadora, y yo lo nombraré mi primogénito (Sl 88, 21.27-28)

lunes, 22 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos del Carmelo - Lunes de la 1ra semana de Cuaresma. B. Francisco Palau

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

HACEDLO A UNO DE ESTOS PEQUEÑOS (Mt 25, 40)

La simpatía no es caridad, pero puede conducir a ella. Condúceme, Señor; más allá de las apariencias. Conviene salir de la casa del amor propio espiritual para ser toda de Dios y en Dios. La oración por las necesidades de la Iglesia sea corta y frecuente y, en lo demás, ocúpate del bien de los prójimos. Ocuparte en bien de los otros por Dios es cuidar de Dios, y cuidar de Dios en su cuerpo moral, es ser en verdad de Dios. Para la vida solitaria es necesario tener gran comercio con Dios, relativo a los asuntos de la salvación de los hombres. Eso es lo último de la perfección. Ora a ratos por las necesidades del cuerpo llagado de Jesucristo y ocúpate enteramente en la salvación de los otros. Ese es tu camino. Ocupándote del bien de los otros, ordenarás tus fuerzas, tus virtudes, tu tiempo, tu vida a la salvación del prójimo. Estas virtudes, para que sean verdaderas perlas y piedras preciosas que brillen en el templo de Dios, es necesario que pasen por manos de muchos artífices que las pulirán al fuego y a golpes de martillo. Quiero decir, que para que lo que hacemos en bien de los otros sean virtudes sólidas, es necesario que concurran muchas circunstancias que las hagan buenas.
Ten siempre ante tus ojos que la perfección consiste en el cumplimiento del precepto del amor: Amar a Dios y a nuestros prójimos. No olvides que, en cuanto al amor del prójimo, los que más hacen son aquellos que con el tiempo y con grandes trabajos se han hecho dignos de asistir a aquel gran consejo, compuesto en el cielo, de los ángeles de la primera jerarquía y de aquellos espíritus de la Iglesia militante que asisten a él para el arreglo de los asuntos de la salvación de los hombre.

Para ser admitida en él es necesario te ejercites en la salvación de los prójimos, haciendo por ellos obras de caridad: hazles bien, no les hagas mal; aquí tienes los preceptos de la ley que has de meditar y practicar.

(Beato Francisco Palau, Carta 4. Obras Selectas, pp. 638-639)

Yo daré gracias al Señor con voz potente, lo alabaré en medio de la multitud: Porque se puso a la derecha del pobre, para salvar su vida de los jueces (Sl 108, 30-31)

domingo, 21 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos del Carmelo - 1er Domingo de Cuaresma - S Juan de la Cruz

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.


PARA SER TENTADO (Mt 4,1)

Si las pruebas purificadoras del camino verifican mi amor por tí, entonces conoceré la íntima unión contigo.

¡Oh almas que queréis andar seguras y consoladas en las cosas del espíritu! Si supiéseis cuánto os conviene padecer sufriendo para venir a esa seguridad y consuelo, y cómo sin esto no se puede venir a lo que el alma desea, sino antes volver atrás, en ninguna manera buscariais consuelo ni de Dios ni de las criaturas; mas antes llevaríais la cruz, y, puestos en ella, querríais beber allí la hiel y vinagre puro (Jn 19, 29), y lo hariais a grande dicha, viendo cómo, muriendo así al mundo y a vosotros mismos, viviríais a Dios en deleites de espíritu y, si sufriendo con paciencia y fidelidad lo poco exterior, mereceríais que pusiese Dios los ojos en vosotros para purgaros y limpiaros más adentro por algunos trabajos espirituales más adentro, para daros bienes más adentro.

Porque muchos servicios han de haber hecho a Dios, y mucha paciencia y constancia han de haber tenido por él, y muy aceptos han de haber sido delante de él en su vida y obras a los que él hace tan señalada merced de tentarlos más adentro, para aventajarlos en dones y merecimientos, como leemos del santo Tobías (Tob 12, 13), a quien dijo san Rafael: Que, porque había sido acepto a Dios, le había hecho aquella merced de enviarle la tentación que le probase más, para engrandecerle más. Y así, todo lo que le quedó de vida después de aquella tentación, lo tuvo en gozo, como dice la Escritura divina (14, 4). Ni más ni menos vemos en el santo Job que, en aceptando que aceptó Dios sus obras delante de los espíritus buenos y malos, luego le hizo merced de enviarle aquellos duros trabajos para engrandecerle después mucho más, como hizo multiplicándoles los bienes en lo espiritual y temporal (Job 1, 2; 42, 12).

De la misma manera lo hace Dios con los que quiere aventajar según la ventaja principal, que los hace y deja tentar para levantarlos todo lo que puede ser, que es llegar a la unión con la sabiduría divina, la cual, como dice David (Sal 11, 7), es plata examinada con fuego, probada en la tierra, es a saber, de nuestra carne, y purgada siete veces, que es lo más que puede ser. Y no hay para qué detenernos más aquí en decir qué siete purgaciones sean éstas y cuál cada una de ellas para venir a esta sabiduría, y cómo las responden siete grados de amor en esta sabiduría, la cual todavía le es al alma como esta plata que dice David, aunque más unión en ella tenga; mas en la otra le será como oro.

Conviénele, pues, al alma mucho estar con grande paciencia y constancia en todas las tribulaciones y trabajos que la pusiere Dios de fuera y de dentro, espirituales y corporales, mayores y menores, tomándolo todo como de su mano para su bien y remedio, y no huyendo de ellos, pues son sanidad para ella, tomando en esto el consejo del Sabio (Ecle 10, 4), que dice: Si el espíritu del que tiene la potestad descendiere sobre ti, no desampares tu lugar (esto es, el lugar y puesto de tu probación, que es aquel trabajo que te envía); porque la curación dice hará cesar grandes pecados, esto es, cortarte ha las raíces de tus pecados e imperfecciones, que son los hábitos malos, porque el combate de los trabajos y aprietos y tentaciones paga los malos hábitos malos e imperfectos del alma y la purifica y fortalece. Por lo cual el alma ha de tener en mucho cuando Dios la envía trabajos interiores y exteriores, entendiendo que son muy pocos los que merecen ser consumados por pasiones, padeciendo a fin de tan alto estado.

