"La santidad se va tejiendo poco a poco, como esa labor de maya que teje un cuadro espeso y otro claro. Así, así ese tejer que va haciendo el Señor en nuestras almas." Hermana María Cristina de Jesús Sacramentado - Carmelita Descalza (Sevilla 1890 - San Fernando 1980)
SU LEMA: ORAR SUFRIR CALLAR
ORAR
La oracion del alma humilde traspasa los cielos. Es como el agua, que mientras mas profundo sea su naciemiento, mayor es la altura que puede alcanzar.
La Oracion es como la respiración del alma.
La oracion es como una llovizna que va empapando y calla y no se dan cuenta y cambia hasta los planes de Dios.
ORAR
La oracion del alma humilde traspasa los cielos. Es como el agua, que mientras mas profundo sea su naciemiento, mayor es la altura que puede alcanzar.
La Oracion es como la respiración del alma.
La oracion es como una llovizna que va empapando y calla y no se dan cuenta y cambia hasta los planes de Dios.
SUFRIR
El amor es el que hace la catedra de la Cruz.

Cruz preciosa, desconocida para el mundo, pero para el que ama al Crucificado, es faro que alumbra la barca de su vida.
¡Espiritu Santo! Meteme en las entrañas de la cruz que mi Jesus ha dejado en ella.
CALLAR
Si supieramos el valor del silencio, ese silencio que calla, que hace como si no nos dieramos cuenta de nada y todo lo pone en manos de Jesus y Maria.
El silencio es como la fortaleza del alma, es como una muralla.
Deja, deja obrar a Dios. Calla, calla. Si es necesario las piedras hablan.
Poner “celosias” en la mente . Callen sentidos y potencias, no me turben, dejenme escuchar a Dios.
¡ QUÉ GRANDE ES DIOS!
¡Qué grande es Dios!, esta era su cantinela permanente. Mujer de fe, Cristina vivía y respiraba inmersa en la profundidad de Dios. ¡Cómo hablaba de Dios!. Ante lo inmenso, sólo cabe la exclamación. De exclamaciones esta echa la teología de Cristina:
¡Qué grande eres, Señor! ¡Qué rico mi Dios! ¡Qué grandeza de mi Dios en la cruz! ¿Dónde fuiste más grande que en ella? ¡Glorificado sea Dios! ¡Alabado sea Dios! ¡Bendito sea Dios en sus dones! ¡Qué poder de Dios! ¡Qué grandeza de mi Dios! ¿Cuándo veré esas divinas pupilas? ¡Que un Dios tan grande se entretenga con sus criaturas! ¡Enmudezco ante tanta grandeza de mi Dios!
Una confidente de Cristina nos revela algunas de sus intimidades para con Dios: Al entrar en su celda y preguntarle, ¿qué hacía?, contestaba: ¿Qué quiere que esté haciendo? Acompañando a mi Dios. Sabía encubrir las gracias que el Señor le concedía y decía: ¡Señor! No das tiempo a nada! Sales enseguida al encuentro! ¡Qué rico eres!.
El conocimiento que tenía de Dios sorprendía, pues hablaba de Él con esa ciencia infusa que Dios da a las almas sencillas. Sin embargo, con la ingenuidad de una niña solía repetir: Yo necesito que me hablen de Dios, pues soy una pobre criatura ignorante y con mucha miseria. Sus miras para obrar eran siempre la gloria de Dios y el bien de las almas.
Autografo Mariano de la hermana Cristina
