jueves, 8 de mayo de 2008

Santa Teresa de Jesús y la Samaritana

Escuchamos la experiencia de Teresa de Jesús, este evangelio fue particularmente significativo en su vida. A ella se le concedió encontrarse con el agua de su propio pozo, el agua que nace del manantial interior -Dios- que es el agua viva. "¡Oh, cuantas veces me acuerdo del agua viva de la que le hablo el Señor a la Samaritana!, y así soy muy aficionada a aquel Evangelio; y es así, cierto, que sin entender como ahora este bien, desde muy niña lo era (aficionada a ese Evangelio) y suplicaba muchas veces al Señor que me diera aquella agua, y la tenía dibujada (la imagen) adonde estaba siempre, con este letrero, de cuando el Señor llegó al pozo: "Señor, dame de esa agua" (V 30,19)

"Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! Porque el alma entiende su gran valor, y aunque es sed penosísima que fatiga, trae consigo la misma satisfacción con que se mata aquella sed, de manera que es una sed que no ahoga sino a las cosas terrenas, antes la llena de manera que, cuando Dios la satisface, el mayor regalo que puede hacer al alma es dejarla con la misma necesidad, y mayor queda siempre de tornar a beber esta agua" (C19, 2).

La persona que se acerca a Jesús y experimenta su amistad y su entrega, queda prendada de su amor fiel y misericordioso, se despiertan en ella capacidades de amar desconocidas, su vida toma un nuevo camino y ya no tiene vuelta atrás. "Mas vease como una persona colgada, que no asienta en cosa de la tierra, ni al cielo puede subir; abrasada con esta sed, y no puede llegar al agua; y que con ninguna se le quitaría, ni quiere que se le quite, si no es con la que dijo nuestro Señor a la Samaritana, y eso no se lo dan". (M 6, 11,5)

Teresa ha bebido en la Fuente de la Vida, su amor se ha hecho abierto, universal; nos invita a coger agua de la fuente para repartirla. El amor crece cuando se reparte. "El matrimonio espiritual es como agua cayendo del cielo en un río o fuente, adonde queda todo hecho agua, y no podrán ya dividir ni separar cuál es el agua del río, o lo que cayó del cielo" (M7, 2,4)

"Aquí se dan las aguas a esta cierva, que va herida, en abundancia. Aquí se deleita en el tabernáculo de Dios. Aquí halla la paloma que envió Noé a ver si era acabada la tempestad, la oliva, por señal que ha hallado tierra firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo. ¡Oh Jesús! Y ¡quién supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma! (M 7, 313). ¡Oh almas bienaventuradas!... pues estáis tan cerca de la fuente; coged agua para los que acá perecemos de sed" (E 13,4).

Teresa nos anima a llegar a la fuente, a Jesús, a descansar en él nuestro fatigado corazón. Él es El Amigo Verdadero, que nos enseña a habitar nuestro pozo, donde vive la Trinidad. "Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que la hizo, y la tierra, y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo" (C 28,5).

La búsqueda de Dios es apasionada, gozosa; florece en los que están enamorados de un Dios que nos ha tocado el corazón con su hermosura. Si no estamos así de enamorados, digamos al menos, que nos gustaría estarlo para buscar a Dios como "busca la cierva las corrientes de agua".

3 comentarios:

Laub dijo...

Hoy quiero decir en comunión junto a ustedes y a Teresa de Jesús: Señor, dame de beber de tu agua viva. Tengo sed de amor y compasión y solo tu puedes saciarme. Dios les guarde. Un abrazo.

lojeda dijo...

Amiga, te he dejado un pequeño desafío en mi blog. Pásate si quieres a recoger el meme.
Un abrazo

DE LA MANO DE TERESA DE JESUS dijo...

Laura, que el Señor te regale esa agua en abundancia.

Lojeda, gracias por el desafio.

Un abrazo Teresa