lunes 16 de noviembre de 2009

San Rafael Kalinowski 19 de Noviembre

San Rafael Kalinowski
Modelo de vida para religiosos y laicos

San Rafael Kalinowski
Carta de los Provinciales de las Provincias Polacas del Carmelo Teresiano con ocasión del I Centenario de la Muerte de San Rafael Kalinowski (1907-2007)

Perlas Evangelicas

¿Cuáles son las perlas evangélicas que esconde san Rafael? ¿Qué puede enseñar a la generación contemporánea de polacos, que viven en la Europa, que se una más cada vez y que incorpora la gran riqueza de las culturas nacionales, pero también no pocos conflictos sociales? ¿Qué puede recordar a sus connacionales vacilantes en la fe?

Espíritu de reconciliación. Juan Pablo II, al invitar a Roma a los Presidentes de Lituania y Polonia para la Canonización del beato Rafael, deseaba hacerles comprender que una de las perlas preciosas del patrimonio del nuevo Santo era el Espíritu de la reconciliación. El santo Padre ha destacado en la figura de san Rafael la senda de la reconciliación; ésta parte del corazón del hombre, quien antes debe reconciliarse con Dios. Sin esta reconciliación no se puede perdonar a los otros hombres, en especial si las relaciones recíprocas han estado marcadas por injusticias. San Rafael ha recorrido un largo camino interior, hasta perdonar en plena libertad a todos aquellos que lo tuvieron prisionero, no obstante haberle obligado a trabajos inhumanos y pisoteado su dignidad. Las intervenciones desde los altos cargos no podrá alcanzar buenos resultados, si antes no se entiende que la reconciliación necesita de un tiempo necesario y que comienza por el propio examen de conciencia. Solamente a la luz de la reconciliación proveniente de Dios se puede avanzar hacia el encuentro con el hombre y hacia el perdón.

Un corazón fiel y abierto a lo contemporáneo. Durante su vida terrena, san Rafael ha transitado grandes espacios geográficos, encontrándose con personas de diversas culturas y de diferentes sistemas políticos. Polonia, Rusia y Francia han sido etapas fundamentales en su itinerario. En cada lugar donde residió, vivía sin complejos y según las posibilidades al servicio de quienes le estaban cercano. Poseía un carácter abierto pleno de cordialidad. Este fue su modo de diálogo con los tiempos contemporáneos. No hacía distinción entre personas de diversa religión, lengua, costumbres, estado social o educación cultural. Acogió la vida como le venía ofrecida. Esta apertura le permitió reconciliar muchos corazones, sin abandonar su identidad. Viviendo en otras culturas, logró mantener el patrimonio espiritual y cultural de su nación. No se entregó al mundo, a pesar de que éste lo tentase en todas sus prospectivas.

Los jóvenes al centro de la atención. Durante su permanencia en Siberia, san Rafael tuvo ante sí una grandísima pobreza material, intelectual y espiritual en las gentes del lugar y también en sus compañeros de desventura, dándose cuenta de lo humillado que estaba el ser humano. Esta fue una lección dolorosa para él. Regresó de allí convencido de la necesidad que hay de invertir en la juventud, puesto que en esta etapa de la vida es cuando se aprende en especial y se decide el futuro. Estando en Francia, puso en práctica esta convicción, siendo educador del príncipe Augusto Czartoryski, el cual ha sido elevado a los honores de los beatos hace pocos años por Juan Pablo II. En la tarea educativa, san Rafael buscaba ante todo una formación integral del ser humano; le movía un interés espiritual e intelectual. Esta amplia atención a la formación integral de los jóvenes es otra de las perlas preciosas del patrimonio espiritual de san Rafael.

Coraje ante las dificultades. Durante la reforma del Carmelo en el siglo XVI, cuando san Juan de la Cruz fue apresado por sus hermanos de la Orden, santa Teresa de Jesús escribió en carta de 1578: "Terriblemente trata Dios a sus amigos; a la verdad, no les hace agravio, pues se hubo así con su Hijo". Con pleno sentido, esto va referido también a san Rafael. Se podría decir que Dios lo ha tratado terriblemente. Ciertamente la vida es buena, sin embargo es un don difícil de vivir. Todo aquello que en el hombre es más valioso, viene configurado de hecho en las situaciones complicadas y más misteriosas. San Rafael nos enseña a tener el coraje de perseverar en la fe y de confiar en semejantes circunstancias.

