viernes, 11 de abril de 2008

“Ya no soy yo quien vivo, sino que Cristo vive en mí”

«Que el peso de su amor nos arrastre hasta esa feliz enajenación de que hablaba el Apóstol cuando exclamaba: “Ya no soy yo quien vivo, sino que Cristo vive en mí”. Ese es el ensueño de mi alma de carmelita (...) Yo no ceso de rogar que lo realice plenamente en nosotros. Seamos para con Él una humanidad suplementaria en la cual pueda renovar plenamente su misterio. Le he pedido que venga a mí como Adorador, como Reparador, y como Salvador; no hallo palabras para expresar la paz que siente mi alma al pensar que Él suple a mis impotencias y que si caigo a cada paso, Él está a mi lado para levantarme y arrebatarme más allá, hasta Él, a lo más hondo de esa divina Esencia en la que moramos ya por la gracia y donde quisiera yo engolfarme en tales profundidades que nada sea capaz de sacarme de allí. Allí me estoy en silencio para adorar a Aquél que de modo tan divino nos amó.»

No saber cómo reaccionar ante la caída a cada paso en las propias impotencias, es lo que nos hace salir del camino. La ciencia está en aceptar la caída y reconocer que Él suple a mis impotencias... Él está a mi lado para levantarme y arrebatarme más allá, hasta Él, a lo más hondo de esa divina Esencia en la que moramos ya por la gracia. Y después, quedarse allí en silencio para adorar a Aquél que de modo tan divino nos amó. Hacerse literalmente a un lado para no ser ya nosotros quienes vivamos en esas impotencias, sino que Cristo viva allí, de manera eucarística, su Ser de Adorador, de Reparador y Salvador. Esa es la única manera de volver a ponernos de pie.

Beata Isabel de la Trinidad

3 comentarios:

+Sergio dijo...

Ciertamente.. es así. Cuando uno inicia el camino Jesús va a nuestro lado, respeta nuestra libertad, sin dejar de llamarnos a nuestro corazón, y cuando el enamoramiento va mas en aumento, mas lo notamos cerca, y al ser tan agradable su presencia ya, de forma ligera vamos aumentando.

En ocasiones, se aparta un porquito para ver si es cierto que sin su "ánimo de luz" somos capaces de seguirlo, y es lo que se denomina aspereza, desierto, aridez, pero buscándole, o almenos manteniéndose fiel en esa aspereza, vuelva mas amoroso si cabe, y así siempre. Nosotros, su mejor templo espiritual, es para Él una delícia, si le seguimos en gracia.

Saludos hermanas, y perdonad si no os puedo visitar, tanto como quisiera, pero es que tengo muchas responsabilidades..

Dios os bendiga, y os siga regalando su alegría!

Carlos Sz dijo...

hermosa entrada.¡Qué diferente se percibe el mundo cuándo sabemos que tenemos la mano de Cristo para agarrarnos si nos caemos! Enhorabuena por vuestro blogs, gracias a laicas como vosotros, a los cristianos nos es mucho más fácil encontrar a Dios cada día. Un abrazo.

Os dejo la dirección de mi blog, por si queréis visitarlo, también es de contenido cristiano:

http://www.altercadiz.blogspot.com

DE LA MANO DE TERESA DE JESUS dijo...

Hola Sergio que linda sorpresa. No te preocupes por no poder pasar seguido a mi me pasa lo mismo ya que trabajo y a eso se le suman otras prioridades. Pero mas vale a veces que nunca ¿no? -Acabo de inventar la frase ja ja -

Carlos, bienvenido al blog, gracias por pasar y gracias por invitarme al tuyo. Pasare sin falta por ahio para conocerlo.

Que Dios los bendiga