viernes 3 de julio de 2009

Encuentro internacional Vocacional


Las hermanas Carmelitas Descalzas del Monasterio de San José de Sevilla España me pidieron un favor, asi que transcribo lo que me escribieron y se los mando a todos. Que Dios los bendiga mucho.

JM+JT

Jesús sea en su alma.Queríamos pedirle que nos ayuden con la propaganda acerca del I Encuentro Vocacional del monasterio que tendrá lugar los dias 3-4 de octubre. Básicamente sería mandar la carta y las fechas a las direcciones que tenga como contactos y pedirles que reenvien la información para que ruede por ahi. Sabemos que es un favor muy grande, pero Dios se los pagará como él sabe hacerlo.

Unidísimos en Cristo
Carmelitas Descalzas de Écija


Carmelitas Descalzas
Monasterio de San José
Calle del Conde, 1641400,
Écija-SevillaEspaña

martes 30 de junio de 2009

La personalidad de Ana de san Bartolomé

Estamos pues en octubre de 1604, fecha de llegada a París de la mentada madre Ana de Jesús, más cuatro monjas por ella elegidas y, como es de suponer, carmelitas marcadas por un determinado espíritu y estilo: Beatriz de la Concepción, Isabel de los Ángeles (la única que ha de morir en Francia), Leonor de san Bernardo e Isabel de san Pablo, nacida en Flandes de padre español y madre belga, que sabe bien el francés.

Pero Monseñor Pierre de Bérulle había pedido también para Francia una monja singular, dada a muy grandes revelaciones, lega, conversa declarada, pero con aureola especial: en sus brazos había muerto, en Alba de Tormes, Teresa de Jesús. Me estoy refiriendo a la propia Ana de san Bartolomé, a quien Bérulle conocía a través de la Vida de santa Teresa de Francisco de Ribera y que llegará también con las otras y, desde luego, dispuesta y determinada al martirio, pues es fama -al menos así lo atestiguan las Chroniques de Troyes- que pasando por el Lenguadoc, país repleto de protestantes "herejes", las monjas de la expedición ponían al frente del coche el crucifijo y el rosario. Acción inútil en un país no sólo fundamentalmente católico, sino también muy preparado en doctrina, y naturalmente, dispuesto al misticismo.

Ana de san Bartolomé había nacido el 1 de octubre de 1549 en El Almendral, pueblecito
entonces perteneciente al partido judicial de Talavera en la provincia de Toledo, pero dependiente de la diócesis de Avila y, por tanto, situado en un radio de acción tremendamente influido desde 1562 por la reforma descalza. De padres labradores -Fernán García y María Manzanas-, su vida transcurrió en el campo y puede decirse que al ingreso en el carmen de San José de Ávila en 1570, en calidad de lega, nuestra monja es prácticamente semianalfabeta. Su discreta pero efectivarelevancia en el seno de la Orden comienza a tomar cuerpo a partir de 1577, en que santa Teresa, ya muy disminuida en su salud, la toma por compañera-enfermera; y así comienza Ana a estar presente en los acontecimientos más importantes de los últimos seis años de la vida de la Fundadora.

Participará activamente en sus cuatro postreras fundaciones: Villanueva de la Jara, en 1580; Palencia, en el mismo año; Soria en 1581; y la última, Burgos, en 1582, pocos días antes de la muerte de la santa, a la que acompañará, ya moribunda, a Alba y la asistirá en su agonía. A la muerte de Teresa de Jesús, los arrebatos, éxtasis y visiones de Ana de san Bartolomé se multiplican. Son visiones premonitorias, algunas de altos vuelos políticos, como la del desastre de la Armada de 1588; otras, las más, en relación al Carmelo, muy ligadas a su santa madre que aparece como guía e inspiradora; y algunas relativas a la futura y siempre en el aire fundación francesa. Sin embargo, la postura de la hermana Ana en las luchas de la Orden, alrededor de los años 90, resulta ambigua o declaradamente decantada -acaso por temor u obediencia ciega- a las novedosas directrices de Doria y a las Constituciones de 1592. De hecho, desde Ávila,
acompañará a la nueva priora de Madrid, María de san Jerónimo, a resultas de la destitución y reclusión en Salamanca de Ana de Jesús. Sea como fuere, el caso es que en 1604 llegan a París, a fundar, de entre seis, dos monjas, las mentadas Ana de Jesús y Ana de san Bartolomé, que habían tenido muy estrecha convivencia con la madre Fundadora, pero dotadas de muy distinto talante, formación cultural y grado de inteligencia.

De Ana de Jesús dirá Henri Bremond en su Histoire littéraire du sentiment religieux en France
-él siempre tan incomprensivo y avaro en el elogio a la primera priora de los cármenes de Francia que tuvo alta inteligencia e invencible carácter, a más de gran cultura y clarividencia genial
. Todo lo cual, la madre Ana demuestra en seguida, al llegar a París -en España lo había puesto ya de manifiesto en muchas ocasiones- en su toma de posición ante los debates en torno al quietismo que se formulaban en la Sorbona, así como en su enjuiciamiento y respuesta a los postulados de la escuela abstracta difusora del neo-platonismo del Dionisio Areopagita.

Y, sin embargo, es la otra Ana, la de san Bartolomé, la que va a ejercer sobre Bérulle un influjo especial, hasta el punto que el mismo Bremond -tan reacio asimismo en admitir determinantes españolas en la dinámica de la restauración católica francesa, aun en la propiamente denominada por él "invasión mística"-, acepta, en este caso, la dirección espiritual ejercida por la hermana Ana, que no es la de Jesús, pero tampoco ignorante. Al menos, lo acepta en unos años precisos de la formación de Bérulle, los que van desde el conocimiento de la futura beata, en 1604, hasta 16112'.

¿Cómo explicar lo que a muchos puede parecer inexplicable: que un hombre tan sabio, tan culto y cada vez más poderoso, requiera, como precisamente constatamos en las cartas, la dirección de la más humilde de las monjas españolas llegadas a Francia, cuya humildad se patentiza más con el paulatino ingreso en los cármenes franceses de las nuevas novicias galas -Madeleine du Bois de Fontaines, Charlotte de Harlay de Sancy, Marie d'Hannivel, Marguerite de la Barre, Angélique de Brissac...-, casi todas nobles y de altos linajes?. La respuesta es simple en el terreno de la espiritualidad y más aún en el de la experiencia mística: a Bérulle le conmueven profundamente las visiones de la hermana Ana. Cree además en ellas y en sus claves proféticas: de ahí precisamente sus continuas consultas, su dependencia. El caso no es insólito, ni entonces, ni ahora. La dominica sor María de la Visitación, la falsa estigmatizada del convento de la Anunciada de Lisboa, había ejercido influjo y poder parejo sobre Felipe II. La franciscana María de Jesús de Agreda lo desplegaría sobre el IV Austria.

Así, a instancias de monseñor, Ana de san Bartolomé tomará muy pronto en Francia el velo negro de las monjas de coro. Al ser corista abandonará las funciones humildes que venía desempeñando en la congregación, pasando a ser apta para las sagradas órdenes y altos cargos. Pero contrariará con ello a Ana de Jesús, a la que en este punto conflictivo le salen los viejos resabios de hidalguía y cree improcedente otorgar tal dignidad a una conversa. Santa Teresa, más comprensiva en ello por cuna -aunque era éste un punto que ella sola se sabía- se lo había ya propuesto a la Bartolomé en los últimos años de su vida, según nos manifiesta la propia beata en su autobiografía, donde nos cuenta asimismo la oposición mentada de Ana de Jesús, ignorante
del gran secreto que guardaba la madre Fundadora. Y la toma de velo será el primer paso para el priorato de la fundación de Pontoise, que ejercerá a partir de 1605, año en que comenzará a redactar sus tratados-conferencias espirituales, aunque el origen de su vocación de escritora debamos situarlo en España unos años antes.

Probablemente es exagerada y fantasiosa la creencia de que Ana de san Bartolomé aprendiera a escribir en 1579, copiando una muestra de escritura trazada por santa Teresa, en un día de mucho agobio epistolar. Pero lo cierto es que, a partir de este año es cuando la hermana Ana pasa a ser no sólo compañera-enfermera, sino secretaria de la Fundadora, teniendo como tarea principal, entre otras, la de escribir las cartas que le dicta Teresa de Jesús; aunque se infiere, por los autógrafos que han llegado hasta nosotros, que junto a ella colaboraron en este menester otras monjas, como Isabel de san Pablo y Beatriz de Jesús. Y por los mismos autógrafos, y otros posteriores escritos de la propia Bartolomé, observamos que su endiablada caligrafía revela orígenes más oscuros y humildes que los de las hidalgas de Santa María de la Gracia, donde se educa Santa Teresa, que aparenta serlo.

Como sea, Ana de san Bartolomé, desde su humilde condición de hermana lega, ejerce desde 1579 para santa Teresa, abrumada por una correspondencia que no puede contestar, esa importante función de escribiente-secretaria, tan ligada a la moda humanística de las cartas y de los epistolarios, y tan en relación con el desarrollo del individualismo y de la autoconciencia en la Edad Moderna. Escribe en principio lo que le dicta Teresa de Jesús. Más tarde, escribirá ella sus propias cartas en número nada despreciable de 665, si nos atenemos a las conservadas.


Estas cartas que, a simple vista, no presentan pretensiones literarias, ni mucho menos se ajustan a los tratados de Gaspar de Texeda, Diego Martínez o Jerónimo de Pablo Manzanares, usuales en la época, siguen de cerca, como era de prever, los formulismos, giros y léxico de santa Teresa. En ellas vuelca la Bartolomé buena parte de su intimidad, aunque siempre más contenida y peor expresada de lo que lo hiciera su maestra, y guardando, como es natural, el décorum pertinente, según la personalidad y la categoría del destinatario.