Hemos resaltado estos aspectos fundamentales de la espiritualidad de san Rafael; ciertamente que no agotan la riqueza de su espíritu. El hombre que ha experimentado en su plenitud el Evangelio es evangélico. Se transforma en profundo, dada la inalcanzable profundidad de la Sabiduría divina. Por este motivo, san Rafael viene invocado como patrón de siberianos, educadores, ferroviarios, ingenieros y jóvenes. Aquel que desea encontrarlo, hallará una gran riqueza jamás del todo revelada.

jueves 15 de octubre de 2009

LA VOZ DE DIOS EN SANTA TERESA DE JESÚS



15 de Octubre - Santa Teresa de Jesus

Desde niña Doña Teresa de Cepeda y Ahumada, había oído la voz de Dios y la había escuchado.

De una piedad innata, y un sentido de lo eterno muy acusado, ella ejercitaba su carisma con su .hermanito Rodrigo, un poco mayor que ella, y los dos construían ermitas para dedicarse a orar y a releer y memorizar las lecturas de las Vidas de los Santos, que escuchaban al amor de la lumbre, con toda la familia reunida.

Se le encendían en el corazón los deseos del martirio y pensaba que los mártires habían comprado barato el cielo.

Llegó la adolescencia y se enfrió, se disipó, se volvió vanidosa y coqueta, flirteaba con. sus primos, y a punto estuvo de perder su gran llamada, su vocación de orante y maestra de oración.
Cuidado con las amistades que. pueden apagar el. golpear de la llamada de Dios, y empañar el timbre, suave y fuerte a la vez, de su voz.

Ello es posible y debemos. estar prevenidos. Y tomar las oportunas cautelas, no sólo cuanto a las amistades, sino también en lo referente a lecturas, espectáculos, conversaciones en las que se infiltran los criterios del mundo y la escala de valores de la tierra.

Su tío, Don Pedro Sánchez de Cepeda, junto con Doña María de Briceño, la monja agustina que la cuidaba en su convento, la devolvieron al camino.

El primero con el testimonio de su vida orante y de penitencia, pues, viudo cómo era, se retiró a un monasterio de monjes Jerónimos, no sin antes poner en las manos de Teresa el libro que la salvaría: “El tercer Abecedario de Francisco de Osuna”, que la conduciría a reencontrarse a sí misma, a través de la palabra de Dios.

Decidida a ingresar en el Carmelo, se lo comunicó a su padre, que era para ella asunto irreversible y acabado pues, era tan tenaz, pundonorosa y valerosa, que ya nadie, después de empeñada su palabra, la detendría ni sería capaz de influenciarla para que diera un paso atrás, como dice el Evangelio del que pone su mano en el arado.

Buscó y ojalá no encontrara.

Buscó y encontró medio letrados, personas con el corazón poco ablandado en Cristo, pusilánimes y temerosos y tan calculadores de los resortes humanos que la hacían desistir del seguimiento de su evidente llamada.

Unos qué para qué monja. Otros qué para qué tanta oración. Que ya era suficiente con rezar el breviario y el rosario...

Casi todos también qué para qué otra Orden. Que las que habían sobraban y que se creía superior a todos, pues se erigía ella en Fundadora.

Todo la hizo sufrir. Siguió buscando y cada día peor.

Llegó un tiempo que no había quien la quisiera confesar, porque el revuelo y la murmuración en su ciudad era general y deprimente.

Le hicieron creer que era demonio lo que Jesús le comenzó a regalar.

Se predicó contra ella en los púlpitos y se la humilló y ridiculizó ignominiosamente, con un manifiesto desprecio a su dignidad de mujer y de cristiana.

Se le prohibieron los libros que eran su único consuelo y que la conducían hasta que Jesús le dijo un día, cuando estaba abrumada por la desolación. “No temas, hija, que desde hoy te daré libro Vivo”.