(San Juan De La Cruz. Llama de amor viva, 2, 28-30)

Lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la ribulación, lo defenderé, lo glorificaré (Sl 90, 14-15)

sábado, 20 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos de Carmelo - Sabado despues de ceniza - Isabel de la Trinidad

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

LOS PECADORES... QUE SE CONVIERTAN (Lc 5, 32)

Ante el abismo de mi pobreza, Tú me haces descubrir, Señor; la grandeza de tu amor que me libera. ¿Cómo no realizar actos de adoración cuando nos sumergimos en el abismo de la misericordia y cuando nuestra alma contempla el hecho de que Dios ha borrado nuestros pecados?. El lo ha dicho: Soy yo quien borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías (Is. 43, 25).

El Señor, impulsado por su misericordia, ha querido que nuestros pecados actúen contra ellos mismos y ha descubierto el medio de que nos sean útiles, poniéndolos en nuestras manos como instrumentos de salvación. Pero esto no debe disminuir para nada nuestro temor de pecar, ni nuestro dolor de haber pecado. De todos modos, nuestros pecados se han convertido para nosotros en fuente de humildad...

Cuando el alma considera en el fondo de su ser, con ojos abrasados de amor, la inmensidad divina, su fidelidad, sus pruebas de amor, sus beneficios que nada pueden añadir a su felicidad, y luego, contemplándose a sí misma, ve las ofensas que ha cometido contra la inmensidad de Dios, retorna al fondo de su propio ser despreciándose tan profundamente que no sabe cómo detestar su culpa.
Lo mejor que puede hacer es lamentarse ante el Señor, su amigo, de su incapacidad de desprecio para humillarse tanto como ella quisiera.

Si alguien me dijera que haber tocado el fondo es sumergirse en la humildad, yo nunca se lo desmentiría. Me parece, sin embargo, que estar inmerso en la humildad es sumergirse en Dios, pues Dios es el fondo del abismo... por eso la humildad como la caridad es siempre susceptible de perfección.

Puesto que ese fondo de humildad es el vaso que se necesita, el vaso capaz de recibir la gracia divina y donde Dios quiere verterla, seamos humildes.

El humilde ni elevará a Dios demasiado alto, ni él mismo descenderá demasiado bajo. Pero surge entonces este hecho maravilloso: su impotencia se transformará en sabiduría y la imperfección de su acto que considera siempre insuficiente, se convertirá en el mayor placer de su vida. Quien posee un fondo de humildad no necesita demasiadas palabras para instruirse. Dios le revela muchas más cosas que otros pudieran enseñarle. Los discípulos de Dios se encuentran en esta situación.

(Beata Isabel De La Trinidad. Obras Completas, pp. 153-154)

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia, por tu gran compasión vuélvete hacia mí; no escondas tu rostro a tu siervo: estoy en peligro, respóndeme enseguida (Sl 68, 17-18)

Cuaresma con los Santos del Carmelo - Viernes despues de Ceniza - Isabel de la Trinidad

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

LA BODA... EL ESPOSO (Mt 9, 15)

Soy todo tuyo, como Tú eres todo mío en el secreto de mi corazón.

Una Carmelita, querida mía, es un alma que ha contemplado al divino Crucificado, que le ha visto ofrecerse como víctima a su Padre por las almas y reflexionando a la luz de esa gran visión de la caridad de Cristo, ha comprendido la pasión de amor de su alma y se ha entregado como El. En la montaña del Carmelo, sumergida en el silencio, en la soledad y en una oración ininterrumpida, pues se prolonga a través de todos sus actos, la Carmelita vive ya como en el cielo, solamente de Dios. Ese mismo Dios que será un día su felicidad y la saciará plenamente en la gloria, se le entrega ya en este mundo. Nunca la abandona y habita dentro de su alma. Aún más; los dos son Uno. Por eso, la Carmelita está hambrienta de silencio para escuchar siempre y penetrar cada vez más en su Ser infinito. Está identificada con Aquel que es su amor. Le encuentra en todas partes y descubre su irradiación divina en todas las cosas.

¿No es esto el cielo en la tierra? Pues ese cielo, Hermanita mía, lo llevas en tu alma. Tú puedes ser ya una Carmelita porque Jesús reconoce a la Carmelita en su interior, es decir, en su alma. No le dejes nunca. Realiza todas las cosas bajo su mirada divina. Permanece alegre en su paz y en su amor, siendo la felicidad de los tuyos. El, ya se te dice que tú misma eres el aposento donde El mora y el retrete y escondrijo donde está escondido; que es cosa de grande contentamiento y alegría para ti ver que todo tu bien y esperanza está tan cerca de ti, que está en ti, o por mejor decir, tú no puedes estar sin él.

Esta es la vida del Carmelo: vivir en El. Entonces todas las inmolaciones, todos los sacrificios quedan divinizados. El alma descubre, a través de todas las cosas, a Aquel a quien ama y todo la lleva a El. Se trata de un diálogo cordial ininterrumpido con El. De este modo tú puedes ser ya Carmelita en espíritu.

Ama el silencio y la oración porque constituyen la esencia de nuestra vida carmelitana. Pide a la Reina del Carmelo, nuestra Madre, que te enseñe a adorar a Jesús en profundo recogimiento. Ella ama tanto a sus hijas del Carmelo... Es su Orden predilecta y Ella es nuestra Patrona.

Invoca también a nuestra seráfica Madre Santa Teresa. Amó tanto que murió de amor. Pídele ese amor apasionado que sintió por Dios y por las almas, pues la Carmelita tiene que ser un apóstol. Todas sus oraciones y todos sus sacrificios están orientados a este fin.
¿Conoces a San Juan de la Cruz? Es nuestro Padre. Que profundamente penetró en el conocimiento de Dios. Antes que de él, debía haberte hablado de San Elías, nuestro primer Padre. Observarás que nuestra Orden es muy antigua pues se remonta hasta los Profetas. ¡Ah! Cuánto me agradaría poder cantar todas sus glorias.

(Beata Isabel De La Trinidad. Cartas 116 y 118. Obras Completas, pp. 372 y 376)

El Señor reina, ¡démosle gloria! Porque han llegado las bodas del Cordero; y su esposa se ha adornado (Ap 19, 6-7)

jueves, 18 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos del Carmelo / Jueves despues de Ceniza - S. Juan de la Cruz

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

QUIEN QUIERA VENIR DETRÁS DE MÍ (Lc 9,23)

Escondido a mis ojos de carne,
te descubro en el amor;
pero es de noche.
Sin arrimo y con arrimo,
sin luz y a oscuras viviendo,
todo me voy consumiendo.