Entre ellos, será Bérulle uno de los más importantes, con la presencia, por encima de él, de la infanta Isabel Clara Eugenia. Este epistolario -que según la reciente y magnífica edición de 1985, debida a Julián Urkiza, se inicia en Ávila el 25 de noviembre de 1581 y se concluye en Amberes el 4 de junio de 1626, pocos días antes de la muerte de la madre Ana- se nos presenta, sobre todo al principio, como una especie de exercitatio de una futura escritora en formación. Luego se jalona con otras muestras y tentativas cada vez más complejas de la práctica literaria y de la expresión de su intimidad: desde la poesía, hasta ahora la faceta más conocida de Ana de san Bartolomé, a un relato biográfico de los últimos años de Teresa de Jesús, coronado por las declaraciones inquisitoriales en relación al proceso de beatificación de la santa. Y se completa, naturalmente, con la crónica fundacional, protagonizada por ella misma en tierras francesas, o las relaciones de conciencia, escritas en Francia y dirigidas precisamente a Bérulle. Éstas ya pueden considerarse como sus primeros escritos de exploración autobiográfica consciente de signo interiorista y espiritual, que culminarán con la propia autobiografía. Por fin, la experiencia de su escritura en relación a la redacción de sus cartas comprenderá también la tentativa, en parte frustrada, de la composición del diálogo didáctico, con su velada, pero siempre existente, componente autobiográfica.
María Pilar MAÑERO SOROLLA(Universidad de Barcelona)

lunes 29 de junio de 2009

Beata Ana de San Bartolomé

“Ardamos en celo por extender la Iglesia”..
“Sepamos servir con caridad a los demás”
“Procuremos ser buenos samaritanos con los enfermos”

Es un satélite que se mueve por completo en la órbita de Santa Teresa de Jesús. Tiene con ella un punto de contacto excepcional: la vida de ambas está dominada por los fenómenos místicos, constituyendo un válido testimonio de la existencia de lo sobrenatural, prueba patente de la presencia de Dios en el mundo de las almas. Ambas nos han descrito su experiencias. Teresa como maestra, con la exactitud y riqueza de sus minuciosas descripciones; Ana con la sencillez de su mente inculta y campesina, pero con una sinceridad y una transparencia que encantan.

La Autobiografía de la Beata está tan llena de hechos extraordinarios, que resulta poco atrayente para los espíritus críticos y desconfiados de nuestro siglo, pero está escrita con un estilo tan directo y con una tal convicción, que no pueden menos de ser aceptados, por lo menos, como experiencia vivida, por quienes se acerquen a ella con un criterio adicto a lo divino.

Nació Ana en Almendral, Pueblo de la provincia de Toledo, el 1 de octubre de 1549, en una familia cristiana y campesina, de costumbres austeras y acendrada piedad, siendo la sexta entre siete hermanos. Un vulgar episodio de su infancia parece señalar el destino de su vida. Ella misma lo cuenta en su Autobiografía: Cuando todavía era muy niña y apenas podía tenerse en pie la dejaron un día solita sus hermanas para que se entrenara en andar. Pasando por allí su madre, les dijo:

-Mirad que la niña no caiga, que se matará.
Una de las hermanas replicó:
-Dios la haría merced, si se muriera: que ahora iría al cielo.
Y la otra repuso:
-Déjala, no se muera, que si vive podrá ser santa.
Mas la primera objetó:
-Esto está en duda, y ahora no tiene peligro, mas en llegando a los siete años pecan los niños.

Nos asegura la Beata que este diálogo, sólo vagamente comprendido, causó un impacto terrible en su alma. Cobró horror al pecado, y, levantando los ojos al cielo, le pareció que se le mostraba claramente la majestad divina.
Es posible que una elaboración posterior fuese llenando de contenido la primitiva impresión, pero lo cierto es que su vida queda marcada desde sus albores con el signo de lo sobrenatural. Y cuando cumplió siete años la encontraban con frecuencia llorando y, preguntada por el motivo, respondía: "Porque tengo miedo de pecar y condenarme".

Cuando contaba apenas diez años perdió a sus padres, y sus hermanos la obligaron a guardar el rebaño que poseía la familia. Ana aprendió con el contacto del campo a relacionarse con Dios, a quien veía presente en la creación. Gustaba de pasar las horas muertas con el pensamiento en el cielo, absorta en contemplación, y ya desde entonces se entrenó en continuos coloquios con Cristo, que, nos asegura, se le aparecía continuamente en figura de niño que conversaba con ella. Lo sentía junto a sí y le hacía partícipe de sus pensamientos y preocupaciones. La Beata interpreta estas experiencias como si se tratara de una presencia real y corporal de Cristo, mas acaso no pasasen de visiones imaginarias producto de su fantasía infantil excitada por el pensamiento de Cristo, hacia el cual encauzaba toda la capacidad sensitiva de su alma. Lo cierto es que vivía en continua presencia de Dios, nota que fue la característica de su vida toda bajo diversos aspectos conforme al desarrollo de la gracia en su alma y al diverso grado de madurez espiritual.

Al llegar a los veintiún años, sus hermanos quisieron casarla y le buscaron para marido un mozo gallardo y de buena posición. La joven estaba decidida a consagrarse al Señor y, con hábil estratagema, logró burlar las pretensiones familiares, presentándose ante su presunto esposo tan desastradamente ataviada, que no fue aceptada. Durante mucho tiempo continuó la insistencia de sus familiares y fue tanta la guerra que le hicieron, que faltó muy poco para que se rindiera. "Si yo hallara un hombre muy rico, muy agradable, muy santo y que me ayudara al servicio de Dios, que me holgara con tal compañía."

Mas Cristo, que en su infancia se le hacía sentir como niño, se le mostró entonces con rasgos juveniles y le susurró al oído: "Yo soy el que tú quieres y conmigo te has de desposar”, y desapareció.

Desde entonces todos sus pensamientos y deseos se encaminaron al claustro, y por consejo de su confesor, el párroco del pueblo, se dirigió al convento de San José de Avila pidiendo ingresar entre las hijas de Santa Teresa. Sus hermanos se opusieron en un principio y su hermano mayor, cuando cierto día le reclamaba el dinero para el viaje, tuvo un acceso tan terrible que poco faltó para que la atravesase con su espada. Mas finalmente, amansado, él mismo la acompañó a Avila, donde ingresó el 1 de noviembre de 1570.

La Beata carecía por completo de instrucción y no sabía leer ni escribir, lo cual suponía un grave inconveniente para su admisión por su incapacidad para el rezo del coro. Mas la santa Madre, que nunca había querido admitir legas en sus conventos, hizo una excepción con ella para no perder una vocación tan privilegiada, y la recibió para "freila", siendo la primera lega de la descalcez. Hay que notar, sin embargo, que no se tuvo en cuenta para nada la cuestión económica, ya que aportó su dote correspondiente.

En el convento la probó el Señor con duras pruebas espirituales, retirándola el suave sentimiento de su presencia y presentándosele como Cristo doliente que la invitaba a caminar por el sendero de la cruz. En una visión se le mostró afligidísimo y descargó en su corazón la pena que tenía. "¡Mira las almas que se me pierden! ¡Ayúdame!", mostróme la Francia como si estuviera presente allí y millones de almas que se perdían en las herejías."

Dios la probó con graves enfermedades, efecto de su vida de oración, en la que incluso pasaba las horas de la noche, con lo que gastaba su cuerpo no muy robusto. Pero un día la madre Teresa, encontrándose enferma nuestra Beata, le ordenó por obediencia que se convirtiera en enfermera de las demás y, superando su debilidad, se dio tal maña en el oficio, que se convirtió en "Priora de las novicias", como donosamente la llamaba Santa Teresa.

Fue la Santa la que moldeó su espíritu con sus enseñanzas y con su familiaridad, ya que la convirtió en su confidente, su enfermera, su ayuda de cámara y hasta en su secretaria. Ella misma confiesa que la Santa estaba ya tan acomodada a mis pobres y groseros servicios, que no se hallaba sin mí".

Como la Beata Ana no sabía escribir se lamentaba Teresa de ello, porque hubiera querido que la ayudase a llevar su copiosa correspondencia. Por dar gusto a la Madre se empeñó con tal entusiasmo en conseguir aprender a escribir, que lo consiguió con sólo copiar la letra de la Santa y con tal rapidez que se tuvo por todos como verdadero milagro.

Cuando en 1579 se autorizó de nuevo a Santa Teresa para que reanudase la visita de sus conventos y su actividad de fundadora, tras el obligado reposo de dos años en Avila, quiso llevar como compañera a la Beata Ana de San Bartolomé, que la acompañó en sus últimas peregrinaciones, las más duras y trabajosas, a lo largo de todos los caminos de Castilla. A la pluma de la Beata debemos las vívidas descripciones de estos trabajos, que completan las trazadas por Teresa en el Libro de las Fundaciones.

Ana la acompañó a las de Malagón, Villanueva de la Jara y Burgos, y se hizo su presencia tan necesaria a la Santa, que no sabía ponerse en camino sin su compañía.

En la última enfermedad de Santa Teresa la Beata no se apartó de su lado, olvidándose de comer y de dormir, y tal era el consuelo que le daba el verse por ella atendida que, cuando se alejaba, reclamaba insistentemente su presencia. Ella la asistió en su agonía y tuvo reclinada entre sus manos durante varias horas la cabeza de la santa Madre hasta que en ellas expiró.

Muerta la Santa se convirtió Ana de San Bartolomé en oráculo para las descalzas, que a ella acudieron en su ilusión de conocer los detalles de la vida y enseñanzas de su Madre, que ella mejor que nadie conocía.

Cuando el cardenal de Bérulle vino a España para llevarse a Francia un grupo de carmelitas, se recordó Ana de la revelación que respecto de Francia le había hecho el Señor en otro tiempo y de los deseos de Santa Teresa, y acogió la idea con entusiasmo, formando parte de la primera expedición.

En Francia la obligaron los superiores a tomar el velo negro de corista y la nombraron priora primero de Pontoise y luego de París. La madre Ana tuvo que hacerse al trato de las damas y personajes de la corte, que dieron en la moda de visitar las descalzas y someterse a su dirección. Las primeras vocaciones francesas al Carmelo pertenecían a la nobleza francesa, y fue Ana encargada de su formación, trasvasando en ellas el espíritu teresiano de que el suyo rebosaba. A ella se debe también la fundación del convento de Tours.
Una grave dificultad presentaba la permanencia en Francia de las descalzas. El cardenal Bérulle, una de las más grandes figuras de la espiritualidad francesa, quiso moldear a las carmelitas conforme a su propio espíritu, aunque siguiendo la línea de Santa Teresa. Las españolas estaban acostumbradas a la dirección de los padres y no podían hacerse a vivir sin consultar su espíritu con ellos. La Beata Ana aguantó cuanto pudo; mas, no bien comprendió que el Carmelo en Francia podía continuar por sus propios medios, aceptó la invitación de trasladarse a Bélgica, donde podría dirigirse con los descalzos, que estaban ya establecidos allí.

Llegó a Bélgica a los sesenta y tres años de su edad y fueron los años que allí vivió hasta su muerte los más fecundos de su vida. Su recuerdo está unido en Bélgica a la fundación de Amberes por ella realizada y que se convirtió pronto en un potente foco de irradiación espiritual. Desde la reja de su locutorio y a través de su correspondencia ejerció poderosa influencia sobre la sociedad belga, colaborando al desarrollo de la espiritualidad y vida de oración entre aquellas gentes que se han distinguido siempre entre las más dispuestas para la vida sobrenatural.