Y se lo dió: Fue El, glorioso y vivificante que le dió la vida y la elevó a la cumbre más elevada y luminosa de la cristificación, como Ella describe en sus celestiales Moradas.

Porque escuchó y fue fiel, aunque perdió el camino, lo reencontró y lo siguió, tras el despiste, en la búsqueda.

Porque ante los desvíos, siguió y no retrocedió.

Porque no se amilanó ante las persecuciones y murmuraciones y difamaciones que amenazaban paralizarla, hoy tenemos una maestra excelsa de oración, y una madre que siempre nos ayuda a discernir, a seguir, a caminar, y a buscar hasta encontrar el agua viva siquiera llegue, murmure quien murmurare, siquiera se hunda el mundo, siquiera me muera en el camino.

De almas como Teresa está necesitada la Iglesia.

Nosotros, al menos, tomémosla como Maestra, que iremos bien servidos, pues Dios quiso hacer de Teresa un testigo de Jesús resucitado, como hizo a Juan y a Pedro y a los apóstoles. Esta elección la convirtió en mujer nueva, capacitada para testificar con su vida lo que había visto y oído. Y el mensaje que aportó Teresa a la Iglesia de su tiempo fue, principalmente, el de la imperiosa necesidad de orar, como camino para amar, cuando la oración mental, fruto de la devotio moderna, que había degenerado en puro juego de silogismos, era desconocida y peligrosa. Los teólogos escolásticos oficiales de entonces, carecían del conocimiento de este don.

Decía fray Domingo de Soto que «si no era con el evangelio delante no sabía pensar en Dios, que, como era invisible, no sabía qué pensaban algunos hincados de rodillas dos horas delante del altar, que él no podía hacerlo". Otros, tanto o más calificados, tuvieron expresiones todavía más inauditas y lamentables. Melchor Cano ataca los «Comentarios sobre el catecismo cristiano» de Bartolomé Carranza porque divulgan la oración mental entre todos los cristianos. Por la misma razón acusaba a fray Luis de Granada, y hasta veía en la oración mental peligro para el desarrollo normal de la sociedad. Se comprende, sólo con asomarnos a aquel ambiente, que Teresa tuviera dificultades, y no sólo las sociales. En una atmósfera, no sólo poco propicia, sino hostil, cuando sólo el pensamiento de buscar la interioridad era peligroso (se temía el erasmismo y el alumbradismo), Teresa se abre camino y ofrece con contundencia el mensaje de aquel momento, para aquel momento. Y en medio de la tormenta se abrió camino, ¡y qué camino!

Creo que no hay en toda la historia de la Iglesia un panegirista de la oración más caracterizado, elocuente y persuasivo que Teresa en obras y en palabras. Fue su gran divina intuición. Hemos vivido unos años de verdadera algarabía en torno a la oración. Y no sólo en la Iglesia Católica sino también en las separadas. Sobre la oración primero fue el silencio. Después la calumnia. Luego la omisión. Y ahora que se habla más de ella, creo que se habla más que se ejerce. Mientras avanza el desierto.

Con la teología radical de la muerte de Dios, no había posibilidad de diálogo con un Dios muerto. Con la crisis y falta de fe, Dios no interesaba al hombre. La autonomía del hombre descartaba el trato con el Ser trascendente. Más, se le consideraba rival y amenazante. Estorbo para el desarrollo humano. Con la secularización y la desacralización, el trato con Dios era una forma alienante de la personalidad. Le escasa coherencia de los orantes profesionales, daba origen a acusar a la oración de evasión y desencarnación de la vida.

En esta situación, como en la suya, no más fácil, ni menos difícil, Teresa alza la voz y nos dice: «que nadie tomó a Dios por amigo que no se lo pagase». Y se pregunta: ¿Por qué no hacen oración?

P. Jesus Marti Ballester

miércoles 2 de septiembre de 2009

Pidan y se les dará…..