Mi alma está desasida
de toda cosa criada,
y sobre sí levantada,
y en una sabrosa vida
sólo en su Dios arrimada.
por eso ya se dirá
la cosa que más estimo,
que mi alma se ve ya
sin arrimo y con arrimo.

Y, aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal,
no es tan crecido mi mal,
porque, si de luz carezco,
tengo vida celestial;
porque el amor da tal vida,
cuando más ciego va siendo,
que tiene el alma rendida,
sin luz y a oscuras viviendo.

Hace tal obra el amor
después que le conocí,
que, si hay bien o mal en mí,
todo lo hace de un saber,
y al alma transforma en sí;
y así, en su llama sabrosa,
la cual en mí estoy sintiendo,
apriesa, sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo.

(San Juan De La Cruz. Poema 11. Obras Completas, p. 78)

Alzo mi voz a Dios gritando. De noche extiendo las manos sin descanso. De noche lo pienso en mis adentros, y, meditándolo me pregunto: ¿Es que el Señor nos rechaza para siempre? (Sl 76, 2-3.7-8)

martes, 16 de febrero de 2010

Cuaresma con los santos del Carmelo- Isabel de la Trinidad

Este es el tiempo favorable. Convertíos y creed en la Buena Noticia. Ha llegado el Reino de Dios.

MIÉRCOLES DE CENIZA - TU PADRE ESTÁ EN LO SECRETO (Mt 6,6)
Estás en lo más íntimo de mí mismo, Señor. Descúbreme tu presencia escondida.

Pide, querida hermanita, pide para que seamos santas, para amarle con aquel amor con que los santos sabían amar. Permanezcamos siempre unidas al pie de la cruz. Permanezcamos silenciosas ante el divino Crucificado y escuchémosle. Él nos comunicará todos sus secretos. Es Él quien nos conducirá al Padre, a Aquel que de tal manera amó al mundo, que entregó a su Hijo único (Jn 3, 16).

Pido por ti y te guardo en mi alma junto al Señor, en ese pequeño e íntimo santuario donde le encuentro a cada hora del día y de la noche. Nunca estoy sola. Mi Cristo está allí siempre orando en mí y yo orando con Él.

Me haces sufrir, Francisca mía. Comprendo perfectamente que eres desgraciada pero te aseguro que es por tu culpa. Tranquilízate. No te creo loca pero sí nerviosa e hipersensible. Cuando pasas por esas crisis, haces sufrir a tus familiares. ¡Oh, si pudiera enseñarte el secreto de la felicidad como me lo ha enseñado el Señor!... Dices que yo no tengo preocupaciones ni sufrimientos. Soy ciertamente muy feliz. Pero si vieras cómo también se puede ser feliz en las contradicciones Necesitamos mirar siempre al Señor. Hay que esforzarse al principio, cuando todo se subleva en nuestro interior, pero lentamente, a base de paciencia y con la ayuda del Señor, se logra triunfar.

Tienes que construirte, como he hecho yo, una celdita dentro de tu alma. Piensa que el Señor está allí. Entra frecuentemente en ella. Cuando estés nerviosa, cuando te consideres una desgraciada, recógete rápidamente en ella y confíaselo todo al divino Maestro. ¡Ah, si le conocieses un poco! La oración no te aburriría. Es un descanso, un reposo. Es acercarse con toda sencillez a Aquel a quien se ama. Es permanecer junto a El como un niño en los brazos de su madre, dejando que el corazón se expansione. Así tenemos que acercarnos a El. Si supieras lo comprensivo que es Si conocieras esto no sufrirías más.

(Beata Isabel De La Trinidad. Cartas 51 y 189. Obras Completas, pp. 278 y 491)Acoge las palabras de mi boca, el deseo de mi corazón; que permanezcan delante de ti, Señor, mi roca, mi defensor (Sl 118, 13)

domingo, 12 de abril de 2009

Felices Pascuas 2009


Triunfo de la vida


Viene la Magdalena por el sendero,
hay una tumba abierta y un jardinero.
Alguien dice su nombre y la Magdalena
siente que se terminan todas sus penas.


Este es el triunfo lindo,muerte vencida,
triunfo de Dios y el hombretriunfó la vida.

Juan y Pedro corriendo hacia su gente
llevan la gran noticia del Dios viviente.
Venga Tomás y toque llagas y heridas,
créale a los demás, crea en la vida.


Hacia Emaús conversan los dos vecinos,
mientras se acerca a ellos un peregrino.
Cuando se parte el pan, anochecido,
hay un Cristo viviente reconocido.


Larga noche sin pesca y los pescadores
echan redes cansadas de sus labores,
Qué cantidad de peces, cruje la quilla,
es el Resucitado, que está en la orilla.

sábado, 11 de abril de 2009

Con Maria esperamos la resurreccion

“Sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes” Lc 1,52

María, en su canto del Magnificat, pone de manifiesto que los pobres tienen muchos motivos para alegrarse porque Dios glorifica a los pobres y abaja a los orgullosos. María, al hacerse sierva, expresó la confianza más absoluta en el Dios redentor. En ella vemos al pobre que viene exaltado. En su “he aquí la esclava del Señor”, María da un consentimiento total al proyecto de Dios y se hace disponible para la misión que Dios le encomienda. Por eso la llamarán bienaventurada, “por eso todos los hombres dirán que soy feliz” (Lc 1,48)

En el Magnificat el Evangelista Lucas interpreta los hechos anteriores a la Pascua con la luz que brota de ella: la luz es la RESURRECCION de Jesús. Jesús, que asumiendo el papel de siervo, puso su total confianza en el Padre y asumió la misión de Salvador en la Cruz. Por eso fue exaltado, por eso fue resucitado por el Padre, porque “siendo de condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, tomando la condición de servidor, y llegó a ser semejante a los hombres. Más aún: al verlo, se comprobó que era hombre. Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció” (Fil. 2,6-9).

