sábado, 7 de febrero de 2009

"Iconografía y Arte Carmelitano" San Juan de la Cruz

CUATRO IMÁGENES DE LA ICONOGRAFÍA CARMELITANA
4ª imagen: San Juan de la Cruz

La intensa actividad desarrollada por San Juan de la Cruz en tierras andaluzas vincula de forma singular su persona y su obra con la historia y la cultura de Andalucía, por eso no es de extrañar que a lo largo de su geografía, es raro el convento Carmelita que no tenga una obra que lo represente, a pesar de que sus biógrafos nos cuenten que San Juan mientras vivió se opusiera a ser representado.

Los iconógrafos que se han ocupado de la figura de San Juan de la Cruz han señalado, de manera unánime, como su atributo más significativo la Cruz; junto a ésta pueden aparecer otros, tales como los libros, la calavera, la Paloma del Espíritu y las azucenas (14).

En cuanto a los rasgos físicos, escribe de él fray Andrés de Jesús María (15) "... que era de estatura entre mediana y pequeña, bien trabado y proporcionado el cuerpo, aunque flaco por la mucha y rigurosa penitencia que hacía. El rostro de color trigueño, algo macilento, más redondo que largo, calva venerable, con un poco de cabello delante. La frente ancha y espaciosa; los ojos, negros con mirar suave; cejas bien distintas y formadas; nariz igual, que tiraba un poco a aguileña; la boca y los labios, con todo lo demás del cuerpo, en debida proporción. Era todo su aspecto grave, apacible y sobre manera modesto...".

Vestía hábito oscuro y capa blanca corta propia del Carmelo Descalzo; aunque con respecto a la vestimenta, algunas de sus representaciones escultóricas barrocas le realizan el hábito al gusto de la época, ejemplo de ello es la escultura policromada que se encuentra en la iglesia de San José del Carmen (Las Teresas) de Sevilla, un anónimo del segundo tercio del s. XVII , que hemos querido traer aquí por la policromía del hábito que presenta una cuidada estofa con profusión de dorados en sus motivos vegetales, iluminándose este estofado por el picado de lustre; y además, por la propia escultura, ya que la podemos considerar una de las representaciones más delicadas del Santo, y entre las andaluzas, la que mejor plasma su carácter místico (16). La atención centrada en el rostro de carnaciones en mate (lo que permite la insistencia de pinceladas, transparencias y blandura cromática, para representar venas, sombras y el difuminado de los tonos medios), que acentúan sus facciones enjutas y los músculos tensos; está sorprendido en éxtasis, absorto en su contemplación visionaria. En una mano la pluma (desaparecida de la imagen) y en la otra el libro abierto sobre el que se apoya la Cruz con su calvario. Llama la atención las líneas compositivas que abundan en la idea de la Cruz (el escapulario marca la vertical y las manos la horizontal).

No queremos acabar este breve repaso a los pilares de la iconografía carmelitana sin mencionar otros temas que fueron también de importantísima significación para la Orden. Entre ellos citaremos El Crucificado: en el tiempo en que se desarrolló la teología de la Contrarreforma, tema clave fue la iconografía de Jesucristo. La contemplación de la Humanidad del Hijo de Dios, con sus llagas sangrantes y su sufrimiento, conmoverán a una gran devoción; este es el caso de Santa Teresa ante el Ecce Homo, y San Juan de la Cruz ante la pasión del Señor, tema muy presente y constante en su espiritualidad.

Hay que citar también la figura de San José, debido a la trascendencia que en esta época adquiere la infancia de Jesús y que contribuirá a la exaltación de sus padres. La figura de San José adquiere ahora gran importancia siempre en su relación con el Niño.
La iconografía del Niño Jesús será retomada a partir de la Contrarreforma como exaltación de la humanidad de Cristo. Sus representaciones serán fundamentalmente dos: Niños Jesús de gloria y Niños Jesús de Pasión. El Niño Jesús será uno de los temas más divulgados gracias a la labor de Santa Teresa de Jesús y su Orden, tanto en sus escritos como en la propagación de imágenes, encontrando gran cantidad de ellas en los conventos.

En las devociones carmelitanas es práctica habitual la pareja formada por San Elías y San Juan el Bautista. Su relación está basada en que ambos son precursores: Elías de Juan, y éste de Cristo.
Concluiremos con el tema de Santa Ana, que como madre de María se convierte en uno de los temas predilectos del Barroco; y muy relacionada con la Orden del Carmelo, ya que según algunas crónicas de la Orden se apareció a un grupo de carmelitas en los primeros tiempos (17).
M.ª Dolores Mármol Marín

NOTAS
(14) M.ª Teresa Dabrío en Catálogo Exposición Iconografía..., p. 78.
(15) Menéndez y Pelayo: "De la Poesía Mística", en Estudios de crítica literaria, 1.ª serie. Madrid, 1884.
(16) Alberto Villar Mobellán en Catálogo Exposición Iconografía..., p. 48.
(17) M.ª Dolores Díaz Vaquero en Catálogo Exposición Iconografía..., p. 132

4 comentarios:

luispdzp dijo...

Hola hermanita:

Pasando por aca para enriquecerme espiritualmente de las historias de los carmelitas y en especial de San Juan de la Cruz.

Dios te cuide.

P.D: Espero que hayas llegado bien a Estados Unidos.

Nora dijo...

Hola Amiga!!
La coincidencia hace que deje aquí un comentario similar al que acabo de hacer en el blog de Hada Saltarina.
Has observado que la forma de mirar de los santos se dirigen no hacia el cielo sino al tercer ojo?
Un abrazo despues de un largo tiempo!!
Nora

MAITE dijo...

Hola, acabo de descubrir tu blog . muchas gracias porque ha llegado directo a mi corazón. saludos.

DE LA MANO DE TERESA DE JESUS dijo...

Hola Luis, muchas gracias por tu comentario. Un abrazo grande Nora y bienvenida Maite!! Que los santos del CArmelo los bendigan a todos.Teresa