Hermanos de distintas partes del mundo han escrito solicitando oración. El apellido y el motivo se mantienen anónimos. Si lees esto, inclúyelos en tus oraciones. Dios te bendiga
Carla ,Teresa ,Beatriz, Guillermina, Cecilia, Carmen, Xenia maria, Blanca josefina , Doris sara, Hector villalba, Estrella, Clarissa, Vanina, Luis H ,Cristina, Ivonne Y,
Gerardo ,Javier L, Ermelinda, Micaela, Alejandro Escudero, Sole, Karina L, Mary, Natalia, Yolanda ,Irina ,Licia, Alejandra, Celia, Cristianos de la India, Los que nos visitan, M del C Gomez, Adriana L, Reynaldo ,Jorge y Flia Garagarza,
Hector y Flia Sanchez ,Fernanda y Pablito, Ana Maria Lezcano , Luisa, Hna. Maria Pia ,Amalia, Pablo Emilio, Teresa C., Patricia, Maria Jose, Blanca Josefina, Rosalia ,Doris Sara , Hector Villalba, Juan de P.R , Liana Alejandra, Ana , x Gobernantes

DIFUNTOS
Cora+
Silvia Erviti +
Gonzalo+

miércoles 29 de julio de 2009

Madre Concepcion - Carmelita Descalza

Corazón de Jesús, en Ti confío. Madre Concepcion

Madre María de la Concepción de San Jaime y Santa Teresa (de Oleza Gual de Torrella), nace el 25 de abril de 1905 en Palma de Mallorca (Baleares-España).

Vive con mucho regalo, apasionada por la lectura, el cine y el deporte. todo acto social la seduce. A los 22 años se enamora radicalmente de Jesús. Por Él lo deja todo y entra en el Carmelo al año siguiente.

Desde el primer momento se empeña en la santidad mediante la guarda de la Regla y Constituciones, con un esfuerzo constante y creciente - 70 años- "sin mitigación hasta la muerte" siempre fiel a la palabra dada.

Se consagra de por vida al Corazón de Jesús y establece en Él su morada. Allí encuentra la paz inalterable y la alegría verdadera cambiando su voluntad y su comodidad por la colaboración en la obra redentora de su Amado.

Espejo de humildad y olvido de sí misma, se esconde en la noche de la vida común, hasta hacer connatural y dulce su entrega generosa.

Al final de su vida afirma: "En el Carmelo he sido inmensamente feliz". Entrega su alma Dios a los 93 años de edad, el día 7 de Febrero de 1999.

Algunas señales y favores acompañaron su muerte. su olor de santidad se fue esparciendo por doquier. Transcurridos ocho años de su muerte comienza su camino a los altares.


Datos Biográficos

Nacimiento: 25 abril 1905

Bautismo: 26 abril 1905

Confirmación: 12 Junio 1907

1ª Comunión: 20 Junio 1912

Recibe la vocación religiosa: 1927

Entrada en el Carmelo: 24 octubre 1928

Profesión simple: 26 abril 1930

Profesión solemne:26 abril 1933

Fallecimiento: 7 febrero 1999


1. ASCENDIENTES FAMILIARES
2. INFANCIA
3. ADOLESCENCIA- DEFECTOS.
4. MAS DEFECTOS.
5. PUESTA DE LARGO
6. SE PREDICA UNA MISION
7. MARIA CATEQUISTA
8. SUS HERMANAS SE DIERON CUENTA POR...
9. EL SECRETO DE SU VIDA
10. POCO TIEMPO ANTES DE ENTRAR EN EL CARMELO
11. ENTRADA EN EL CARMELO
12. NOVICIA
13. PROFESION
14. OBEDIENCIA
15. CONSAGRACION AL CORAZON DE JESUS
16. HUMILDAD DE CORAZON. TOTAL OLVIDO Y MENOSPRECIO DE SI.
17. MORTIFICACION
18. PRIORA DURANTE 21 AÑOS
19. CARIDAD
20. “PROCURE SER AMADA PARA SER OBEDECIDA”
21. SANTOS DE LA ORDEN
22. MAESTRA DE NOVICIAS
23. LA PRIMERA EN TODO
24. FORTALEZA HEROICA
25. AUNQUE ME MATES EN TI ESPERARÉ Y DE TÍ ME FIARÉ...
26. “APOSTOLADO A LO CARMELITA OCULTA EN TU CORAZON”.
27. ¡QUE LLEGA EL ESPOSO!
28. ULTIMO DIA DE SU VIDA
29. MADRUGADA DEL 7 FEBRERO DE 1999. “¡HE DE SUBIR!”
30. FUNERAL Y ENTIERRO