El “sí” de María es anterior al “sí” de Jesús, es decir, el cumplimiento de su misión de madre posibilita la misión del Hijo. Por eso ella es glorificada como el Hijo y, nosotros sus hijos, los que andamos dispersos, los marginados y víctimas de toda clase de opresión (la injusticia, el pecado la enfermedad) tenemos la posibilidad de subir, de ser glorificados como la Madre y el Hijo, si, como ellos, asumimos el papel de siervos, damos nuestro consentimiento al proyecto de fraternidad y de justicia que Dios nos propone y nos hacemos disponibles para esa misión de ser luz en medio de las tinieblas.

Celebramos la Pascua: el paso de la muerte a la vida, el triunfo del SIERVO y de la SIERVA, la esperanza de los pobres, de los que son capaces de confiar completamente en la bondad de Dios y hacerse disponibles para la misión que de ser luz, testigos de la fraternidad y promotores de la justicia.

viernes, 10 de abril de 2009

Viernes Santo.....Con Maria

“Mujer, ahí tienes a tu hijo” Jn 19,26

María, como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II, “ avanzó en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. Jn 19,25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado; y finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jesús agonizante en la cruz como madre al discípulo con estas palabras: Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Constitución sobre la Iglesia, 58)

María está presente en el momento de la Cruz, pero no es llamada por su nombre: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre” (Jn 19,25). Jesús la llamará “mujer”: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). El llamarla desde la cruz “mujer”, tiene profundas resonancias comunitarias: la muerte de Jesús es comprendida por la Iglesia primitiva como lo que “va a reunir en la unidad a los hijos de Dios que andaban dispersos” (cfr. Jn 11,51-52). Los dispersos en el evangelista Juan son los marginados y víctimas de toda clase de opresión (la injusticia, el pecado, la enfermedad), que serán reunidos en la nueva comunidad del reino. Así como Jerusalén, la ciudad santa por la que suspiraban todos los dispersos, es representada muchas veces como “mujer-madre” de Israel y de las naciones reunidas en el templo que surgía dentro de sus murallas, María junto a la cruz, al ser llamada “mujer” por Jesús, aparece como la nueva Jerusalén, la “mujer”, la madre que reunirá a todos los dispersos –representados en el discípulo amado- en el nuevo templo que es el cuerpo de su Hijo muerto y resucitado a quien ella revistió de nuestra carne en su seno maternal. El seno de Jerusalén es ahora el seno de María.

El Viernes Santo, aunque teológicamente no lo sea, es el día más santo y más importante para nuestro pueblo creyente, así como María tiene para el pueblo sencillo una importancia vital mayor que la de Jesús. Aunque se conocen pocos datos sobre su vida, ella no deja de ser la madre, la dulzura, aquella a la que siempre podemos recurrir, la que entiende nuestras aflicciones y sufrimientos, la que nos consuela y protege. Por eso hoy en nuestras reflexiones resaltamos la figura de María.

Para los pobres hoy, lo importante es salvar la vida, el derecho a existir con un mínimo de dignidad. María tiene que ver con sus hijos que lloran de hambre, que desesperadamente buscan un empleo, que son desplazados, que son plagiados, que agonizan, que son injustamente condenados. Ella es alivio y compañía. Ella nos introduce en el misterio de la cruz, en el misterio de la muerte de Cristo: A Jesús por María!

jueves, 9 de abril de 2009

Jueves santo con Maria

“Hágase en mí lo que has dicho” Lc 1,38

María en el momento de la Anunciación, después de manifestar su turbación: “no temas, María” (Lc 1,30), después de haber reflexionado: “estas palabras la impresionaron muchísimo y se preguntaba qué querría decir ese saludo” (Lc 1,29), y después de haber pedido explicaciones : “¿Cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre?” (Lc 1,34), hechos que revelan su deseo de discernir los caminos del Señor y de seguirlos, pronuncia su “sí” incondicional. Declarándose “servidora del Señor”, María expresa la comprensión del momento que vive y obedece a la voluntad que Dios ha establecido sobre ella. En ese momento consagra su vida, simbolizada en la entrega de su cuerpo - el mayor patrimonio del pobre - para que en él Dios realice su designio.

Jesús, en el momento del Getsemaní, después de manifestar su turbación: “comenzó a sentir temor y angustia” (Mc 14,33), después de haber reflexionado: “siento en mi alma una tristeza mortal” (Mc 14,34), y después de haber pedido explicaciones : “Abbá, o sea Padre: para ti todo es posible; aparta de mí esta copa” ( Mc 14,36), situaciones que revelan su deseo de discernir la voluntad del Padre y de cumplirla, pronuncia su “sí” incondicional: “Pero no: no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieras tú” (Mc 14,36). Jesús, como María, asumiendo el papel de siervo, expresa en su “sí” la comprensión del momento que vive y obedece la voluntad que Dios ha establecido sobre El. En ese momento entrega su vida, simbolizada en la entrega de su cuerpo – el mayor patrimonio del pobre – para que el Padre realice en él su designio.

En la Cena, cuya memoria y actualización celebramos hoy solemnemente, Jesús anticipa su muerte. Su cuerpo masacrado y su sangre derramada, nos los entrega hechos pan y vino. Lavando los pies a los discípulos y mandándoles a que ellos lo hagan mutuamente, nos invita al amor fraterno que se expresa en el servicio mutuo.

María parece estar ausente en este momento sublime de la entrega y de la promulgación del mandamiento del amor. Pero no: está hecha memoria y ejemplo para Jesús. Ella le enseñó el servicio humilde y la entrega, la donación total del propio cuerpo, de la vida, sin reserva y sin medida. Con el “sí” de María, anterior al “sí” de Jesús, el cuerpo que hoy se hace pan tuvo la posibilidad de ser cuerpo.

Que María nos ayude a comprender, a vivir y a saber actualizar en el amor y el servicio mutuo, este misterio de amor que es la entrega del cuerpo y de la sangre de Jesús, simbolizado en la Eucaristía, cuya memoria solemne celebramos hoy Jueves Santo.

“María y la Ultima Cena”

En esta noche santa, noche de adoración silenciosa del misterio, queremos frente al Dios hecho Pan, orar una hora con María. Que ella, Madre de Dios y Madre nuestra, Madre del pueblo, guíe nuestra oración, disponga nuestro corazón y nos introduzca en la contemplación del amor eterno simbolizado en la entrega de Jesús.