Cuando Mauricio de Nassau intentó por tres veces tomar por sorpresa la fortaleza de Amberes, la población atribuyó a las oraciones de la Beata y de sus monjas la liberación, y la infanta y los generales acudieron al locutorio para agradecerle su intervención.

Murió la Beata Ana de San Bartolomé el 7 de junio de 1626, precisamente el día de la Santísima Trinidad, cuya presencia sintió de manera especial en su alma durante los últimos años de su vida.

Su memoria perdura viva en el Carmelo y en la ciudad de Amberes, que en los días terribles de la guerra mundial volvió a encomendarse a ella, atribuyendo a su mediación protectora el haberse visto libre de la destrucción.

domingo 24 de mayo de 2009

Santa Maria Magdalena de Pazzi -25 de mayo - monja Carmelita.




Carmelita, Mística, Santa 1566-1607 el tesoro escondido en la Iglesia

Oh amor, amor, amor! ¡Basta, basta! Es demasiado. Eres un loco, estás loco de amor. Eres la pena y el consuelo, la fatiga y el descanso, la muerte y la vida. Eres todo amable y deseable, nutritivo y unitivo, deleitante y confortante. ¡Oh amor, amor, tú me haces morir de amor!»

Nació en Florencia, Italia, en el año 1556, de padres nobles Camilo de G. de Pazzi y Magdalena María Buendelmonto.. Su nombre de bautismo es Catalina. Su padre era gobernador y la internó desde muy pequeña en el convento de San Juan de Florencia . Allí se encariñó grandemente con las prácticas de piedad y con la vida de retiro y espiritualidad.. A los diez años el 19 de abril de 1576 hace a Dios voto de virginidad.

Era muy hermosa y de muy amable trato, y su familia la quería casar con alguno de la alta clase social, pero la jovencita demostraba tan grande inclinación a la vida religiosa que tuvieron que permitirle que se fuera a un convento.A la edad de de 16 años entró en las Carmelitas descalzas en el convento de Santa María de los Angeles en Florencia. Recibió el hábito en 1583, tomando el nombre María Magdalena.

Escogió el convento de las Carmelitas porque allá le permitían comulgar con frecuencia. El 29 de mayo del 1584 estando tan enferma que se temía que no se recuperase, hizo su profesión como religiosa y la hizo "sobre una camilla acomodada delante del Altar de la Virgen". Cuando la transportaban a la enfermería después de hacer sus tres votos, Magdalena tuvo su primera alucinación que le duró más de una hora. Su rostro apareció ardiente, y deshecha en lágrimas sollozaba y repetía: "Oh amor de Dios que no eres conocido ni amado: ¡cuán ofendido estás!".

Una frase que le impresionó mucho fue aquella de San Pablo que le dijo el sacerdote el día en que le colocó el crucifijo que llevan las religiosas: "A mí líbreme Dios de gloriarme en cualquier otra cosa que no sea la cruz de Jesucristo". Desde ese día se llenó de un inmenso deseo de sufrir por amor a Jesús.

Después de su profesión experimentó éxtasis diarios por 40 días consecutivos. En los siguientes cuarenta días tuvo inmensas consolaciones espirituales y recibió gracias extraordinarias Al final de este tiempo parecía estar cerca de la muerte. Sin embargo se recuperó milagrosamente. Quedó curada el 16 de julio y el 24 3.1585, vigilia de la Anunciación, San Agustín le escribió en el corazón las palabras "Verbum caro factum est". En adelante, a pesar de su mala salud, pudo cumplir con esmero las obligaciones que le asignaban y practicar una penitencia muy fuerte.El 15 de abril le fueron impresos para siempre en el alma los estigmas invisibles. El 28 del mismo mes recibió de Jesús el anillo que sellaba su místico desposorio con El.

Los especialistas dicen que cuando un alma se consagra totalmente al servicio de Dios, el Señor le concede al principio muy agradables consolaciones espirituales, a fin de prepararle para los grandes sufrimientos y las terribles pruebas que vendrán después. Luego les llegan días de tinieblas interiores para acabar con todo rastro de egoísmo y llenar el alma de humildad y para convencerse de la gran necesidad que tienen de la ayuda de Dios. Así le sucedió a nuestra santa.

Algunas características de sus raptos y éxtasis:

1- Los raptos eran a veces tan fuertes que la inducían a movimientos rápidos (ej: hacia un objeto sagrado).

2- Frecuentemente podía, en éxtasis, llevar a cabo su trabajo con perfecta compostura y eficiencia.

3- Durante sus momentos de rapto expresaba máximas del amor divino y consejos para la perfección de las almas, especialmente para las religiosas. Estas fueron copiadas por sus hermanas religiosas y han sido publicadas. A veces hablaba en nombre propio mientras otras en nombre de una u otra de las Personas de la Santísima Trinidad.

4- Los estados de éxtasis de ninguna forma interferían con el servicio de la santa en la comunidad. Manifestaba un fuerte sentido común, un gobierno estricto y disciplinado, acompañado por una gran caridad por lo que esa muy amada hasta su muerte.

Fue sucesivamente maestra de externas, de junioras, de novicias y finalmente, en 1604, superiora.
Dios le mostró las inmensas ventajas que consiguen para su alma y para la santificación de otras personas, quienes sufren con paciencia. Y desde entonces fue creciendo sin cesar su deseo de sufrir por Cristo y por la conversión de los pecadores. A una religiosa que le preguntaba cómo podía soportar sus dolores sin proferir ni una sola palabra de impaciencia, le respondió: "Pensando y meditando en los sufrimientos que Jesucristo padeció en su santísima Pasión y muerte. Quien mira las heridas de Jesús crucificado y medita en sus dolores, adquiere un gran valor para sufrir sin impacientarse y todo por amor a Dios".

Santa María Magdalena de Pazzi escogió un lema o programa de vida que se ha hecho famoso. Decía así: "No morir, sino sufrir". "Ni morir ni curar, sino vivir para sufrir". Y repetía "Oh, si la gente supiera cuán grandes son los premios que se ganan sufriendo por amor a Jesucristo, todos aceptarían con verdadero gozo sus sufrimientos, por grandes que sean".Después de uno de sus éxtasis contaba: "Vi el amor inmenso que nos tiene Nuestro Señor y vi también que las almas que ofrecen sus sufrimientos uniéndolos a los sufrimientos de Cristo se vuelven inmensamente hermosas. ¡Oh, si las gentes supieran lo mucho que ganan cuando ofrecen a Dios sus padecimientos!".

En medio de su éxtasis hablaba con un ser invisible, y abrazando su crucifijo, con rostro brillante exclamaba: "Oh Jesús mío: concédeme palabras eficaces para convencer al mundo de que tu amor es grande y verdadero y que nuestro egoísmo es engañoso y tramposo".Y en sus conversaciones buscaba siempre almas que quisieran dedicar su vida entera a amar a Jesucristo y ofrecer por El todos los sufrimientos de cada día y de cada hora, con todo el amor de su espíritu.Le aparecieron en sus manos y en pies los estigmas o heridas de Cristo Crucificado. Le producían dolores muy intensos, pero ella se entusiasmaba al poder sufrir más y más por hacer que Cristo fuera más amado y más obedecido y por obtener que más almas se salvarán.Martirizada en su cuerpo por heridas dolorosísimas, cuando los dolores se volvían insoportables, ella pedía valor al Señor diciéndole: "Ya que me has dado el dolor, concédeme también el valor". Y recibía fuerzas sobrenaturales para seguir sufriendo sin impacientarse ni quejarse.Además de los dolores físicos le llegó lo que los santos llaman "La noche oscura del alma". Una cantidad impresionante de tentaciones impuras. Sentimientos de tristeza y desgano espiritual. Falta de confianza y de alegría. Sufría de violentos dolores de cabeza y se paralizaba frecuentemente. La piel se le volvía tan sensible que el más leve contacto le producía una verdadera tortura. Pero en medio de tantos suplicios seguía repitiendo: "Ni sanar ni morir, sino vivir para sufrir".

Hizo muchos milagros y poseía dones extraordinarios. Como maestra de novicias era notable su milagroso don de leer las mentes, no solo de las novicias sino también de personas fuera del convento. A Alejandro de Médicis le dijo que un día sería Sumo Pontífice pero que duraría poco en el cargo, y así sucedió. Con frecuencia veía las cosas a distancia. Se dice que en una ocasión vio milagrosamente a Santa Catalina de Ricci en su convento en Prato, leyendo una carta que le había enviado y escribiendo la respuesta aunque nunca se habían conocido de manera natural. Tenía el don de profecía y de curación... Se bilocaba, o sea se aparecía a gentes que estaban muy distantes y les llevaba mensajes. Curó varios enfermos. Los viernes sufría varios de los dolores que Cristo padeció el Viernes Santo. Y repetía siempre: "Señor: ¡hágase tu santa voluntad!".

Por cinco años (1585-90) Dios permitió que sufriese la prueba de una terrible desolación interna, fuertes tentaciones y ataques diabólicos externos. Por su valiente adhesión al Señor y su humildad venció la prueba y creció en virtud. Después experimentó gran consolación.
Tenía la llamada a orar y hacer penitencia por la reforma de "todos los estados de vida en la Iglesia" y por la conversión de todos los hombres.

Enseñó que el sufrimiento nos lleva a un profundo nivel espiritual y ayuda a salvar el alma. Por eso amaba el sufrimiento por amor a Dios y las salvación de las almas.

El 25 de mayo del año 1607, al morir quedó bella y sonrosada. Tenía apenas 41 años. Su cuerpo se conserva todavía incorrupto en el convento carmelita de Florencia donde pasó su vida.

Beatificada: 8 Mayo, 1626 por el Papa Urbano VIII Canonizada: 28 Abril 1669 por el Papa Clemente IX

Su cuerpo está incorrupto en la iglesia de Santa Maria degli Angeli en Florencia.

No escribió nada, tres religiosas, encargadas por el director espiritual escribían lo que ella deliraba. Llenan siete volúmenes de una doctrina profunda que enseña los caminos de la más alta mística, los delirios en "éxtasis" de Santa Maria Magdalena, decía cosas maravillosas y profundos conceptos teológicos que jamás ella había estudiado entre ellos el más importante titulado "Contemplaciones", el cual se considera por la Iglesia Católica como un verdadero tratado de teología mística. San Alfonso de Ligorio apreciaba inmensamente este libro y en sus obras lo cita muchísimas veces.