Si pasan el raton sobre cada foto podran saber de que se trata.

sábado 18 de julio de 2009

Santoral del Carmelo Descalzo

13 de Julio SANTA TERESA DE JESÚS, “DE LOS ANDES”
16 de Julio SOLEMNE CONMEMORACIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO.
17 de Julio BEATAS TERESA DE SAN AGUSTÍN Y Compañeras de Compiègne
20 de Julio SAN ELÍAS
23 de Julio NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA DIVINA GRACIA.
24 de Julio BEATAS MARÍA PILAR DE SAN FRANCISCO DE BORJA, TERESA DEL NIÑO JESÚS Y MARÍA ÁNGELES DE SAN JOSE
27 de Julio BEATO TITO BRANDSMA
28 de Julio BEATO JUAN SORETH

viernes 3 de julio de 2009

Encuentro internacional Vocacional


Las hermanas Carmelitas Descalzas del Monasterio de San José de Sevilla España me pidieron un favor, asi que transcribo lo que me escribieron y se los mando a todos. Que Dios los bendiga mucho.

JM+JT

Jesús sea en su alma.Queríamos pedirle que nos ayuden con la propaganda acerca del I Encuentro Vocacional del monasterio que tendrá lugar los dias 3-4 de octubre. Básicamente sería mandar la carta y las fechas a las direcciones que tenga como contactos y pedirles que reenvien la información para que ruede por ahi. Sabemos que es un favor muy grande, pero Dios se los pagará como él sabe hacerlo.

Unidísimos en Cristo
Carmelitas Descalzas de Écija


Carmelitas Descalzas
Monasterio de San José
Calle del Conde, 1641400,
Écija-SevillaEspaña

martes 30 de junio de 2009

La personalidad de Ana de san Bartolomé

Estamos pues en octubre de 1604, fecha de llegada a París de la mentada madre Ana de Jesús, más cuatro monjas por ella elegidas y, como es de suponer, carmelitas marcadas por un determinado espíritu y estilo: Beatriz de la Concepción, Isabel de los Ángeles (la única que ha de morir en Francia), Leonor de san Bernardo e Isabel de san Pablo, nacida en Flandes de padre español y madre belga, que sabe bien el francés.

Pero Monseñor Pierre de Bérulle había pedido también para Francia una monja singular, dada a muy grandes revelaciones, lega, conversa declarada, pero con aureola especial: en sus brazos había muerto, en Alba de Tormes, Teresa de Jesús. Me estoy refiriendo a la propia Ana de san Bartolomé, a quien Bérulle conocía a través de la Vida de santa Teresa de Francisco de Ribera y que llegará también con las otras y, desde luego, dispuesta y determinada al martirio, pues es fama -al menos así lo atestiguan las Chroniques de Troyes- que pasando por el Lenguadoc, país repleto de protestantes "herejes", las monjas de la expedición ponían al frente del coche el crucifijo y el rosario. Acción inútil en un país no sólo fundamentalmente católico, sino también muy preparado en doctrina, y naturalmente, dispuesto al misticismo.

Ana de san Bartolomé había nacido el 1 de octubre de 1549 en El Almendral, pueblecito
entonces perteneciente al partido judicial de Talavera en la provincia de Toledo, pero dependiente de la diócesis de Avila y, por tanto, situado en un radio de acción tremendamente influido desde 1562 por la reforma descalza. De padres labradores -Fernán García y María Manzanas-, su vida transcurrió en el campo y puede decirse que al ingreso en el carmen de San José de Ávila en 1570, en calidad de lega, nuestra monja es prácticamente semianalfabeta. Su discreta pero efectivarelevancia en el seno de la Orden comienza a tomar cuerpo a partir de 1577, en que santa Teresa, ya muy disminuida en su salud, la toma por compañera-enfermera; y así comienza Ana a estar presente en los acontecimientos más importantes de los últimos seis años de la vida de la Fundadora.