I. “¿DÓNDE ESTABAS, MARÍA?”

¿Dónde estabas, María, aquella tarde, cuando Jesús quería, con sus amigos, por vez postrera , comer la Cena, Cena de Pascua? Cierto es que estabas, romera y peregrina, cerca del Templo, ¿como buena judía?, ¿o como la madre buena, que intuyendo el peligro, buscabas afanosa, como hacía muchos años, al pequeño perdido? Dinos, María, ¿verdad que tú sabías que lo buscaban? ¿verdad que El no sabía que lo buscabas? ¿Quién te lo reveló? ¿Acaso un ángel? ¿Volvió el Angel Gabriel para decirte: “corre, María, que el Hijo está en peligro”? ¿o fue sólo tu intuición de madre? Pero en Jerusalén andabas, ¿verdad, María?

Perdona, te pregunto: aquella tarde, ¿dónde estabas, María, aquella tarde? Porque de algo, seguro, sí que estamos: si El lo hubiera sabido, si lo hubieras hallado, con El hubieras compartido la Cena, o acaso, ¿te lo hubieras llevado? ¿Dónde estabas, María, aquella tarde?

Yo estaba, sí, y lo estaba buscando, yo lo sabía, porque una espada, comenzaba con fuerza a traspasarme el alma. Yo lo sabía. Las madres no necesitan que les digan si el alma del hijo está agitada, o su vida en peligro.

Y sabía dónde estaba, sabía dónde estaba, pero yo no quería que ninguno me viera. Bastante ya tenía mi Jesús con la pena de estar con los amigos en la Ultima Cena, bastante ya tenía con la traición de Judas; yo le había dicho que dudara de ese hombre que la última vez que pasó por mi casa no me miró a los ojos, ni pronunció mi nombre. Bastante ya tenía con la cruz que llegaba,
la cruz que había soñado de pequeño y cuando la pensaba, turbado buscaba refugio acá en mi seno. Yo estaba, sí, pero sólo quería, sin que me viera, sin pronunciar palabra, estar junto a la cruz cuando la lanza le rompiera el costado y a mí la espada entera me traspasara el alma.

II. “¿TÚ, QUÉ SABÍAS, MAESTRO?”

¿Tú, qué sabías, Maestro, aquella tarde? ¿sabías que María te buscaba? ¿sabías que tu madre se escondía, para que no la vieras conmovida y llorosa, pues sólo pretendía acompañarte, de lejos y en silencio, agravando su pena, sin aumentar la tuya? Cuéntanos qué sabías: ¿sabías de su angustia, o acaso la tuya era tan grande que no te daba campo para pensar en ella? Si te hubiera encontrado, o si la hubieras visto, ¿qué sentimiento te habría sobrecogido? ¿el temor de que a ella también le hicieran algo? ¿aumentado tu miedo? ¿aliviada tu angustia? ¿vergüenza al sentirte descubierto, por ella, tan decidida y fuerte como siempre, y tú tan decidido pero también tan frágil? Y una pregunta más: Maestro, ¿la hubieras invitado?, ¿era cosa de hombres? La que estuvo contigo en tantas Pascuas, ¿no podía acompañarte en la Ultima Cena?

Yo todo lo sabía... casi todo. Que la terrible hora había llegado, sabía de la traición, el beso de Judas me quemaba, por el Gólgota había paseado, había contemplado el lugar del patíbulo,
y había repasado muchas veces ese discurso largo para la despedida. Y entre los tantos gestos para mostrarse humildes, pensé en las ocasiones que mi madre lavándome los pies me los besaba. Sabía exactamente lo que es sentir el miedo y el sentirse cansado. Sabía que en unas horas todo habría terminado, sabía que mi Padre no cambiaría el designio, y estaba, sí, agitado y enormemente triste!

Yo todo lo sabía... casi todo. Sabía de soledad, de desaliento, y en la agonía de este último envión
me sostenía la confianza en mi Padre y el recuerdo de mi madre María. Que ella me pensaba, lo sabía! Que me extrañaba , lo sabía! Que me esperaba... ¿cuándo no me esperaba? lo sabía!
y si quieren saberlo, no la hubiera invitado, ¿quién invita a la muerte? Pero que me buscaba entonces...no lo sabía! Que no quería mostrarse...no lo sabía! Que no quería que yo la viera...no lo sabía! Pero por otra parte, yo la sentía conmigo, la sentía presente, preparando la mesa y esperando a que entregara el cuerpo como ella lo había hecho, como me había enseñado,
cuando dijo que sí y fue toda de Dios y toda nuestra, cuando me dio su cuerpo para que yo pudiera ser el “Dios con nosotros”: Mi madre sí que estaba en la Cena!

III. “Y USTEDES, DISCÍPULOS, ¿QUÉ HACÍAN?

Y ustedes, discípulos, qué hacían? ¿qué hacían aquella tarde? ¿Intuían, más allá de la fiesta, la tragedia cercana? ¿La cara del Maestro era la misma? ¿De veras la miraban? Era la vez primera que celebraban juntos a la sombra del Templo, en la Jerusalén de las promesas, la capital sagrada, ¿por sus mentes pasaba que esa Cena, era la Ultima Cena? ¿O era mejor libar y el no ser inculpados de traidores? ¿Verdad que no entendían las palabras ni el signo? ¿Verdad que nunca dieron importancia al discurso de cruces y de muertes y de resurrecciones? ¿Verdad que en el camino de Jesús a la muerte, ustedes discutían quién sería el primero? ¿Verdad que en esa Cena comieron y bebieron, pero sin entender y embotados de vino, en vez de orar con Jesús en la hora del huerto, bien pronto se durmieron? ¿Verdad que se escondieron? ¿Verdad que las promesas de seguirlo, fueron sólo palabras que las borró su miedo? ¿Pensaron en María? Si la encontraron, ¿qué le dijeron?

