domingo, 10 de agosto de 2008

San Juan de la Cruz, canta la hermosura de Dios

San Juan de la Cruz es el cantor del alma enamorada de Dios. Sólo el amor tiene la fuerza para arrancarnos de nuestro suelo duro y raquítico; es el amor que nos hace “salir” “estando ya nuestra casa sosegada” de los bienes materiales y de los afectos desordenados que “cansan, atormentan, oscurecen, ensucian y enflaquecen” nuestra voluntad y ciegan nuestro entendimiento.

Juan de la Cruz con sus versos canta la hermosura de Dios derramada en la creación. Los cielos y la tierra proclaman la gloria de Dios, porque grandes y maravillosas son sus obras.

Al principio del tiempo todas las cosas fueron “plantadas por la mano del Amado” y con su mirada todo lo creado fue embellecido:

“Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de su hermosura” ( CB 5 ).

“El mirarlas mucho buenas era hacerlas mucho buenas en el Verbo, su Hijo”. Pero no se conformó con darles el ser natural, “mas también con sola esta figura de su Hijo las dejó vestidas de hermosura, comunicándoles el ser sobrenatural; lo cual fue cuando se hizo hombre, ensalzándole en hermosura de Dios”( CB 5, 4 ).

Así afirma con gran solemnidad que la Encarnación del Hijo de Dios y su resurrección “no solamente hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podremos decir que del todo las dejó vestidas de hermosura y dignidad”.

Al crear, “vio dios que todo era bueno” y con su mirada embelleció la creación. Y con la encarnación del Verbo cada hombre y cada mujer han sido “vestidos” de la “hermosura” de Dios. Y cada persona se debe mirar con la misma mirada con que Dios la miró al crearla y redimirla.

Amar es contemplarse con la misma mirada con que Dios nos amó al crearnos. Vivir es aprender a mirar como Dios nos mira, admirando toda la “gracia y hermosura” que ha dejado en mi y en los demás. Porque “el mirar de Dios es amar”.

La mirada de Dios cuatro bienes hace a la persona: limpiarla, agraciarla, enriquecerla y alumbrarla; “así como el sol cuando envía sus rayos, que enjuga y calienta y hermosea y resplandece”. Así nos mira Dios después que nos ha agraciado con sus dones, ya “nunca más se acuerda de la fealdad y pecado que antes tenía….Y así, habiéndole quitado una vez este pecado y fealdad, nunca más le da en cara con ella, ni, por eso, le deja de hacer más mercedes, pues él no juzga dos veces una cosa”.

Pero el alma sí debe recordarlos por tres cosas: “-para tener siempre ocasión de no presumir”; “-para tener materia de siempre agradecer”; “-para que le sirva de más confiar para más recibir; porque si, estando en pecado, recibió de Dios tanto bien, puesta en amor de Dios y fuera de pecado, ¡cuánto mayores mercedes podrá esperar!” ( B 33, 1 ).

Cuando uno recuerda su pasado, se da cuenta que no merecía la mirada Dios, por esta razón se atreve a decir con san Juan de la Cruz:

“No quieras despreciarme, que, si color moreno en mí hallaste, ya bien puedes mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura en mí dejaste” ( CB 33 ).

Así está la persona humana delante de Dios “engrandecida, honrada y hermoseada”. Y como Dios está “enamorado de su hermosura…. Siempre le va comunicando más amor y gracia”; de esta manera se puede ir “enamorando” más de ella.

San Juan de la Cruz nos enseña a contemplar el mundo y a los hombres como Dios los mira: descubriendo siempre lo bello, lo positivo, lo bueno que hay en mí y en los demás. “El amor disculpa siempre”, aguanta y tolera lo menos bello y negativo que también hay en uno y en los demás.

A fuerza de mirar como Dios nos mira le descubrimos a El en todo y en todos; en la creación y en cada uno de los hermanos porque “yéndolos mirando..., vestidos los dejó de su hermosura”.

Saborear y gustar el amor con que Dios nos mira nos reconcilia con nuestro lado oscuro, con todas nuestras sombras y con toda nuestra historia. Sólo la Llama de amor sana y “tiernamente hiere”.

“El mirar de Dios es amar y hacer mercedes” (CB 19, 6 ). Es una mirada creadora y embellecedora, de la creación y de la persona, antes y después del pecado.

Conocer a Dios es “re-conocer” la huella maravillosa, profunda que ha dejado en las criaturas. La cúspide de la creación es el hombre “hermosísima y acabada imagen de Dios” ( 1S 9, 1 ).

Fr. Antonio Ribas, o.c.d.

2 comentarios:

María del Carmen dijo...

QUE HERMOSO VISITAR SU BLOG, QUE BELLEZA DE PALABRAS Y VUESTRO SERVIVIO IMPECABLE, DOY POR ELLO GRACIAS AL SEÑOR.

LES INVITOA RETIRR DE MI BLOG

WWW.LASTECETASDELAABUELAMATILDE.BLOGSPOT.COM

EL OBSEQUIO QUE HE DEJADO COMO SIMBOLO DE AMISTAD Y UNIÓN.

RETIRAR EL MIEMO , EN EL MARGEN DEL BLOG
DÓNDE DICE RERGALO PARA QUIÉNES...

ES EL MATE Y ...


SPERO QUE LO DISFRUTEN COMO SIMBOLO DE AMISTAD SINCERA Y EN UNIÓN AL AMOR DIVINO.
LES SALUDA MARY CARMEN

DE LA MANO DE TERESA DE JESUS dijo...

Gracias Maria del CArmen por tus regalitos, especialmente por tu amistad.

QUe Dios te bendiga, Teresa