Los volúmenes Se llaman: Los cuarenta días; Los Coloquios; Las Revelaciones e Inteligencias; La Prueba; La Renovación de la Iglesia; Avisos; Sentencias y Cartas...

Los cristianos católicos creen que esta virgen carmelita es una de las más grandes místicas, extáticas y estigmatizadas de todos los tiempos.

PARA MEDITAR

Esta santa amó a Dios desde que tuvo suficiente razón como para conocerlo. Se aislaba para orar; pasaba horas enteras ante el Santísimo Sacramento; su Bienamado sin cesar estaba presente en su memoria. ¿Has comenzado tú a amar a Dios? ¡Des de hace ya mucho tiempo lo conoces y muy poco lo has amado!

Ella despreció todas las ventajas temporales que le aseguraban sus hermosas cualidades, y desde que conoció la vanidad del mundo, se apresuro a a dejarlo, protestando que estaba dispuesta a soportar todos los suplicios antes que permanecer en él. Mira tú las grandezas, las riquezas y los placeres con los ojos de la fe, y no tendrás sino desprecio por lo que el mundo adora. Pon los ojos en el cielo, allí es donde debes poner todas tus esperanzas. He aprendido a pisar la tierra y no a adorarla, no me es lícito poner en las cosas inanimadas las esperanzas de mi vida. (San Clemente de Alejandría).

La oración continua de esta santa era la fuente de todas sus virtudes. La hacia amar a Dios únicamente, y despreciar todo lo que no fuera Dios. Tú no podrás formarte alta idea de Dios, porque no piensas en Él, porque no conversas con Él. Gusta de la oración, ella te desasirá de la tierra y te unirá por entero a Dios; haz tu jaculatoria el lema de esta santa: ¡Sufrir o morir!

Frases
"¡Oh no más, esto es soportar demasiada bendición, demasiado éxtasis dichoso!"

"Ni sanar ni morir, sino vivir para sufrir"

"Yo contemplo el gran sufrimiento con ese cordial e incomprensible amor que fue soportado por mi salvación. El ve mis debilidades y con esa imagen de El me siento confortada, porque todos los dolores y sufrimientos que todos los hijos elegidos de Dios han tenido que soportan han pasado por la más santa Humanidad de Cristo, donde crecieron para ser dulces y ser deseada por sus miembros."

"Ya que me has dado el dolor, concédeme también el valor".

"Padecer y no morir".

"¡Almas, Señor; dadme almas!".

"Vi el amor inmenso que nos tiene Nuestro Señor y vi también que las almas que ofrecen sus sufrimientos uniéndolos a los sufrimientos de Cristo se vuelven inmensamente hermosas. ¡Oh, si las gentes supieran lo mucho que ganan cuando ofrecen a Dios sus padecimientos!".

"Oh Jesús mío: concédeme palabras eficaces para convencer al mundo de que tu amor es grande y verdadero y que nuestro egoísmo es engañoso y tramposo".







jueves 21 de mayo de 2009

Santa Joaquina de Vedruna -22 de Mayo-

Religiosa, Fundadora de las Carmelitas de la Caridad Año 1854

Nacio: 16 de Abrilde 1783 en Barcelona, Espana

Murio en 1854 en Vich de colera
Beatificada el 19 de Mayo de 1940
Canonizada el 12 Abril de 1959 por el Papa Juan XXIII
Patrona de:Victimas abusadas, muerte de ninos, exilados y viudas.

Joaquina significa: "Dios dispondrá".

Encontraremos en esta pagina dos partes, la primera una Biografia de la Santa y luego un escrito maravilloso del Pro. Salvador Reguant Serra sobre Joaquina.

Biografia:

Esta es una santa que duró casada hasta los 33 años. Tuvo ocho hijos y bastantes nietos. A los 47 años fundó la Comunidad de las hermanas Carmelitas de la Caridad, y al morir a los 61 años había fundado conventos, escuelas y hospitales en diversos sitios de España.

Nació en Barcelona, España, en 1773. Su padre, Don Lorenzo de Vedruna, era rico y alto empleado del gobierno. Su familia era muy católica.

La niña desde muy pequeña tuvo mucha devoción al Niño Jesús y a las benditas almas.

Algo que la caracterizó desde sus primeros años fue un gran amor a la limpieza. No toleraba ninguna mancha de mugre en sus vestidos. Y esto la fue llevando a no tolerar tampoco mancas de pecado en su alma.

A los doce años sintió un gran deseo de ser religiosa carmelita. Pero las monjitas no la aceptaron porque les parecía muy niña todavía para decidirse por la vocación religiosa.

Su primera ilusión fue consagrarse a Dios como contemplativa; pero interpretándolo como voluntad del Señor, siguió el consejo de sus padres y A los 26 años, en 1799, contrae matrimonio con un rico hacendado, don Teodoro de Mas, muy amigo de su padre, y empleado oficial como él. Teodoro estimaba mucho a las tres hijas de Don Lorenzo y para decidirse por una de ellas les llevó un pequeño paquetico de dulces de regalo. Las dos primeras lo rechazaron como un regalo demasiado infantil, pero Joaquina lo aceptó con alegría exclamando: "Me encantan las almendras". Este gesto de humildad decidió al joven a elegirla como esposa.

Al principio de su matrimonio sentía a veces serios escrúpulos por no haber seguido la vocación de religiosa que de niña tanto le llamaba la atención, pero su esposo la consolaba diciéndole que en la vida de hogar se puede llegar a tan alta santidad como en un convento y que con sus buenas obras de piedad iría reemplazando las que iba a hacer en la vida religiosa. Esto la tranquilizó. 16 años vivió con su esposo, y Dios le regaló ocho hijos. Y como premio a su sacrificios, cuatro hijas se hicieron religiosas, y varias de sus nietas también.

Cuando Napoleón invadió España; el esposo de Joaquina se fue al ejército a defender la patria y participó valerosamente en cinco batallas contra los invasores. Joaquina y sus niños tuvieron que abandonar la ciudad de Barcelona y huir hacia la pequeña ciudad de Vich.

Cuando Joaquina y sus hijos andaban por la llanura huyendo, de pronto apareció una misteriosa señora y la condujo hasta Vich a casa de una familia muy buena, que los recibió con gran cariño. Enseguida la Señora desapareció y nadie pudo dar razón de ella. Joaquina creyó siempre que fue la Sma. Virgen quien llegó a auxiliarla.

Un día mientras estaba rodeada de su familia, le pareció oír una voz que le decía: "Pronto te vas a quedar viuda". Ella se preparó a aceptar la voluntad de Dios, y a los dos meses, aunque su esposo gozaba de buena salud, y apenas tenía 42 años, murió imprevistamente. Joaquina quedaba viuda a los 33 años, y encargada de ocho hijitos.

Desde aquel día dejó todos sus vestidos de señora rica. Y se dedicó por completo a ayudar a los pobres y a asistir a los enfermos en los hospitales. Al principio la gente creía que se había vuelto loca por la tristeza de la muerte de su esposo, pero pronto se dieron cuenta de que lo que se estaba volviendo era una gran santa. Y admiraban su generosidad con los necesitados. Ella vivía como la gente más pobre, pero todas sus energías eran para ayudar a los que padecían miseria o enfermedad.

Durante diez años estuvo dedicada a penitencias, muchas oraciones y continuas obras de caridad, pidiéndole a Dios que le iluminara lo que más le convenía hacer para el futuro. Cuatro de sus hijas se fueron de religiosas y los otros cuatro hijos se fueron casando, y al fin ella quedó libre de toda responsabilidad hogareña. Ahora iba a poder realizar su gran deseo de cuando era niña: ser religiosa.

Se encontró providencialmente con un sacerdote muy santo, el Padre Esteban, capuchino, el cual le dijo que Dios la tenía destinada para fundar una comunidad de religiosas dedicada a la vida activa de apostolado. El sabio Padre Esteban redacta las constituciones de la nueva comunidad, y en 1826, ante el Sr. Obispo de Vich, que las apoya totalmente, empieza con ocho jovencitas su nueva comunidad a la cual le pone el nombre de "Carmelitas de la Caridad".

Pronto ya las religiosas son trece y más tarde cien. Su comunidad, como el granito de mostaza, empieza siendo muy pequeña, y llega a ser un gran árbol lleno de buenos frutos. Ella va fundando casas de religiosas por toda la provincia.

Tuvo Santa Joaquina la dicha de encontrarse también con el gran apóstol San Antonio María Claret cuyos consejos le fueron de gran provecho para el progreso de su nueva congregación.

Vino luego la guerra civil llamada "Guerra Carlista" y nuestra santa, perseguida por los izquierdistas, tuvo que huir a Francia donde estuvo desterrada por tres años. Allí recibió la ayuda muy oportuna de un joven misteriosos que ella creyó siempre haber sido San Miguel Arcángel, y Dios le preparó en estas tierras a una familia española que la trató con verdadera caridad.

Al volver a España, quizás como fruto de los sufrimientos padecidos y de tantas oraciones, empezó a crecer admirablemente su comunidad y las casas se fueron multiplicando como verdadera bendición de Dios.

En 1850 a los 66 años,empezó a sentir los primeros síntomas de la parálisis que la iba a inmovilizar por completo. Aconsejada por el Vicario Episcopal renunció a todos sus cargos y se dedicó a vivir humildemente como una religiosa sin puesto ninguno. Aunque conservaba plenamente sus cualidades mentales, sin embargo dejó a otras personas que dirigieran la Congregación. Dios le suscitó un nuevo y santo director para su comunidad, el Padre Bernardo Sala, benedictino, quien se propuso dirigir a las religiosas según el espíritu de la santa fundadora.

Durante cuatro años la parálisis se fue extendiendo y la fue inmovilizando por completo hasta quitarle también el habla. Vino luego una epidemia de cólera, la cual acabó con su vida y el 28 de agosto de 1854 pasó santamente a la eternidad.

Antes había tenido el gusto de ver aprobada su Comunidad religiosa por la Santa Iglesia en 1850. Y desde entonces ha venido ayudando de manera prodigiosa a sus religiosas que se han extendido por muchos países.

La Comunidad de Carmelitas de la Caridad tiene ahora 290 casas en el mundo con 2,724 religiosas. 40,079 niñas son educadas en sus colegios y 4,443 personas soln atendidas en sus hospitales.

Fue declarada santa por el Papa Juan XXIII en 1959 (siendo ella la primera persona que canonizó este Pontífice).