Todo fue cierto, sí, y arrepentidos luego lloramos. El discurso era duro, muchos se retiraban;
y nosotros, discípulos, teníamos miedo, miedo de preguntar; sólo sabíamos que El era bueno,
y era tan bueno con el Maestro estar... nos sentíamos grandes, con Él no éramos pobres,
muchos nos envidiaban y a nosotros el sentirnos famosos nos gustaba. Nunca entendimos claro lo del viaje a la muerte: acostumbrados a sus historias y a sus parábolas, pensamos ingenuamente que esas palabras no eran más que otro ejemplo. Pero el pan de esa Cena...y ese vino, quemaban.
Fuimos cobardes. Desde la multitud callábamos. De todos sólo uno arriesgó con María. La vimos desde lejos y corrimos en dirección contraria.. Se quedó sólo uno... Huimos en la prueba. Avergonzados, perdida la esperanza, nos sentimos perdidos. Pero venció a la muerte y fueron las mujeres las primeras que vieron el sepulcro vacío. Allí estaría María. Nosotros, poco a poco, nos fuimos transformando. El no tuvo reproches. Con ella, con María, recibimos la fuerza de su Espíritu Santo y, convertidos, nos hicimos testigos. Esto es lo que hacemos y eso fue lo que hicimos.

IV. ¿Y DE NOSOTROS, QUÉ?

¿Y de nosotros, qué? Ya sabemos la historia de la Ultima Cena: dónde estaba María, lo que sabía el Maestro, lo que hacían los discípulos. ¿Y de nosotros, qué? Hoy también el Maestro está presente, porque su sacrificio fue único y por siempre. Hoy se ha actualizado ese momento
en nuestras coordenadas tan diversas, en nuestra historia y en nuestro templo. ¿Sabemos lo que hacemos? Si entendemos , como María “la ausente”, la gravedad del momento, presurosos, acabada la Cena, ¿vamos para Getsemaní y para el Calvario? O terminada, ¿saldremos inconscientes a dormir y a escondernos?



Se trata de arriesgar, porque el Maestro agoniza en la cruz vilipendiado, y la dignidad que le queda es la presencia de su madre María, otras mujeres, y del discípulo “al que más quería”.
Actualizar la Cena es compromiso con los nuevos crucificados de la historia, presencia firme ante las nuevas cruces, con generosidad rayana en el martirio. Actualizar la Cena es estar con María
en actitud valiente y silenciosa, ante el dolor, misterio de pobreza, fuente de salvación y nueva vida.

Allí estabas, María, no habría Cena sin ti, El te sentía. Tu presencia, más real que la todos los discípulos, fue la fuerza ejemplar que sostenía al próximo a morir. Tu bebiste del cáliz, con El, gota por gota. Tú que le diste cuerpo de tu vientre, en tu regazo volviste a recibirlo, hoy hecho muerte ...y tres días después, RESURRECCIONES!

jueves, 2 de abril de 2009

Con María... el domingo de ramos

“ ¿No se llama María su madre?” Mt 13,55

¿No es Jesús el hijo de aquella que embarazada y a lomo de burro, cuando el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio, sube con José a la ciudad de David, llamada Belén, para hacerse inscribir? (Lc 2,1-5), ¿No es el hijo de aquella que lo da a luz en una pesebrera? (Lc 2,7), ¿No es el hijo de aquella que con José y el niño huye, desplazada, a lomo de burro, porque Herodes busca al niño para matarlo? (Mt 2,13). Por eso Jesús, llegada su hora, dice a dos de sus discípulos: “Vayan al pueblo que está enfrente, Al entrar encontrarán amarrado un burrito que nadie ha montado hasta ahora. Desátenlo y tráiganlo (Lc 19,32-35).


Jesús es el hijo de María: es el hijo de una mujer humilde y por eso se desplaza como los humildes. De ella aprendió a ser pobre: no era ciudadano romano, no tenía ningún título distinto a los de “hijo de María”, “hijo del carpintero”, “carpintero”. Para su presentación en el Templo sus padres hicieron la ofrenda de los pobres (Lc 2,24). Jesús fue un obrero, un laico venido desde Galilea donde la inestabilidad social era grande. Había vivido 30 años en Nazaret (Lc 3,23). Había nacido en un pesebre y así, desde el seno materno había sufrido las consecuencias del sistema opresor de los romanos. Por eso Jesús entra triunfante a Jerusalén pero como pobre, montado en la cabalgadura que le correspondía como pobre, aclamado por los pobres que le seguían, y su triunfo se hace comienzo de su pasión, porque en la sociedad de los satisfechos no hay lugar para que el pobre triunfe. “Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,11).

Estamos frente a la pedagogía de Dios: es a partir de lo que socialmente carece de importancia, de lo despreciado por las instancias de poder, que Dios muestra su salvación, porque la salvación que nos ofrece viene únicamente de El y no de los recursos de los grandes. María fue pobre y socialmente sin importancia. Jesús, el hijo de María, fue, como ella, también pobre y socialmente sin importancia. Dios hace presente su salvación desde la dignidad y la sencillez de los humildes, desde los que luchan para vivir con el pan fatigosamente ganado cada día. Dios plantó en María la semilla de la liberación de todos sus hijos y por eso la exaltó como llena de gracia y “dichosa” ante todos los pueblos.

Hoy celebramos gozosos la entrada de Jesús a Jerusalén. Como los pobres y los humildes de entonces, reconocemos en la persona de Jesús, el hijo de María, el proyecto de una humanidad nueva que se gesta a partir de la humildad y la pobreza. Acompañando a Jesús, como y con María, proclamamos en medio de los conflictos que vivimos, la fe en el poder de Dios, proclamamos alegres su grandeza y, al mismo tiempo, testimoniamos la esperanza invencible de los pobres.
Santa Teresa

“Ha más de treinta años que yo comulga¬ba este día de domingo de Ramos, si podía, y procuraba aparejar mi alma para hos¬pedar al Señor; porque me parecía mucha la crueldad que hicieron los judíos, después de tan gran recibimiento, dejarle ir a comer tan lejos, y hacía yo cuenta de que se quedase con¬migo, y harto en mala posada, según ahora veo; y así hacía unas consideraciones bobas y debíalas admitir el Señor”

San Juan de la Cruz:

“Así como por medio del árbol vedado en el paraíso fue perdida y estragada en la naturaleza humana por Adán, así en el árbol de la cruz fue redimida y reparada por él, dándole allí la mano de su favor y misericordia por medio de su muerte y pasión, alzando las treguas que por el pecado original había entre el hombre y Dios” (CB 23,2).

Cueca de los Ramos

Corten ramas, tiendan mantas,
Batan palmas de alegría,
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
Hosanna, Hosanna.

Hombres de Jerusalén,
que nadie se quede en casa,
en homenaje al Señor,
orgullo de nuestra raza.
Volvió a Lázaro a la vida,
hoy lo grito y no lo niego,
los panes multiplicó,
volvió la luz a los ciegos.