Participará activamente en sus cuatro postreras fundaciones: Villanueva de la Jara, en 1580; Palencia, en el mismo año; Soria en 1581; y la última, Burgos, en 1582, pocos días antes de la muerte de la santa, a la que acompañará, ya moribunda, a Alba y la asistirá en su agonía. A la muerte de Teresa de Jesús, los arrebatos, éxtasis y visiones de Ana de san Bartolomé se multiplican. Son visiones premonitorias, algunas de altos vuelos políticos, como la del desastre de la Armada de 1588; otras, las más, en relación al Carmelo, muy ligadas a su santa madre que aparece como guía e inspiradora; y algunas relativas a la futura y siempre en el aire fundación francesa. Sin embargo, la postura de la hermana Ana en las luchas de la Orden, alrededor de los años 90, resulta ambigua o declaradamente decantada -acaso por temor u obediencia ciega- a las novedosas directrices de Doria y a las Constituciones de 1592. De hecho, desde Ávila,
acompañará a la nueva priora de Madrid, María de san Jerónimo, a resultas de la destitución y reclusión en Salamanca de Ana de Jesús. Sea como fuere, el caso es que en 1604 llegan a París, a fundar, de entre seis, dos monjas, las mentadas Ana de Jesús y Ana de san Bartolomé, que habían tenido muy estrecha convivencia con la madre Fundadora, pero dotadas de muy distinto talante, formación cultural y grado de inteligencia.

De Ana de Jesús dirá Henri Bremond en su Histoire littéraire du sentiment religieux en France
-él siempre tan incomprensivo y avaro en el elogio a la primera priora de los cármenes de Francia que tuvo alta inteligencia e invencible carácter, a más de gran cultura y clarividencia genial
. Todo lo cual, la madre Ana demuestra en seguida, al llegar a París -en España lo había puesto ya de manifiesto en muchas ocasiones- en su toma de posición ante los debates en torno al quietismo que se formulaban en la Sorbona, así como en su enjuiciamiento y respuesta a los postulados de la escuela abstracta difusora del neo-platonismo del Dionisio Areopagita.

Y, sin embargo, es la otra Ana, la de san Bartolomé, la que va a ejercer sobre Bérulle un influjo especial, hasta el punto que el mismo Bremond -tan reacio asimismo en admitir determinantes españolas en la dinámica de la restauración católica francesa, aun en la propiamente denominada por él "invasión mística"-, acepta, en este caso, la dirección espiritual ejercida por la hermana Ana, que no es la de Jesús, pero tampoco ignorante. Al menos, lo acepta en unos años precisos de la formación de Bérulle, los que van desde el conocimiento de la futura beata, en 1604, hasta 16112'.

¿Cómo explicar lo que a muchos puede parecer inexplicable: que un hombre tan sabio, tan culto y cada vez más poderoso, requiera, como precisamente constatamos en las cartas, la dirección de la más humilde de las monjas españolas llegadas a Francia, cuya humildad se patentiza más con el paulatino ingreso en los cármenes franceses de las nuevas novicias galas -Madeleine du Bois de Fontaines, Charlotte de Harlay de Sancy, Marie d'Hannivel, Marguerite de la Barre, Angélique de Brissac...-, casi todas nobles y de altos linajes?. La respuesta es simple en el terreno de la espiritualidad y más aún en el de la experiencia mística: a Bérulle le conmueven profundamente las visiones de la hermana Ana. Cree además en ellas y en sus claves proféticas: de ahí precisamente sus continuas consultas, su dependencia. El caso no es insólito, ni entonces, ni ahora. La dominica sor María de la Visitación, la falsa estigmatizada del convento de la Anunciada de Lisboa, había ejercido influjo y poder parejo sobre Felipe II. La franciscana María de Jesús de Agreda lo desplegaría sobre el IV Austria.