Santa Joaquina: sin hacer milagros en vida, y siendo una sencilla madre de familia, una esposa afectuosa, y una mujer que tuvo que sufrir mucho en la tierra, y que dedicó sus grandes energías en ayudar a los necesitados, sea para nosotros un modelo para imitar, y una poderosa protectora que ruegue por nuestra santificación y la salvación. Que Dios nos mande muchas santas como ésta, muchas Joaquinas más.

Su espiritualidad
Tres fueron los resortes sobre los que apoyó su vida espiritual, triple faceta que dio un impacto distintivo a su santidad heroica: sentido providencialista de la vida, ininterrumpido ejercicio de la oración y amor a Cristo crucificado.

Todo incluido en una confianza ilimitada y gozosa en la Divina providencia, que fue el secreto de su maravillosa ductilidad. Abandonada por entero en los brazos amorosos del Padre, que todo lo ve y todo lo puede, se adaptó con sorprendente seguridad y naturalidad espontánea a las circunstancias más imprevistas, humanamente más desconcertantes por las que hubo de atravesar su azarosa vida.

Cabe también destacar su arraigado sentir en todo con la iglesia. Penetrada del sabor y eficacia de las oraciones litúrgicas, gustaba de ellas preferentemente, en estas fórmulas sabía ponderar y comentar su hondo contenido, su profundidad de doctrina.

Supo vivir intensamente el espíritu que anima los misterios litúrgicos. Su dinamismo apostólico fue movido y orientado por el resorte del amor contemplativo. Las múltiples ocupaciones nunca la apartaron de Dios. sino que la unieron más estrechamente a El. De manera que el lema de sus empresas pareció ser "Por la contemplación a la acción". Su vida estaba caldeada en la fragua del amor divino, se desarrollaba calladamente, sublimada por las comunicaciones divinas que la enlazaban con el misterio Trinitario. Santa Joaquina cifró su afán y predilección en la modalidad dolorosa y reparadora de la Divina Pasión. Los acerbos dolores de Cristo en su Pasión la atraían cual imán irresistible, cultivaban su alma y embelesaban su corazón.

Por otra parte, encontró sus delicias en acercar-se a la Eucaristía llevada por la mano de María Santísima, su dulce Madre del Carmelo, a la que protesó un amor entrañable.
Estaba plenamente convencida y había experimentado que nadie mejor que la Madre divina puede enseñar a las almas a vivir en Jesús y con Jesús. Por lo mismo, puso gran empeño en enseñar a sus hijas el modo de valerse de la Virgen para celebrar con fruto los misterios de Jesús.
Es de notar además el rumbo marcadamente carmelitano que tomó la devoción mariana en su Instituto, colocado desde el principio bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen del Carmen.

Su mensaje
que en nuestro propio estado de vida podemos y debemos santificarnos.
que estemos siempre atentos al Señor "que llama".
que la vida de sacrificio es camino breve para el cielo.
que la oración y la humildad son necesarias para salvarse.

LA VIDA CRISTIANA EN SANTA JOAQUINA DE VEDRUNA

Extracto de un escrito del pbro. Salvador Reguant Serra.

…………..La santidad es la unión con Dios y la vida cristiana es la vida unida a Cristo, la vida cristiana es necesariamente una vida santa. Cuando esta vida santa llega a su perfección de tal modo que resulte un ejemplo y un estímulo para todos los cristianos tenemos el santo canonizable. Una canonización no es más que la confirmación por parte del Magisterio Supremo de la Iglesia acerca del grado heroico, del grado perfecto de vida cristiana a la que ha llegado un hombre o una mujer. Por esto una canonización siempre representa un acontecimiento digno de comentario, porque es uno más de nosotros, que ha cumplido en sí mismo este alto ideal de la santidad. Si, por otra parte, este santo es más nuestro por circunstancias geográficas, espirituales o de raza, resulta mayor el interés y la ejemplaridad. He aquí pues, un motivo poderoso para acercarnos a estudiar con veneración una Santa nuestra acabada de canonizan Santa Joaquina de Vedruna de Mas.


CONCEPCIÓN TEOLÓGICA DE LA VIDA CRISTIANA

a) Un hecho: “Mi Dios y todas las cosas”

Dios ha llenado el mundo por amor. La Creación es como un derramarse del exceso de ser de Dios. La Bondad de Dios es comunicativa de sus haberes, de su ser. El Bien es difusivo de si mismo, decían los escolásticos . Por esto no se puede concebir un mal irremediable, absoluto, más que en el apartamiento de Dios, en el deseo de ser nada, en el pecado.

Una concepción verdadera de nosotros con respecto de Dios es la idea de una inmersión, de un estar rodeado de Dios: In ipso enim vivimus, et movemur, et sumus. Porque en El vivimos y nos movemos y existimos

Esta es la única concepción verdadera, pero no es la única concepción querida. Por esto aunque en el mundo del ser y del obrar no podemos prescindir de Dios - el pecador para pecar necesita la ayuda de Dios que le conserva la vida y las fuerzas - podemos no inclinarnos ante estas exigencias del ser, podemos volvernos de espaldas a Dios -aversió a Deo- inclinándonos a preferir otras cosas, que serán, sin duda, creaturas de Dios -conversio ad creaturas.- Esto es precisa-mente lo contrario a la santidad. Es la alteración de las mismas leyes del ser. Es por lo que podemos llamar perversión al pecado. Los santos tienen una sensibilidad metafísica extraordinaria. Estas abstracciones son el primer pensamiento motor de una santidad. El santo es un hombre que ha visto claro dos cosas; una, que hay que estar de cara a Dios -conversio ad Deum-aun a riesgo de ponerse de espaldas a las cosas creadas -aversio a creaturis,- y otra, que ésta es una condición universal del Ser creado.


Por tanto, es algo que deben hacer todos los hombres atendiendo a Dios mismo que dice: Haec est enim voluntas Dei, sanctificatio vestra. La voluntad de Dios es vuestra santificación. Sean cuales sean los inicios circunstanciales de la entrega total a Dios, estas dos ideas están en la raiz de ellos. De este modo Santa Joaquina contestaba a su madre asombrada de su espíritu de recogimiento y oración: «Mamá, lo que yo hago creo que puede hacerlo cualquiera. Cuando en el jardin arranco una mala hierba, pido a Dios que arranque de mi corazón todo afecto pecaminoso; cuando pongo los alfileres en la almohadilla y cuando trabajo en mi encaje o en el bastidor, pienso en las empinas que clavaron en la frente del buen Jesús con la corona tejida de ellas...» . Este ingenuo y sencillo texto correspondiente a los primeros años de la vida de la Santa nos hace ver las tres ideas de las que acabamos de hablar, clavadas ya en la conciencia de la niña Joaquina. La idea de que las cosas santas son asequibles a todos: «lo que yo hago creo que puede hacerlo cualquiera»; el pensamiento fijo en Dios: «...pienso en las espinas que clavaron en la frente del buen Jesús...»; la idea de que es necesario apartar obstáculos para llevar la vida de acuerdo con la voluntad de Dios: «...pido a Dios que arranque de mi corazón todo afecto pecaminoso.»

b) Un camino: Somos cristianos.

San Pablo nos dice que Dios «a los que conoció, los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo», Jesucristo es para nosotros el modelo a imitar, el camino a seguir. Es «el primogénito entre muchos hermanos» que ha venido para hacer la voluntad de Dios.
Los santos son las imitaciones más perfectas de Cristo, son las almas más cristianas. Por esto usamos indistintamente el término santidad y vida cristiana.

Esta cristianización adopta dos aspectos.

El primero se refiere a la imitación de Jesucristo. Todos los santos reflejan de una manera particular e inalienable en sus virtudes la imagen de Jesús. Esto es tan absolutamente claro para todos, que podemos considerar innecesario insistir más ahora, toda vez que hablaremos a lo largo de este trabajo de varias de las virtudes sobresalientes en Santa Joaquina que son la plasmación concreta de su modo de ser cristiana. En lo que podemos insistir es en curiosas coincidencias de tipo general y hasta cierto punto externas, que se dan en la vida de Santa Joaquina con referencia a la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

Santa Joaquina tuvo una parte de su vida que pudiera llamarse de desarrollo normal, porque en ella no se distinguió absolutamente de ninguna persona de su clase y condición más que en el fuego interior que la consumía. Desde su nacimiento hasta prácticamente el año 1820 al encontrarse con el P. Esteban de Olot, cuando Santa Joaquina tenia 36 años, su vida permanece oculta en el anonimato. Hija dócil, madre amorosa y viuda diligente, participa aun a veces de determinadas características de la época que a nosotros nos resultan poco agradables.

A partir dé este tiempo Santa Joaquina entra en la vida pública con la fundación y expansión del Instituto. Aunque con dificultades, el Instituto va creciendo bajo su mirada y su tutela.
Es al final de su vida cuando se quiere prescindir de ella, se la pospone sin ninguna atención a sus trabajos y al hecho de ser prácticamente la única responsable del Instituto. Es el fracaso personal de Santa Joaquina: la subida al Monte Calvarío. Véase la sobriedad y la entereza del consuelo que una mujer fuerte, su hija Ines, dedicaba a la Santa en sus últimos días: «Con esta fundación de las Her-manas ha hecho Vd. una obra muy grande, de mucha gloria de Dios y bien de las almas. Por todas partes piden Hermanas: no se pueden recibir todas las que se presentan por falta de local, y Vd. ha dicho varias veces que después de su muerte sería todavía con más afluencia. Todo esto no deja de darle cierta satisfacción natural y Dios, que la quiere a Vd. muy santa, ha permitido todo esto, para que vea antes de su muerte que las Hermanas se pasarán muy bien sin Vd.. que las cosas seguirán el mismo rumbo y quizá mejor que cuando Vd. las dirigía. Todo esto cuesta a la naturaleza; pero Dios quiere purificarla de este modo de toda satisfacción natural, y debe Vd. querer lo que Dios quiere-.

