miércoles, 30 de abril de 2008

Comentario del Evangelio San Marcos 3,13-19 por Santa Teresa del Niño Jesús : El misterio de la vocación

Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. Mc. 3,13-19



No voy a hacer otra cosa sino: comenzar a cantar lo que he de repetir eternamente -¡¡¡las misericordias del Señor!!! (cf Sal 88,1)...Abriendo el Santo Evangelio, mis ojos han topado con estas palabras: “habiendo subido Jesús a un monte, llamó a sí a los que quiso; y ellos acudieron a él.” (Mc 3,13) He aquí, en verdad, el misterio de mi vocación, de toda mi vida, y el misterio, sobre todo, de los privilegios que Jesús ha dispensado a mi alma... El no llama a los que son dignos, sino a los que le place, o como dice san Pablo: “Dios tiene compasión de quien quiere y usa de misericordia con quien quiere ser misericordioso. No es, pues, obra ni del que quiere ni del que corre, sino de Dios, que usa de misericordia.” (Rm 9,15-16)

Durante mucho tiempo estuve preguntándome a mí misma por qué Dios tenía preferencias, por qué no todas las almas recibían las gracias con igual medida. Me maravillaba al verle prodigar favores extraordinarios a santos que le habían ofendido, como san Pablo, san Agustín, y a los que él forzaba, por decirlo así, a recibir sus gracias; o bien, al leer la vida de los santos a los que nuestro Señor se complació en acariciar desde la cuna hasta el sepulcro, apartando de su camino todo lo que pudiera serles obstáculo para elevarse a él... Jesús se dignó instruirme acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza, y comprendí que todas las flores creadas por él son bellas, que el brillo de la rosa y la blancura de la azucena no le quitan a la diminuta violeta su aroma ni a la margarita su encantadora sencillez...Jesús ha querido crear santos grandes, que pueden compararse a las azucenas y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de contentarse con ser margaritas o violetas, destinadas a recrearle los ojos a Dios cuando mira al suelo. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos.
P. Juan Alarcón Cámara S.J.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Q. comentario tan bonito. Invita a reflexionar y puede ser 1 buen antídoto contra celos y envidia y recuerda q. el ansia de justicia humana no es la misma q. la del de arriba.

Mary dijo...

Como siempre paso pòr aca y aprendo y reflexiono.

Un beso ne el amor de Jesús.

DE LA MANO DE TERESA DE JESUS dijo...

Gracias anonimo que Dios te bendiga.

Hola Mary me encanta que pases por aca, una rosa de Santa Teresita para vos.

Teresa

antonio valentin dijo...

Dios les bendiga mucho : me a enriquecido en la palabra reflextiva pues es realmente la manifestacion de Dios en cada ser humano en detalles especiales de un llamado divino a una vocacion exersa de no importar en que nivel estemos sirviendo, somos necesarios para los unos a los otros como un cuerpo unido en todas sus conyonturas en esta koinonia y santa vocacion divina donde Dios se alegra de sus hijos hacer su labor con gozo y esperanza en un agape perfecto.