Chicos de Jerusalén
entonen “vivas y hosannas”,
las voces de los changuitos
resuenan como campanas.
Por qué será que el Señor
se ha detenido en el mundo,
está llorando en silencio,
tal vez piense en su futuro.

Que se callen insensatos,
claman rostros bien huraños,
doctores que ven airados
escaparse su rebaño.
No se preocupen muchachos,
es día de fiesta y canto;
si ustedes cierran la boca,
las piedras gritarán alto.

martes, 24 de febrero de 2009

Especial sobre la cuaresma

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Miercoles 25-2-09

comienza la Cuaresma

Dios te Bendiga en este día tan especial

domingo, 22 de febrero de 2009

Cuaresma com amor

Cuaresma: conversión y renovación espiritual

Este miercoles 25 de febrero iniciamos la Cuaresma, que es una peregrinación personal y comunitaria de conversión y renovación espiritual.

La ceniza: sinceridad de alma y coherencia de obras. Gesto propio y exclusivo del miércoles de ceniza (primer día de Cuaresma), es la imposición de la ceniza. ¿Cuál es su significado más hondo? Ciertamente, no se trata de un mero ritualismo, sino de algo más profundo, que toca nuestro corazón. Nos ayuda a comprender la actualidad de la advertencia del profeta Joel, que recoge la primera lectura en este día (Jl 2, 12-18), una advertencia que conserva también para nosotros su validez saludable: a los gestos exteriores debe corresponder siempre la sinceridad del alma y la coherencia de las obras.

En efecto, ¿de qué sirve se pregunta el autor inspirado rasgarse las vestiduras, si el corazón sigue lejos del Señor, es decir, del bien y de la justicia? Lo que cuenta, en realidad, es volver a Dios, con un corazón sinceramente arrepentido, para obtener su misericordia (cf. Jl 2, 12-18). Un corazón nuevo y un espíritu nuevo es lo que pedimos en el Salmo 50: "Misericordia, Señor: hemos pecado". El verdadero creyente, consciente de que es pecador, aspira con todo su ser espíritu, alma y cuerpo al perdón divino, como a una nueva creación, capaz de devolverle la alegría y la esperanza (cf. Sal 50, 3. 5. 12. 14).

El combate espiritual: Resistencia frente al mal. Otro aspecto de la espiritualidad cuaresmal es el que podríamos llamar "combate espiritual", y se refleja en la oración colecta de la liturgia del miércoles de ceniza, donde se habla de "armas" de la penitencia y de "combate" contra las fuerzas del mal. Cada día, pero especialmente en Cuaresma, el cristiano debe librar un combate, como el que Cristo libró en el desierto de Judá (cf. Lc 4,1-13), donde durante cuarenta días fue tentado por el diablo, y luego en Getsemaní, cuando rechazó la última tentación, aceptando hasta el fondo la voluntad del Padre (cf. Mc 14,35-36).

Se trata de un combate espiritual, que se libra contra el pecado y, en último término, contra el demonio, espíritu del mal. Es un combate que implica a toda la persona y exige una atenta y constante vigilancia. San Agustín afirma que quien quiere caminar en el amor de Dios y en su misericordia no puede contentarse con evitar los pecados graves y mortales, sino que "hace la verdad reconociendo también los pecados que se consideran menos graves (...) y va a la luz realizando obras dignas. También los pecados menos graves, si nos descuidamos, proliferan y producen la muerte" (cf. In Io. evang. 12, 13, 35).

El amor: Signo de renovación espiritual. Convierte a los cristianos en testigos y apóstoles de paz. Podríamos decir que esta actitud interior nos ayuda también a poner mejor de relieve cuál debe ser la respuesta cristiana a la violencia que amenaza la paz del mundo. Ciertamente, no es la venganza, ni el odio, ni tampoco la huida hacia un falso espiritualismo. La respuesta de los discípulos de Cristo consiste, más bien, en recorrer el camino elegido por él, “el sendero eficaz del amor”. Tras sus huellas y unidos a él, debemos esforzarnos todos por oponernos al mal con el bien, a la mentira con la verdad, al odio con el amor.

El amor, como reafirma Jesús en Mt 6,1.4ss, debe traducirse después en gestos concretos en favor del prójimo, y en especial en favor de los pobres y los necesitados, subordinando siempre el valor de las "obras buenas" a la sinceridad de la relación con el "Padre celestial", que "ve en lo secreto" y "recompensará" a los que hacen el bien de modo humilde y desinteresado (cf. Mt 6, 1. 4. 6. 18).

P. Hernán Sevillano, ocd.
La imposición de la ceniza nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que la vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma inicia con el miércoles de ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

El miércoles de ceniza es un día de ayuno y abstinencia. El ayuno consiste en hacer una sola comida al día y la abstinencia en no comer carne. Esta es una manera de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre. La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar en varios aspectos negativos que de nuestra vida.

Que el inicio de la Cuaresma nos lleve a preparar nuestros corazones a vivir una experiencia espiritual en Semana Santa.

miércoles, 26 de marzo de 2008

II MORADA - ESCUCHANDO SUS LLAMADAS

II PARTE (I parte publicada el 14 de marzo)

CUENTO:

- Todo el mundo entiende las cruzadas –dijo el rey- pero muy pocos comprenden la Verdad.

- Sí – asintió el caballero-. Yo mismo no estaría en este Sendero si no estuviera atrapado en esta armadura.

- La mayoría de la gente está atrapada en su armadura –declaró el rey.

- ¿Qué queréis decir? – preguntó el caballero.

- Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir.

- Nunca pensé que vos estuvierais atrapado rey. Sois tan sabio… dijo el caballero.

El rey soltó una carcajada.

- Soy lo suficientemente sabio como para saber cuándo estoy atrapado, y también para regresar aquí para aprender más de mí mismo.

El caballero estaba entusiasmado, pensando que quizás el rey podría mostrarle el camino.

- Decidme –dijo el caballero, su rostro iluminado-, ¿podríamos atravesar el castillo juntos? Así no sería tan solitario…

El rey negó con la cabeza.

- Una vez lo intenté. Es verdad que mis compañeros y yo no nos sentíamos solos porque hablábamos constantemente, pero cuando uno habla es imposible ver la puerta de salida de esta habitación.