Realmente Santa Joaquina había seguido a Cristo en la Cruz de acuerdo con lo que inculcaba a sus hijas al entraren el Instituto: «Gracias al buen Jesús que tenemos otra Hermanita que nos ayudará a llevar la Cruz» . Como en todos los auténticos Santos la Cruz era el camino de la Gloria: «Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con El-. Así el día de la Ascensión era ocasión particular de insistir en la Cruz cuando se estaba ya tocando el cielo: «A ver cuantas de vosotras, hijas mías, se sienten con deseos de acompañar a Jesucristo en la montaña y seguirle en espíritu hasta lo más alto de los cielos... Jesús nos quiere muchísimo y nos quiere llevar en pos de sí no solamente en los trabajos, más también en la gloria. Trabajemos, hijas mías, por imitarle, primero en padecer por su amor, ya sea en sufrir la pobreza, ya en padecer los desprecios de los mundanos, ya en las incomodidades de los destinos»

Un segundo aspecto de la cristianización es la búsqueda amorosa de Jesús, el anhelo de serle propio, de tenerlo como esposo a quien" contentar, a quien servir y mimar. Es posiblemente en muchos casos adaptación más peculiar del alma femenina que busca ser compañera para cumplir su destino esencial. Esta fué la palabra de Dios cuando Adán «no encontraba ayuda semejante a él»

Lo que distingue las almas santas de las demás en este aspecto se refiere sobretodo al auténtico sabor teológico que tienen sus aspiraciones, a la corrección conque se desarrollan sus apasionamientos, sus quejas amorosas, sus búsquedas;
¿A dónde te escondistes, Amado,
y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido.
Salí tras ti clamando y eras ido.
En la visión esquemática que intentamos dar no caben multitud de citas que nos certificarían de esta altura espiritual de nuestra Santa. Valgan por todos los testimonios siguientes en los que Jesús es buscado de un triple modo.

En primer lugar Santa Joaquina buscaba a Jesús en su Cuerpo místico, la Iglesia. He aquí el testimonio de unas de sus nietas, hija de Doña Inés. Dice así: «De lo que se gloriaba mi amada abuela, a imitación de Santa Teresa, era de ser hija de la Santa Iglesia» .La seguridad con que los Santos olfatean - permítaseme la expresión - la verdad de que Cristo y su doctrina han de ser hallados a través de esta sociedad humano-divina que llamamos Iglesia es admirable, sobre todo teniendo en cuenta que por el trato asiduo con representantes más o menos calificados de esta Iglesia, ven con frecuencia miserias y errores que no son precisamente aptos para aumentar esta fe en la Iglesia.

En segundo lugar y como es natural, uno de los caminos más socorridos para encontrar a Cristo fue para Santa Joaquina la devoción tierna a la Eucaristía. Innumerables testimonios podríamos citar. Bástenos el de una testigo presencial de la vida de comunidad al principio del Instituto. «Qué fiestas tan alegres y devotase ran para nosotras las del Corpus y del Sagrado Corazón de Jesús! En ellas veíamos a nuestra Madre vivamente inflamada de amor a Jesús Sacramentado... ¡Qué dicha, hijas mías, - exclamaba, — es la nuestra!. Allí tenemos a nuestro Padre, a nuestro esposo. Allí está prisionero de amor por nosotras...»

Finalmente otra característica de infalible valor para equilatar el Cristianismo de una persona es la certeza presentida y practicada de que donde más asequiblemente podemos hallar a Cristo es en los brazos de su Madre. Las anécdotas marianas se cuentan entre las más simpáticas de la vida de la Santa. Su devoción a María Santísima bajo la advocación de la Virgen del Carmen, a la que quería que profesara particular devoción, el señor obispo que debía ser nombrado después del interregno subsiguiente al asesinato del obispo Strauch , era extraordinaria. Bajo su advocación está el Instituto que fundó. Por otra parte en la iglesia de la Divina Pastora a quien regaló sus joyas, nació espiritualmente esta gran obra de Dios, que fué también obra de María.

e) Un impulsor -Veni Creator Spiritus-.

Un análisis somero de la vida de los Apóstoles antes y después de la venida del Espíritu Santo - antes, llenos de cobardía y falsos temores; después, dispuestos a afrontar todos los poderes de la tierra - nos indica qué oficio representa dentro de la vida de los cristianos y de la Iglesia la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. Resulta claro también en la lectura del Evangelio el papel preponderante que en la vida del alma le asignaba el propio Jesús. Lo que no es tan obvio es como una mujer sin cultura especial, en un siglo de decadencia teológica y de falta de sentido profundo en la piedad cristiana pudo anticiparse casi cien años en la devoción al Espíritu Santo. Su Santidad León XIII mandó que se rezara todos los años la novena al Espíritu Santo la semana anterior a Pentecostés. Santa Joaquina: desde el día de Ja Ascensión hasta el de Pentecostés nos mandaba hacer una novena al Espíritu Santo, para conseguir de El nos comunicase los mismos dones, con los cuales aquel santo día enriqueció a los Apóstoles» NOVENA

Estos dones del Espíritu Santo que son las capacidades receptivas de las gracias de Dios se manifiestan en los Santos de una manera particular y sobresaliente, con lo que conocemos lo alta categoría de su vida cristiana. Usando un ejemplo moderno podríamos decir que por obra de estos dones somos receptores de alta fidelidad. Con ellos y las virtudes que nos .dan el poder de hacer sobrenaturalmente nuestras obras humanas nuestra alma está elevada al plano superior de la vida de Dios. Un análisis más detallado del alma de Santa Joaquina nos llevaría seguramente a ver más claramente la actuación del Espíritu Santo en su alma por medio de las virtudes y los dones, de un modo particular por el Don de Fortaleza, de Consejo y de Piedad. Su triple misión de Fundadora, Superiora y Religiosa manifestaron palpablemente la gracia de Dios, Espíritu Santo. Por otra parte el mismo Espíritu Santo ha querido terminar su labor velando por la expansión del Instituto y asistiendo de un modo especial al Santo Padre Juan XX1I1 al elevar a nuestra Santa al honor de los altares.

d) Un objetivo: La vida divina.

Dios no es puramente el Ser por excelencia del cual todos dependemos en el ser, en el vivir, en el obrar. Dios nos es más conocido. En su infinita condescendencia nos ha explicarlo -revelado- sus secretos de «familia», su Vida intima. La Revelación nos certifica que en Dios hay tres personas. Padre, Hijo y Espíritu Santo y es en estos nombres que empieza nuestra vida cristiana.- «Yo te bautizo en el nombre del Padre del Hijo y de! Espíritu Santo».

Cristo vino al mundo para que fuéramos gloria y alabanza del Padre, para que pudiéramos vivir en el seno de la Santísima Trinidad. Nuestro último fin es Dios y Dios es la Santa e Indivisa Trinidad. Esto es el cielo. Como dice Sor Isabel de la Trinidad, que ya podemos empezar a vivir desde la Tierra. La vida cristiana, la santidad está ya en la auténtica línea de nuestra felicidad. Es por esta razón que el alma cristiana consciente de su destino desemboca en una devoción profunda al gran Misterio. Buena piedra de toque es, de falsas y sensibleras piedades, este Misterio central. Otra vez Dios conducía el alma de Santa Joaquina, que buscaba sinceramente los caminos de Dios. Oigamos la misma testigo presencial tantas veces citado; «La más favorita de sus fiestas fué siempre la de la Santísima Trinidad. Decia que era la que más solemnemente celebraban los cortesanos y bienaventurados del cielo allá en la corte celestial. Quería que nosotros nos uniésemos en Espíritu con aquellas almas dichosas,..» .

Vale la pena notar que la Fiesta de la Santísima Trinidad es en la vida del pueblo cristiano, exceptuando el oriental, una Fiesta poco esplendorosa. Realmente la vida piadosa de Santa Joaquina tiene el sonido (dring) de lo verdaderamente auténtico y genuino

II- LAS CONDICIONES ESENCIALES DE LA VIDA CRISTIANA

a) Disponibilidad.

Dice San Pablo que «nadie puede decir, Jesús es el Señor, sino en el Espíritu Santo» . Todo un tratado de Teología el Tratado de la Gracia nos explica cuidadosamente la necesidad de los auxilios de Dios para que nuestra vida pueda tener un sentido trascendente, sobrenatural. El gran Doctor de la gracia, San Agustín, insiste contra ciertos herejes que ni orar podemos sin el auxilio de Dios. Estos heterodoxos comparaban al alma sin gracia, a un enfermo que no puede sanar sin el auxilio del Médico divino, pero a la vez admitían que el alma podía con sus solas fuerzas llamar -orar- al Médico que podía sanarla. A esto se Ha opuesto siempre la doctrina católica que, a la vez que reconoce agradecida la amplia largueza de gracias con que Dios nos invita a todos a la santidad, hace notar la radical impotencia del hombre para todo acto que tenga referencia a la vida sobrenatural.

Hay, pues, una posición pasiva perfectamente justificada en la colaboración que el alma debe prestar a Dios en el delicado trabajo de su propia santificación. El Santo busca ser el menor obstáculo posible a la acción de Dios. Por esta razón, su gran preocupación es el cumplimiento de la voluntad de Dios. Este anhelo de conformación con la idea que Dios tenga de su propia alma, es lo que caracteriza y condiciona la vida de los santos y aun de los cristianos, cuya condición esencial de vida es el cumplimiento de las voluntades o mandamientos de Dios.

No puede ser Santa Joaquina una excepción, sino todo lo contrario. A lo largode su agitada vida, puede verse su docilidad, conformación y entrega a los caminos de Dios. Además, su vida presenta indudablemente una peculiar condición de disponibilidad quo se manifiesta en la acomodación perfecta a tan diversos estados y circunstancias como fueron los que la Divina Providencia le deparó.

Es esta una de las primeras características que llaman la atención al considerar su vida Ver como Dios Nuestro Señor la llevó por tan inverosímiles caminos por lo que tienen de variados, hacia la consecución de su santidad extraordinaria. Hija de una familia acomodada, esposa amantísima madre de ocho hijos, viuda y religiosa y últimamente Fundadora y Superiora de un Instituto que rápidamente extiende sus dominios por todo el Principado. Como dice nuestro Señor Obispo en la pastoral«Una gran Santa»-, «a les nenes i adolescents, a les donzelles, a les mullers, a les mares, a les vídues, a les que us creieu cridades a la vida religiosa i a les que ja sou al monestir o a l'institut religiós, a vos altres us fem una exhortació ben especial ¡aque teniu totes un mirall ben clar on adreçar les vostres mirades i trobar un modelon apendre...» . Santa Joaquina cumple en todos los lugares y en todas circunstancias los designios que sobre ella tiene Dios Nuestro Señor.

b) Personalidad.

En nuestro tiempo de exacerbación de los personalismos y también, ciertamente, de sana exaltación de los valores humanos, puede aparecer a veces la disponibilidad de la que hablamos, incompatible con un auténtico desarrollo humano.