Así, a instancias de monseñor, Ana de san Bartolomé tomará muy pronto en Francia el velo negro de las monjas de coro. Al ser corista abandonará las funciones humildes que venía desempeñando en la congregación, pasando a ser apta para las sagradas órdenes y altos cargos. Pero contrariará con ello a Ana de Jesús, a la que en este punto conflictivo le salen los viejos resabios de hidalguía y cree improcedente otorgar tal dignidad a una conversa. Santa Teresa, más comprensiva en ello por cuna -aunque era éste un punto que ella sola se sabía- se lo había ya propuesto a la Bartolomé en los últimos años de su vida, según nos manifiesta la propia beata en su autobiografía, donde nos cuenta asimismo la oposición mentada de Ana de Jesús, ignorante
del gran secreto que guardaba la madre Fundadora. Y la toma de velo será el primer paso para el priorato de la fundación de Pontoise, que ejercerá a partir de 1605, año en que comenzará a redactar sus tratados-conferencias espirituales, aunque el origen de su vocación de escritora debamos situarlo en España unos años antes.

Probablemente es exagerada y fantasiosa la creencia de que Ana de san Bartolomé aprendiera a escribir en 1579, copiando una muestra de escritura trazada por santa Teresa, en un día de mucho agobio epistolar. Pero lo cierto es que, a partir de este año es cuando la hermana Ana pasa a ser no sólo compañera-enfermera, sino secretaria de la Fundadora, teniendo como tarea principal, entre otras, la de escribir las cartas que le dicta Teresa de Jesús; aunque se infiere, por los autógrafos que han llegado hasta nosotros, que junto a ella colaboraron en este menester otras monjas, como Isabel de san Pablo y Beatriz de Jesús. Y por los mismos autógrafos, y otros posteriores escritos de la propia Bartolomé, observamos que su endiablada caligrafía revela orígenes más oscuros y humildes que los de las hidalgas de Santa María de la Gracia, donde se educa Santa Teresa, que aparenta serlo.

Como sea, Ana de san Bartolomé, desde su humilde condición de hermana lega, ejerce desde 1579 para santa Teresa, abrumada por una correspondencia que no puede contestar, esa importante función de escribiente-secretaria, tan ligada a la moda humanística de las cartas y de los epistolarios, y tan en relación con el desarrollo del individualismo y de la autoconciencia en la Edad Moderna. Escribe en principio lo que le dicta Teresa de Jesús. Más tarde, escribirá ella sus propias cartas en número nada despreciable de 665, si nos atenemos a las conservadas.


Estas cartas que, a simple vista, no presentan pretensiones literarias, ni mucho menos se ajustan a los tratados de Gaspar de Texeda, Diego Martínez o Jerónimo de Pablo Manzanares, usuales en la época, siguen de cerca, como era de prever, los formulismos, giros y léxico de santa Teresa. En ellas vuelca la Bartolomé buena parte de su intimidad, aunque siempre más contenida y peor expresada de lo que lo hiciera su maestra, y guardando, como es natural, el décorum pertinente, según la personalidad y la categoría del destinatario.

Entre ellos, será Bérulle uno de los más importantes, con la presencia, por encima de él, de la infanta Isabel Clara Eugenia. Este epistolario -que según la reciente y magnífica edición de 1985, debida a Julián Urkiza, se inicia en Ávila el 25 de noviembre de 1581 y se concluye en Amberes el 4 de junio de 1626, pocos días antes de la muerte de la madre Ana- se nos presenta, sobre todo al principio, como una especie de exercitatio de una futura escritora en formación. Luego se jalona con otras muestras y tentativas cada vez más complejas de la práctica literaria y de la expresión de su intimidad: desde la poesía, hasta ahora la faceta más conocida de Ana de san Bartolomé, a un relato biográfico de los últimos años de Teresa de Jesús, coronado por las declaraciones inquisitoriales en relación al proceso de beatificación de la santa. Y se completa, naturalmente, con la crónica fundacional, protagonizada por ella misma en tierras francesas, o las relaciones de conciencia, escritas en Francia y dirigidas precisamente a Bérulle. Éstas ya pueden considerarse como sus primeros escritos de exploración autobiográfica consciente de signo interiorista y espiritual, que culminarán con la propia autobiografía. Por fin, la experiencia de su escritura en relación a la redacción de sus cartas comprenderá también la tentativa, en parte frustrada, de la composición del diálogo didáctico, con su velada, pero siempre existente, componente autobiográfica.
María Pilar MAÑERO SOROLLA(Universidad de Barcelona)