- Quizá podríamos limitarnos a caminar juntos, sin hablar –sugirió el caballero. No le apetecía mucho tener que caminar solo por el Castillo del Silencio.

El rey volvió a negar con la cabeza, esta vez con más fuerza.

- No, también lo intenté. Hizo que el vacío fuera menos doloroso, pero tampoco pude ver la puerta de salida.

El caballero protestó.

- Pero si no estabais hablando.

- Permanecer en silencio es algo más que no hablar –dijo el rey-. Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba sólo mi mejor imagen. No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder.

- No lo capto –dijo el caballero.

- Lo comprenderéis – replicó el rey- cuando hayáis permanecido aquí el tiempo suficiente. Uno debe estar solo para poder dejar caer su armadura.

El caballero estaba desesperado.

- ¡No quiero quedarme aquí solo! – exclamó, golpeando el suelo con el pie, y dejándolo caer involuntariamente sobre el pie del rey.

- Comprendo que no queráis quedaros solo en el castillo. Yo tampoco lo deseaba las primeras veces que estuve aquí, pero ahora me doy cuenta de que lo que uno ha de hacer aquí, lo ha de hacer solo. Dicho esto, se alejó, al tiempo que decía-: Ahora debo irme.

Perplejo, el caballero preguntó:

- ¿Adónde vais? La puerta está por aquí.

- Esa puerta es sólo de entrada. La puerta que lleva a la siguiente habitación está en la pared más lejana. La vi, por fin, cuando vos entrabais –dijo el rey.
- ¿Qué queréis decir que por fin la visteis? ¿No recordabais dónde estaba, de las otras veces que estuvisteis aquí? –preguntó el caballero, sin comprender por qué el rey continuaba viniendo.

- Uno nunca acaba de viajar por el Sendero de la Verdad. Cada vez que vengo, a medida que voy comprendiendo cada vez más, encuentro nuevas puertas. –El rey se despidió con la mano-.Trataos bien, amigo mío.

- ¡Aguardad, por favor! –le suplicaba el caballero.

El rey se volvió y le miro con compasión.

- ¿Sí?

El caballero, que no podía hacer que tambalease la resolución del rey, pidió:

- ¿Hay algún consejo que me podáis dar antes de iros?

El rey lo pensó un momento, luego respondió:

- Esto es un nuevo tipo de cruzada para vos, querido caballero: una que requiere más coraje que todas las otras batallas que habéis conocido antes. Si lográis reunir las fuerzas necesarias y quedaros para hacer lo que tenéis que hacer aquí será vuestra mayor victoria.

Dicho esto, el rey se giró y, estirando el brazo como para abrir una puerta, desapareció en la pared, dejando perplejo al caballero.

Reflexion

El que ha entrado en este castillo está peor que antes porque habiendo empezado a oír las llamadas del Señor, es decir, habiendo empezado a conocer la diferencia entre el bien y el mal se ve imposibilitado a actuar como debería, pero Dios sabe esperar porque tiene en tanto que le queramos.

La gran batalla es contra la idolatría es decir la estima de las cosas como si fueran bienes eternos y fuente de vida. Es la reducción del Dios vivo a un ídolo.

Ahora nos introduciremos en la segunda morada donde hay llamada de Dios y lucha interior. Su voz se hace más clara ya que al estar más cerca de Él, podemos oírle mejor, pero el responderle implica lucha. El fin de esta lucha es conseguir la paz y el equilibrio interior.

domingo, 23 de marzo de 2008

Secuencia de la Pascua

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a la ovejas salva
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y muerto el que es la vida
triunfante se levanta.

”¿Qué has visto de camino,
María en la mañana?”

“A mi Señor glorioso,
la tumba, abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua”.

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muere en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

lunes, 17 de marzo de 2008

YO HAGO NUEVA TODAS LAS COSAS

"Luego vi un cielo nuevo, y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es. Y yo Juan vi la santa Ciudad, Jerusalén la nueva, que descendía del cielo, junto a Dios, adornada como la esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el campamento de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Él con ellos será su Dios. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Entonces el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Me dijo también: Hecho es. Yo Soy la A y la Zeta, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida. El que venciere, recibirá todas las cosas por herencia; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero para los cobardes, incrédulos, abominables, homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras, y para todos los mentirosos, su parte estará en el lago ardiendo de fuego y de azufre, que es la muerte segunda." Apocalipsis 21: 1-5

sábado, 15 de marzo de 2008

Domingo de Ramos

Lc 19, 28-40 Bendito el que viene en nombre del Señor
Te bendecimos, Señor, y te alabamos. Reconocemos que eres el que viene en nombre del Señor, que eres el Mesías, el señor. Ahora, dos mil años después, ante el misterio pascual que vamos a comenzar en estos días, quiero empezar con esta aclamación, reconociéndote como Señor de mi vida, de mi historia; de nuestra vida, de nuestra historia; de la historia de salvación que se viene realizando en la Iglesia. Bendito eres tú, que das tu vida para que nosotros la recibamos de ti. Bendito eres, Señor.

Así, pues, en vez de unas túnicas o unos ramos inanimados, en vez de unas ramas de arbustos, que pronto pierden su verdor y que por poco tiempo recrean la mirada, nos ponemos nosotros mismos bajo tus pies, revestidos de tu gracia, de toda tu persona, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo; nos extendemos tendidos a tus pies, a manera de túnicas.

Te Aclamamos también nosotros, como hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciéndole un día y otro: Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel.


Jesús centro de mi vida

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...” Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él. Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero. Queremos que sea nuestro amigo en todos los momentos de nuestra vida.

Oraciones

I
Señor Jesús, con este mismo ramo te acompañamos hoy a recordar tu entrada en Jerusalén, con nuestra presencia en el templodijimos que somos tus seguidores y que tú eres el rey de los reyes.Ahora te pedimos que protejas a nuestra familia de todo mal y nos conviertas en testigos de tu amor y tu paz,para que un día podamos reinar contigo en la Jerusalén celestial,donde vives y reinas por los siglos de los siglos amén.

II

Para poner las palmas benditas en el hogar:

Bendice Señor nuestro hogar.Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.Por tu intercesión danos paz, amor y respeto,para que respetándonos y amándonoslos sepamos honrar en nuestra vida familiar,Sé tú, el Rey en nuestro hogar. Amén.