Pero el Dios de la sobre naturaleza no es distinto del Dios de la Naturaleza. No vale, pues, oponer lo verdadero a lo verdadero. Sólo una menguada inteligencia puede creer que hay incompatibilidad entre la receptividad del que se sabe radicalmente inepto para atravesar el muro de lo simplemente humano y la osadía y la fuerzo de voluntad necesarias para andar por los senderos de Dios. En la cumbre de los héroes, en la selección más precisa de los humanamente completos hay la galería de los santos. Porque, ¿qué es \a personalidad? ¿qué es el hombre? Entre muchas definiciones hay una que es suficiente: El hombre es un ser racional compuesto de alma y cuerpo. La caña pensante de Pascal. Todo lo que tienda a hacerle más racional, a que cumpla más perfectamente su definición esencial, representará sin duda, la exaltación de la persona humana. La personalidad no viene tan determinada por Io diferencial o individual en li sentido de distinto de los demás, como en el “énfasis” - que dirían los ingleses - en lo específicamente humano. La ascética por la que los Santos purificaron su corazón y dominaron sus pasiones es unabuena garantía de su personalidad. Sin duda mucho más que el dejarse crecer la barba o el instaurar la moda de ponerse los zapatos al revés.

Al tratar de la personalidad, sin duda alguna, entroncamos decididamente con el problema de la vocación y el destino de cada persona. Dice Tomás Merton.«Para mí ser santo, significa ser yo mismo”. Nadie pues, puede ser santo si primero no es uno mismo, si no sigue su propia vocación. Pero la vocación - si con este vocablo no designamos puramente lo que se refiere a la elección de estado -es compleja como el hombre y por esto al analizar la vida de Santa Joaquina no podemos trazar con una sola línea estos rasgos constantes de su personalidad a la que ella fué siempre fiel y que constituyen su vocación o, si queremos, sus vocaciones.

La vocación está apoyada en las aptitudes ya corporales, ya espirituales(intelectuales y morales) y también en io-¡ designios más determinados de Dios que se manifiestan esencialmente en la visión clara de determinados problemas y en el deseo sostenido de solucionarlos.
Si queremos, pues, trazar un esbozo de su personalidad quizá resulte claro determinar las tres vocaciones más constantes de su vida que las vemos resurgir siempre y en cada circunstancia en que se encuentra dándole su matiz peculiar.

En primer lugar hay una vocación extraordinaria a la oración. El ejemplo citado de su respuesta a su madre demuestra cuan precozmente esta vocación se desarrolló. AI correr de su vida, sus ansias de consagrarse a Dios, el anhelo frustrado de encerrarse en un monasterio al quedar viuda, su insistencia en la clausura en su Instituto y el prurito de dejar resueltos sus asuntos terrenales son otros tantos datos para trazar su figura de alma de oración.

Puede considerarse también como muy peculiar de Santa Joaquina su vocación ala suprema pureza, a pesar de las apariencias que pueden hacer pensar lo contrario. Sus tristezas en los primeros tiempos del Matrimonio y sobre lodo el ejemplo que fructificó en sus hijos son síntomas reveladores de cuánto representaba para ella de elevación a Dios el anhelo de no ser más que para El en cuerpo y alma.

No obstante, por sobre todas estas vocaciones, a las que su fidelidad por voluntad de Dios, no pudo ser materialmente exacta está su gran corazón. La candad y el amor elevado por la gracia a la suprema virtud social y humana fue una de sus caracteristicas tan distintivas que cualquier carta suya puede servirnos de ejemplo de como desbordaba su corazón en ansia del bien del prójimo, encariño y en afectuosidad. Se conserva -por citar un ejemplo- una preciosa carta en la que nos muestra el gran castigo que proponia a una de sus hijas si no se portaba bien. Le decía que si no se corregía, no la querría tanto como la quería .Fuerte debía ser la amenaza ya que realmente fué suficiente medicina

Por otra parte el ansia por complacer a sus padres y parientes, el gusto por las obras de misericordia, la misma Fundación del Instituto, y su entrañable y vivida devoción a San Francisco de Asís nos podrían dar estupendas noticias, luego de un ligero análisis, de su corazón de esta auténtica vocación de amor.

III. - LOS SILLARES DE LA VIDA CRISTIANA

a) El edificio de la voluntad.

La voluntad que determina el querer, es aquello por lo que el hombre puede ser un santo. No es nuestra pequeña inteligencia la que fascina a Dios. Es esta divina posibilidad de desear, de querer infinitamente, la flecha que hiere su corazón. Ahora bien, el deseo para que no sea veleidad, la santidad para que no sea una farsa requiere un cultivo de virtudes. Es necesario edificar en el corazón una agra-dable morada para Dios con los sillares trabajados a los golpes de cincel de la autoeducación.

Posiblemente que si Santa Joaquina no se hubiera visto en la precisión de tener que formar las almas de sus novicias y de sus hijas careceríamos de noticias precisas acerca de como concebía la edificación de la fortaleza interior. Por suerte no es así. Poseemos un notable número de textos en cartas o otros testimonios verbales aducidos en los procesos de canonización que nos permiten tener una idea de como concebía ella la estrategia del alma. Si se nos permite reducir a unas pocas ideas, procurando no minimizar a la Santa, diré que el cuerpo del "edificio viene representado por tres virtudes: la fortaleza, la humildad y la diligencia o espíritu de trabajo. «Del noviciado vienen los espíritus fuertes humildes, y diligentes» . Esta fortaleza se refiere a lo que también se ha llamado virilidad en oposición a un defecto que se supone más femenino que no masculino, y es la falta de entereza,¡a excesiva sensibilidad, el vano temor. La humildad, fundamento de las virtudes y de la santidad consiste en un saber situarse en el lugar propio sin desazones ni desmayos. La diligencia o espíritu de trabajo era tanto más necesaria cuanto que en aquellos tiempos no se daba al trabajo el valor que una auténtica espiritualidad cristiana debe darle.

Si realmente se salía del noviciado con estos pertrechos podía mirarse el porvenir con optimismo. Sin embargo era posible que esta educación no se lograra por falta de una base, de la suficiente sanidad espiritual y corporal. ¿Cómo puede pensar en ser fuerte una muchacha nerviosa, mal alimentada a la que nada hace provecho más que agitarse sin fin? ¿Qué diligencia puede tener durante el día la persona que por desorden o exceso de imaginación no respeta con firmeza las horas destinadas al descanso? ¿Qué humildad cabe en un alma melancólica, introvertida sin sentido social?. Por esto Santa Joaquina establece los fundamentos del edificio al insistir de un modo continuado en la alegría, signo el más claro de sanidad espiritual y en el orden, en el comer y en el dormir, condiciones indispensables para una salud corporal .

Con esto ya tenemos las paredes maestras fundamentadas sobre la piedra de la salud corporal y espiritual. Sobre esto viene la bóveda de las virtudes que se refieren a la vida cristiana de un modo específico, aunque sean virtudes de la voluntad.

Santa Joaquina quiere que las almas tengan una vida contemplativa. De aquí su insistencia en el ejercicio de la presencia de Dios base de la contemplación.«Nos hablaba muchísimo de la presencia de Dios, y quería que tuviésemos una fe vivísima* nos dicen sus Hijas. Y a continuación insisten; «En todos los trabajos que hacíamos, nos enseñaba el modo de tener !a presencia de Dios Nuestro Señor»

Sus novicias y ella misma habían de ser otra Marta preocupadas por los intereses de Jesús. De «qui el celo por la salvación de las almas. Así aleccionaba a susnovicias. «Nos exhortaba, - nos dice la testigo citada - que cuando estuviésemos en la clase mirásemos a las niñas como un montón de carbón apagado, y que cada una se figurase que Jesús le decía: - Mira este carbón, tú lo has de encender sí queeres darme gloria...»

El claustro, los votos, el hábito, la vida religiosa, en una palabra, fué su centro de atención constante. Ahora bien, el nervio de la vida religiosa por lo que se refiere a la voluntad, es sin duda la obediencia. La vida de Santa Joaquina nos da múltiples ejemplos. Muchos de ellos de heroica conformación. Cuando sus ideas parece que han de ser tergiversadas, altérnelas y quizá su obra destruida, es ella la que previene la rebelión de sus hijas que se deshacían en protestas de amor a ella misma “Hijas, ríndanse y obedezcan; que quien obedece siempre obra bien”

.Ya no queda más que la clave del edificio. En Santa Joaquina, como en todos los santos, la clave de la bóveda es siempre el amor de Dios. «Amadas hijas - escri-bía, - no dormir amemos a Dios sin cesar. Sólo el Señor Criador de cielos y tierra debe ser nuestro descanso y consuelo. Amor, amor y más amor que nunca dice basta».
Así quería Santa Joaquina que fueran sus religiosas y así era ella «terrible, cual escuadrón ordenado en batalla»

b) El método pedagógico

Para lograr este bello edificio de virtudes que acabarnos de describir y que podría ser completado como lo fué en realidad al modo como lo son los edificios de piedra que no están terminados al acabarse las paredes y al cubrir y cerrar las cúpulas, es necesario una educación, una pedagogía, que, conocedora de los fines, conozca también los medios, y así, por estos últimos llegue rápidamente y con seguridad a los primeros. La preocupación por la enseñanza y formación de sus alumnas que es un timbre de gloria para las Hermanas Carmelitas de la Caridad hadado como fruto algunos estudios que ya hemos citado al principio y de los que vamos a tomas la mayor parte de ideas que siguen:

Puede decirse que el método formativo de Santa Joaquina es:
I." Un método activo por cuanto que se preocupa de que la formación se logre por el ejercicio de las virtudes por el mismo formando que ha de ir aprendiendo a través de sus propios esfuerzos y errores.
2.° Un método preventivo, intentando buscar una solución a las dificultades antes de que estas puedan resultar peligrosas o perjudiciales.
3° Un método respetuoso, tanto de la personalidad del educando, contra la cual el educador no tiene ningún derecho, como de la autoridad que a veces, en determinados métodos pedagógicos desequilibrados resulta particularmente conculcada dando origen a estas monstruosidades sociales del tipo del gamberrismo y
4." Un método amoroso. Ya hemos citado algún ejemplo al hablar de las dominantes de su personalidad. Llegó en ésto a verdaderos extremos, sobre todo en la educación de sus novicias y de sus hijos, hasta poder parecer excesivo.

IV. - LOS HOMBRES Y LA HISTORIA EN LA VIDA CRISTIANA

Por vía de apéndice intentaré dar unas ligeras ideas acerca de los aspectos históricos y sociales que se manifiestan en el desarrollo de una vida cristiana concreta como es la de nuestra Santa. Los hombres son fruto de la Historia en múltiples aspectos.

Los hombres influyen en la Historia modificándola más o menos. Y sobre los hombres y la Historia el trazo de Dios providente da el sentido verdadero y autentico a este agitarse del hormiguero humano, que constituye la vida de los pueblos y que pretende ser captado por la investigación histórica

Sin duda alguna, Santa Joaquina fué hija de su siglo con todo lo que de bueno y de malo pueda esto significar. Un estudio de su vida y de su santidad ha de esforzarse en hacer comprender a los hombres actuales lo objetivo e inalterable de su grandeza, purificándola de la ganga en que va envuelta, producto normal de un ambiente que a nuestros ojos nos parece de poca categoría espiritual y aun humana. Es el gran problema de las vidas de los Santos que tantas veces nos parecen ñoñas, incongruentes, faltadas de auténtico calor humano. Los biógrafos deberían tener mayor cuidado cuando de santos se trata, para ambientarlos de acuerdo con la realidad y así tendríamos un retrato más correcto de sus vidas. Quizá también ésto pueda decirse de algunas biografías de Santa Joaquina. ¡Ojalá un buen escritor y biógrafo escribiera una vida de la Santa que no se les cayera de las manos a nuestros cristianos del siglo veinte! Y, puestos a pedir. Creo que sería extremadamente interesante disponer de una vida adaptada a la juventud actual, en la cual se hicieran ver los mecanismos interiores, la forja de la voluntad, la entereza de una vida tan ejemplar para nuestras muchachas que andan buscando siempre los héroes a quien admirar, a quien imitar y a quien someter su inteligencia y su corazón,

Me ha venido al pensamiento con frecuencia la idea de lo que hubiera sido Balmes si viviese en nuestros tiempos de mayor riqueza filosófica y cultural, él que en el desierto más espantoso edificó un oasis tan confortable. De un modo análogo en este despertar del sexo femenino hacia las más nobles y grandes empresas, ¡que compañera más ideal que la mujer fuerte de la Escritura plasmada en este ejemplo vivo de Santa Joaquina!

Si la Historia influyo en Santa Joaquina, sin duda, también Santa Joaquina influyó y sigue influyendo en ella. Es realmente providencial su figura en la conyuntura histórica en que acabábamos de perder los restos de nuestra brillante cultura del siglo de Oro, no gustábamos de la posición teocéntrica y casi teocrática que había sido el fundamento de nuestra unidad patriótica y estábamos enredados en las más inútiles y sangrientas guerras de un siglo de desórdenes. La caridad manifestada en los servicios de los hospitales, el anhelo por la educación de las niñas, la renovación del sentido de la vida religiosa en una mezcla de vida contemplativa y vida activa fueron tres aldabonazos fuertes en la conciencia de nuestro pueblo, que respondió noblemente, dando sus hijas para estos quehaceres, como lo prueba la expansión rápida del Instituto en pocos años.

Es en estas figuras donde palpamos la Providencia de Dios, donde podemos admirar los frutos sazonados de una formación cristiana dada por unos padres nobles de raza y de espíritu. Dios ¡lustra con estas figuras señeras el dogma de la Comunión de los Santos por lo que nuestro celo se aviva. Nos hace ver más clara la verdad de la conservación y el gobierno divino del mundo. Con ello nuestra con-fianza se refuerza y creemos en un porvenir divino. Dios aun es Señor de la Historia.

Con ésto llegamos al final de nuestra humilde aportación. Este trabajo es también fruto de la santidad de Santa Joaquina. La influencia social de los santos es considerable. Por ello la Iglesia no escatima el tiempo en los procesos de canoni-zación, ni cree que sea contribución perdida la que los hombres presten a trabajos de esta índole. En la sociedad cristiana, en la Iglesia, un Santo es un lucero más, no para adorno solamente, sino para repetirnos una vez más que la Iglesia es santa y por ello divina y verdadera. Los Santos nos muestran el camino porque su santidad no es más que la vida cristiana llevada a las últimas consecuencias. Los santos han leído el Evangelio sin glosas y por esto han llegado a la última página. Nosotros tenemos la cabeza llena de comentarios. Nuestra vida es cristiana, pero poco. Falta profundidad, falta grandeza. Que nos quede por lo menos la admiración hacia estos héroes, los Santos, que, sin duda, la admiración es el primer paso hacía la imitación.

viernes 15 de mayo de 2009

SAN SIMÓN STOCK -16 de Mayo

Religioso(1164-1265)
Dos títulos tiene San Simón Stock que le hacen acreedor a nuestra especial atención. El fue, a mediados del siglo XIII, el principal artífice de la presente estructura de la Orden del Carmen, antes puramente eremítica y después asociada a las religiones mendicantes consagradas al apostolado. El es, sobre todo, quien recibíó de la Santísima Virgen el santo escapulario.
 
La vida y la iconografía de este santo inglés va inseparablemente unida con la Virgen del Carmen y su popular escapulario del Carmen.

Parece ha habido alguna confusión al hablar de San Simón Stock. Hoy se ha hecho ya más luz, ya que los críticos han estudiado pacientemente sus datos biográficos. En ellos, más o menos, nos fijamos al recordar su preciosa biografía:

Nació en el Condado de Kent (Inglaterra) por el 1165. Su apellido Stock haría alusión según algunos a su significado en inglés "tronco de árbol" o mejor "hueco en el tronco" donde pasaba el pequeño y joven Simón muchas horas entregado a la oración.

Al llegar los carmelitas a Inglaterra venidos de Oriente y conocer la santa vida que llevaban, pues pronto se extendió su fama por todas partes, pidió ser admitido entre ellos. El joven Simón se entregó de lleno a aquel género de vida y muy pronto fue elegido Superior General de la Orden a la que gobernó durante varios años. Unos dicen que cincuenta, otros que veinte.

Un Santoral del siglo XIV, que recoge las vidas de los primeros Santos Carmelitas, dice de él que viendo que su Orden era duramente atacada por algunos acudía fervorosamente en ayuda de la Virgen María a quien estaba consagrada la Orden. El Cardenal Gasquet, O.S.B. dice que los carmelitas fueron recibidos en Inglaterra "como llovidos del cielo por parte de los laicos, pero no así por los religiosos y sacerdotes que no aceptaban que éstos se llamaran "hermanos de la Virgen María del Monte Carmelo".

San Simón, a quien se le ha llamado "el amado de María", hasta llegó a componer preciosos himnos a la Virgen, Madre de Dios. Precioso es el "Ave stella matutina..." Y cada día recitaba éste que cantan todos los días los carmelitas: "Flor del Carmelo, viña florida, Esplendor del cielo, Virgen Madre. Singular. ¡Oh Madre tierna!, Intacta de hombre; a los carmelitas proteja tu nombre (da privilegios), Estrella del mar".

Dice el Santoral que mientras rezaba este himno "se le apareció la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de Angeles, llevando en sus benditas manos el Escapulario de la Orden, y diciendo estas palabras: «Este será privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno; es decir, el que con él muriese se salvará»".

Desde entonces la devoción del Santo Escapulario empezó a divulgarse por todas partes. Los reyes y príncipes, papas y gentes sencillas se apresuraban a vestir este vestido de la Virgen que fue enriquecido con muchas gracias por los Papas, y por su medio la Virgen María obraba muchos prodigios.

San Simón desarrolló una gran actividad en favor de su Orden. Consiguió el paso de Orden cenobita a mendicante. Retocó la Regla de San Alberto y obró muchos prodigios. Famosos son aquellos dos milagros: la conversión del agua en vino para poder celebrar y la resurrección de un pez ya cocido.

Su culto empezó en Burdeos desde el año 1435 y poco después en Inglaterra e Irlanda hasta extenderse a toda la Orden.

La iconografía del Santo es muy abundante y casi siempre lo presenta de rodillas ante la Virgen María recibiendo de sus manos el santo Escapulario. Sobre todo a partir del siglo XVII ya vino a ser muy popular en todas partes donde había religiosos carmelitas.

Patrono de las ciudades de Aylesford y Burdeos

Protector de su orden(los Carmelitas). Es invocado para evitar pecar y así no caer en la condenación eterna.

Identificativo principal Su mano derecha tiene un lirio símbolo de la pureza y en su mano izquierda el escapulario que le dio la Virgen y un libro

Identificativo secundario aspecto de anciano de barba blanca con el hábito marrón y blanco de la orden

Fecha litúrgica 16 de mayo

Oración

Dios Todopoderoso que suscitaste en san Simón Stock un amor ferviente a la santísima Virgen María bajo su advocación del Carmen, te pedimos que crezca cada vez más en nuestro corazón la devoción a la Madre de tu Hijo y que este amor produzca frutos de salvación. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Cántico de los carmelitas a la Virgen que Simón recitaba diariamente

Flor del Carmelo,
Viña florida,
Esplendor del Cielo,
Virgen Madre.
Singular.

Oh Madre tierna!
Intacta de hombre;
A los carmelitas
Proteja tu nombre,
Estrella del mar.

Milagros

Son famosos dos milagros que Dios por medio de Simón obró:Necesitando vino para celebrar la Santa Misa, no lo tenía por lo que convirtió el agua en vino.Y el otro prodigio que tal vez es más sorprendente: resucitó a un pez que además de haber estado muerto..... había sido cocinado.

Su mensaje

que amemos y suframos por nuestra Orden y Congregación.
que acudamos a María en todas nuestras necesidades.
que merezcamos llamarnos "el amado de María".
que practiquemos las virtudes que simboliza el ESCAPULARIO.

PROMESAS DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN A SAN SIMÓN STOCK 
 
16 de julio de 1251

"El que muere vestido de este Escapulario no sufrirá las penas del fuego eterno". El Escapulario tiene un significado muy profundo para quien lo lleva puesto. Es un riquísimo "Obsequio del Cielo" que nos ha traído la misma Santa Virgen María; y a cada uno le dice así: "Perseverad llevando puesto devotamente el Santo Escapulario, porque es mi Hábito. El hecho de andar vestido de este Hábito mío, significa que estáis continuamente pensando en mí; y que yo, en turno, siempre estoy pensando en vosotros; y ayudándoos en asegurar la vida eterna ".
 

domingo 12 de abril de 2009

Felices Pascuas 2009


Triunfo de la vida


Viene la Magdalena por el sendero,
hay una tumba abierta y un jardinero.
Alguien dice su nombre y la Magdalena
siente que se terminan todas sus penas.


Este es el triunfo lindo,muerte vencida,
triunfo de Dios y el hombretriunfó la vida.

Juan y Pedro corriendo hacia su gente
llevan la gran noticia del Dios viviente.
Venga Tomás y toque llagas y heridas,
créale a los demás, crea en la vida.


Hacia Emaús conversan los dos vecinos,
mientras se acerca a ellos un peregrino.
Cuando se parte el pan, anochecido,
hay un Cristo viviente reconocido.


Larga noche sin pesca y los pescadores
echan redes cansadas de sus labores,
Qué cantidad de peces, cruje la quilla,
es el Resucitado, que está en la orilla.